El Libro de Tomasín #1 – newsletter extraña

Hasta hace unos 8000 años un puente de tierra firme conocido como Doggerland unía lo que ahora son las islas británicas y Europa continental. La gente iba y venía de un sitio a otro con la misma facilidad con la que ahora vamos de Lisboa a Bucarest, pero sin que existiera el motor de combustión interna. O sea, que en realidad no iban mucho, pero no porque no pudieran, sino por pereza. Doggerland desapareció bajo las aguas debido a una combinación de cambio climático y un tsunami gigante que se produjo al derrumbarse una gran sección de la plataforma continental próxima a Noruega[1].

De forma similar, hace dos años que el puente entre la tierra y la maravilla, Mundo Extraño, se derrumbó por imperativo comercial. Igual que ocurrió con los protobritánicos –de los cuales descubrimos hace unas semanas que al menos algunos eran morenos con los ojos azules gracias al análisis del ADN de ¡Cheddar Man!-, la conexión entre las dos tierras no fue cercenada por completo, sino que de vez en cuando se han llevado a cabo intercambios de conocimiento e intentos civilizatorios entre ambas partes. A diferencia de los británicos, Mundo Extraño ha intentado prescindir del imperialismo genocida como forma de difusión cultural.

Pero se da la circunstancia de que la velocidad de aparición de la maravilla no deja de aumentar. Como también crece el número de falsos profetas[2] que ofrecen el equivalente espiritual a las preferentes: calorías vacías, fuego y espectáculo sin sustancia, metáforas mezcladas hasta la confusión, como todo este párrafo.

Es necesario, pues, alguien o algo que separe el grano de la paja y que cure[3] la maravilla. Por eso, y cummpliendo una de las tradiciones más queridas de esta casa, llevamos a cabo la refundación en una nueva forma. Y esta vez toca ¡carta semanal!

Volvemos como vuelve la gente de la turba, que surge de los antiguos pantanos más viva que los becarios de investigación que la desentierra. Regresamos como un diosecillo neolítico en Siberia, como un macrovirus en Siberia o como el mercurio atrapado bajo el hielo en Siberia. Reaparecemos a trozos como un tiburón en un pantano extremeño o como un extremeño tras ser usado en un ritual de invocación. Nos retorcemos como el cuerpo preinerte de un practicante de salto base en un día de viento.

Reentramos en la atmósfera terrestre a lomos de un cerdo vietnamita asalvajado y el olorcillo a pelo quemado nos recuerda, os recuerda, que estamos vivos.

No mentimos: es probable que esto dure mes y medio, pero ya es más del tiempo que necesitaron los miembros la expedición Donner para empezar a comer cadáveres. No descartamos ningún desenlace.


[1] Una ventaja indudable de hablar de cataclismos remotos es que en aquella época había mucha menos gente en la Tierra, y además no los conocemos, por lo que puede uno centrarse en los detalles geológicos  y las imágenes espectaculares sin pasarlo mal pensando en ciudades arrasadas y miles de personas desaparecidas bajo el mar.

[2] De esto hablaremos más en próximas cartas.

[3] Nos vale el sentido médico, museístico o jamonero del término.

Looney Tunes / Policías Polis

Vaya por delante que en esta casa estamos a favor del bien y en contra del mal. Preferencias que solo son superadas por nuestra querencia por la risa. Así que nos mostramos nuestro apoyo decidido a todo lo que ha llevado a que haya policías nacionales durmiendo en este barco.

El barco de los policías polis

Esto ya daría para unas risas: los polis se alojan en un barco con Piolín y Silvestre en el costado. Pero no solo están en el costado.

En la pizzería está Silvestre. Pero la pizzería no funciona porque nadie abastece el barco.

Bugs Bunny te mira comer antes de que vayas a un registro ilegal.

Puedes relajarte en la piscina de bolas cuando vuelvas a tu casa flotante tras un día atrapado en un edificio oficial. Aprovecha, que no vas a tener vacaciones en un tiempo.

En efecto, todo el barco está decorado con motivos de dibujos mucho más animados que los policías que desayunan peor que en una cafetería universitaria porque los estibadores no les abastecen.

¡Alístate y verás mundo, decían!

¡Por favor, que no termine nunca esta aventura marinopolicial!

Froilán se enfrenta al sistema

 

Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, cuarto (de momento) en la sucesión al trono de España, acalla los rumores que lo pintan como un aristócrata engreído y se presenta a su primer día de “universidad” sin mochila, bolígrafo ni cuaderno, en lo que no puede ser otra cosa que una protesta contra el peso que deben cargar los escolares habitualmente. Bien por él.

Madrid, septiembre de 2017.

Ford lleva el transhumanismo más allá

Muchas personas sueñan con vivir en la vanguardia de la humanidad, en ser los primeros que se convierten en hombres-máquina, en seres superiores capaces de pensar a la velocidad de la luz, almacenar infinidad de datos útiles, saborear el viento, ver más allá del horizonte con ojos mecánicos y, por qué no, quedarse colgados tras la instalación de un driver poco trabajado.

¿Hemos dicho driver? Vaya, qué casualidad: un conductor es exactamente el que ha experimentado lo que Ford, la empresa de los coches, entiende por fusión entre carne y metal. Esto es, disfrazar a un (sin duda brillante) ingeniero de asiento de coche y hacer que se sienta uno con la máquina que tiene debajo (y alrededor) de su cuerpo. Nos quitamos el reposacabezas sombrero.

En este artículo explican los motivos, que aparentemente son diferentes a los que nosotros pensamos. No se puede acertar siempre.

Monte en barco, atraiga el rayo

Una de las más comunes* fantasías de evasión es la de hacerse marinero y surcar los mares. Es verdad que cuando se lanza uno a una elaborada fantasía de libertad oceánica se piensa más en buscar el horizonte desde la cofa de estilizados veleros, clippers si uno es un amante de lo tradicional, que en limpiar la grasa de un pesado carguero lleno hasta los topes de osos de peluche y zapatillas fabricadas en dudosas condiciones.

Mundo Extraño viene a cambiar eso, usando para ello la ayuda de la naturaleza. ¿Qué pasaría si te dijéramos que al surcar el mar en un súpercarguero estarás contribuyendo a que CAIGAN RAYOS DEL CIELO? Cambia la cosa, ¿verdad? De grumete malpagado a, prácticamente, dios de la tormenta. Malpagado. Pero dios de la tormenta.

¿Qué de dónde nos hemos sacado esto? ¿Cómo sabes que no nos lo estamos inventando? Por favor, en Mundo Extraño nunca haríamos nada para enviar a nuestros lectores a surcar los mares sin algo de apoyo bibliográfico. En este caso, tenemos un artículo publicado en Geophysical Research Letters (pdf, aquí un resumen más comprensible).

Arriba, la cantidad de rayos por año y kilómetro cuadrado. Abajo, las emisiones de partículas de hasta 2.5 mm (del artículo citado).

Resulta que los barcos, como todos los vehículos a motor, contaminan. Emiten multitud de partículas que pasan al mar y a la atmósfera. Partículas que son muy pequeñas, más que el polvo, por lo que suben más alto y contribuyen a la formación de cristales de hielo. Estos cristales se frotan unos con otros y ¡pum! chispazos.

Efectivamente, solo te convertirás en un dios del rayo y el trueno con la intermediación de la contaminación. Pero mira, algo es algo.

Aparte de ofrecer posibilidades de trascender mediante duro y alienante trabajo, el estudio este que enlazamos sirve también para demostrar que el enmierdamiento del planeta prosigue a buen ritmo, con espectaculares consecuencias.

 

 

 

*O quizá sea cosa nuestra, que somos de secano.

Tragedia en el boloencierro

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Ojalá poder escribir este texto sin usar otra palabra que “boloencierro”. BO LO EN CIE RRO B O L O E N C I E R R O
B
O
L
O
E
N
C
I
E
R
R
O

Se te llena la boca a la vez que el alma, lloras de alegría al contemplar la esférica belleza que cumple por fin el sueño de tantos profesores de física, de tantos amantes de los animales y la simplicidad geométrica.

Por desgracia, el llanto es, en esta ocasión, serio: dos personas han sido heridas en un BOLOENCIERRO en la localidad pionera de semejante festejo. Festejo que surgió en un contexto de crisis económica, pero no de ideas: se sustituyó a la tradicional y cara vaquilla, toro, bóvido desconcertado y moderadamente furioso que persigue a la muchachada local, por una serie de bolas de 300 kilos que cumplirían la misma función, pero con menos sufrimiento animal y gasto económico.

No sabemos si alguien manifestó en algún momento alguna reserva hacia el renovado festejo y las letales posibilidades del BOLOENCIERRO pero, desde luego, poco caso le hicieron.

Esperamos ansiosos la recuperación de los heridos, así como las nuevas medidas de seguridad del BOLOENCIERRO. Sugerimos, como primera aproximación, que le añadan unas cuantas aristas a la bola, que la hagan menos esférica. Más vacuna.

 

 

Tonada de agua y fuego

Todo el mundo está al tanto de que el huracán Harvey ha hundido parte de Texas bajo las aguas y la absoluta y voluntaria inoperancia del Gobierno estadounidense (ahora y siempre) ha hecho que lo que en cualquier lugar sería una tremenda catástrofe se convierta, para decenas de miles de personas, en un drama que no se resolverá en años, si es que se resuelve. Mientras esperamos que este tipo de cosas ocurran con mucha más frecuencia en un contexto de cambio climático.

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Esta pinta tiene lo de Harvey.

Quizá menos gente conozca a las hormigas de fuego, una variedad de hormiga de gran tamaño que, aunque normalmente no es agresiva, puede provocar irritaciones muy molestas (y a veces letales) si te acercas demasiado a su pandilla. La expansión de estas hormigas, dicho sea de paso, puede acelerarse también con el aumento de las temperaturas.

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Esta pinta tienen varias hormigas de fuego de diverso tipo.

Sabemos que nuestros lectores aprecian que no llamemos a engaño ni hagamos filigranas dialécticas y narrativas. Que seamos previsibles, incluso aburridos y repartamos maravilla a domicilio con la misma fiabilidad con que el agua sale del grifo y los recibos son cargados a su cuenta corriente.

Así que nadie se sorprenderá de que la siguiente imagen sea de miles de hormigas de fuego montadas en balsas hechas de los cadáveres de sus congéneres, surcando la crecida de los ríos de Houston y aterrorizando a los que navegan las mismas aguas en busca de refugio, amigos o familiares.

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Todo eso son hormigas que flotan y pican.

Obviamente, y dado que estamos hablando de Texas, la gente ya ha intentado quemarlas y destruirlas por diferentes medios, aunque las autoridades competentes aconsejan no acercarse y, en caso de duda, usar detergente para matarlas.

Esperamos ansiosos las imágenes de survivalistas usando sopletes y gasolina desde barcas hinchables para acabar con las hormigas. Y siendo devorados por caimanes desplazados por la inundación.