Imagen

Sarah L. Winchester (1837 – 1922) fue la esposa y heredera de William W. Winchester, propietario de una próspera empresa familiar que le había hecho rico: La Winchester Repeating Arms Co.

Lo interesante de su vida comienza al enviudar en 1881, momento en el que hereda el 50% de Winchester RA Co. y empieza a ingresar unos 1.000 dólares diarios (17.000€ aprox a día de hoy). En algún punto entre esa fecha y 1884, la cabeza de Sarah goes maracas y empieza a creer que su familia está maldita por las almas de todos los que murieron por rifles Winchester. Aparecen entonces numerosos espiritistas, mediums y demás oportunistas con la intención de hacer dinero gracias a la coyuntura.

En ese contexto llegamos a 1886, año en el que compra una pequeña granja en California. Convencida de que la granja se iba a convertir en una casa encantada (y que los espíritus la matarían), decidió poner en marcha un plan infalible: no terminar NUNCA la casa. Durante 38 años mantuvo obras 24 horas al día todos y cada uno de los días del año (excepto una pausa a consecuencia del terremoto de San Francisco en 1906). La construcción se llevó a cabo improvisando órdenes, sin plan de obra y con una fijación obsesiva por el número 13.

Un sueño húmedo de boom del ladrillo alimentado por la paranoia de una mujer multimillonaria. El resultado es la famosa Mansión Winchester, llena de extravagancias como escaleras que no llevan a ningún sitio o ventanas dentro de la propia casa.

Maravillados ante esta historia de proyectos inconclusos, dedicaremos el fin de semana a buscar nuevas historias que traerles.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *