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Un millón y medio de globos: Caos

En algún momento, a alguien le pareció una buena idea soltar un millón y medio de globos en Cleveland, Ohio. La -mala- idea era batir el récord del mundo de más globos molestando a la vez en una misma comarca, o algo así. Para recaudar fondos para algo. No tiene el menor interés, la verdad. Lo interesante, aparte de las preciosas fotos (justo es reconocerlo), son las consecuencias: una pista de aeropuerto cerrada, unos pescadores a punto de ahogarse, debido a las dificultades de los guardacostas para ver a través de los globos, CABALLOS DE CARRERAS ASUSTADOS… Para más información, de primera mano en este caso, aquí hay un chat con el que organizó el pifostio.

Cleveland, 1986.

Un millón y medio de globos: Caos

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“Su padre lo vendió [al circo] por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria”.

El padre de Agustín Luengo querría haber sacado 200 reales por su hijo. Quizá menos que eso le parecía poco, sobre todo si tenemos en cuenta los gastos en que había tenido que incurrir para adaptar su pequeña morada a las dimensiones de su gigantesco vástago. Pero, en fin, se quitó un gran problema del medio, y a Agustín tampoco le pareció mal: iba a viajar con gente pintoresca.

Para una persona nacida en la Puebla de Alcocer (capitalilla de la Siberia extremeña. Se pueden hacer una idea) a mediados del siglo XIX, la posibilidad de salir del pueblo y conocer gente nueva era muy atractiva, midieras un metro sesenta o dos treinta y cinco. Más aún si, como parece, su principal interés era enamorarse -tal cual- y formar una familia, cosa que era difícil en un pueblo tan pequeño. Quizá pensó que en el ancho mundo alguien habría a quien no le importara que fuera un fenómeno de la naturaleza.

En el circo tenía un espectáculo consistente en esconder un pan de un kilo en la mano. Sencillo, pero eficaz. Y allí conoció al rey Alfonso XII, que le regaló unas botas de su talla. Su aventura circense terminó cuando el doctor Pedro González Velasco, nacido en Portugal, le compró su cuerpo, con la condición de que se trasladase a Madrid. Esto proporcionó a Agustín una asignación diaria, que se gastó en, básicamente, vicios varios, ante la desaprobación del doctor, que veía cómo SU cuerpo se degradaba. Él sabía que el gigante no duraría mucho, debido a la acromegalia que sufría, pero tampoco quería que el cuerpo que pretendía exponer estuviera destrozado por el alcohol o las enfermedades venéreas. Justo es decir que todo el negocio se basaba, como suele ocurrir, en una situación de partida asimétrica: el pago se haría diariamente, además de una cantidad fija para los herederos de Agustín. Esto al gigante le pareció ideal, pero el médico contaba con la temprana muerte de su sujeto, para ahorrar todo lo posible. Pero tenía que ser una muerte lo más pacífica posible, sin deterioro previo. No fue así.

La situación empeoró debido a una tuberculosis ósea, cuyo dolor solo calmaba un bebedizo a base de cornezuelo, que provocaba alucinaciones a Agustín, además de hacerle perder el juicio y el control, hasta el punto de que en alguna ocasión se le vio intentando copular con el quicio de una puerta.

El esperado desenlace tuvo lugar cuando Agustín tenía veintiocho años: murió de repente a causa de un colapso, en medio de la calle. Cuando el doctor Velasco se enteró, se apresuró a hacer un molde en yeso de su cuerpo, además de diseccionarlo y prepararlo para exposición. Sin embargo, el cuerpo había empezado a pudrirse -pasaron varios días-, por lo que no fue posible embalsamarlo, como había querido Velasco. Tuvo que conformarse con exponer el esqueleto, que está, junto con el molde, en el Museo Nacional de Antropología. El resto del cuerpo -piel, carne, pelo, que fueron retirados para dejar limpio el esqueleto- no se sabe dónde acabó.

Nos tememos que no hay una moraleja edificante que obtener de esta trágica historia, por lo que solo podemos dar un consejo a nuestros lectores: no vendan -al menos, literalmente- su cuerpo a médicos portugueses.

Mundo Extraño vuelve el lunes que viene.

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Resucitan por clonación al bucardo, extinguido tres años antes

Hacía tiempo que no les traíamos mad science de la buena. En este caso se refiere a unos hechos ocurridos en 2003 y de los cuales tenemos ahora noticia.

El bucardo era una subespecie de cabra montesa ibérica extinta el 5 de enero del 2000 (cuando se econtró el cadáver del último ejemplar vivo, que había sido aplastado por un árbol). Efectivamente la extención la provocamos con nuestra acción directa: reducción de su hábitat natural y caza indiscriminada de las cabras.

Tres años después, a partir del material genético de esa última cabra, se realizó la clonación del animal extinto. Sin embargo esa técnica suele producir anomalías respiratorias en los seres clonados; la cría nació con una inmadurez pulmonar que produjo su muerte 480 segundos después del nacimiento.

Y así, años después de que acabásemos con todos ellos, el planeta volvió a tener durante unos segundos a su último bucardo.

Zaragoza, 30 de julio de 2003.

Nota: nos comentan que se está pensando reintententar la clonación en los próximos meses. Carecemos de información fiable sobre el tema, pero ahí dejamos esta posibilidad.

Resucitan por clonación al bucardo, extinguido tres años antes

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Roban una Nymphaea thermarum del Real Jardín Botánico de Kew

Decía Makinavaja que “en este mundo podrido a las personas sensibles sólo nos queda la estética”. Y qué demonios, entrar en los jardines reales británicos a robar una flor tiene una vis estética y misteriosa.

Las circunstancias del hecho, la planta sustraída (un nenúfar enano en peligro de extinción) y la técnica usada, hicieron que Scotland Yard descartase la gamberrada y lo investigase como robo especializado. Un robo que, de momento y hasta que se resuelva, nos regala una historia para soñar: ¿Botánicos locos? ¿Millonario excéntrico con una colección de plantas raras? ¿Guerrero de tribu ruandesa en busca de su planta sagrada? Ahhh tantas posibilidades…

Londres, 13 de enero de 2014

Roban una Nymphaea thermarum del Real Jardín Botánico de Kew

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Puede parecer una broma.

No lo es.

Se llama Chess Boxing y es un deporte.
En 1979 se estrenó la película de artes marciales “Ninja Checkmate” (cuyo título internacional fue “The mystery of chess boxing”). Años más tarde e inspirado por el título, el dibujante de tebeos Enki Bilal se imaginó un deporte híbrido y creó el concepto actual en su cómic “Froid Équateur”.

La naturaleza humana hizo el resto: En 2003 un neerlandés llamado Iepe Rubingh consideró buena idea llevar a la práctica ese concepto y… bueno, en Rusia va camino de deporte nacional.

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Consoladores explosivos para miembros de la Iglesia

Breve inventario de lo que nos ofrece esta historia:

  • Atentados con consoladores.
  • Grupúsculo anarquista llamado “Club de Artesanos del Café”.
  • Olla exprés bomba en la Catedral de La Almudena.
  • Legionarios de Cristo.
  • Disculpas a una funcionaria de correos herida durante la manipulación de un pene de goma explosivo.

Nos vemos incapaces de añadir cualquier comentario.

Madrid, 19 de abril de 2013

Consoladores explosivos para miembros de la Iglesia

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Los westerns clásicos nos hablaban de un oeste en el que la vida se organizaba de forma bastante sencilla: Pieles rojas muy malvados contra un altruista John Wayne repartiendo civilización a base de Colt 1851. Maniqueo pero práctico. Sobra decir que en el siglo XIX la vida se pintaba con los mismos tonos de gris que a día de hoy. Para muestra un botón:

Myra Maybelle Shirley Reed Starr, alias Belle Starr, nació el 5 de febrero de 1848 en Missouri. Lo cierto es que tuvo una vida acomodada: alfabetizada desde niña, tocaba el piano y estudió varias lenguas (entre ellas latín y hebreo). Durante la Guerra Civil Americana su familia se mudó a Texas, donde su hermano se convirtió en proscrito como guerrillero confederado. En esta época la familia Shirley se hizo simpatizante de la causa y entabló amistad con otros sudistas como Jesse James y los hermanos Younger (posteriormente convertidos en legendarios bandidos).

Al acabar la guerra, Belle se casó con su primer marido: Jim Reed -que tenía toda la pinta de ser un figura- y con el cual tuvo a sus dos hijos: Pearl y Eddie. Al poco tiempo Jim empezó a meterse en líos que los obligaron a mudarse a Arkansas; donde, cómo no, siguió metiéndose en líos. Allí se asoció a los Starr, una familia cherokee dedicada al contrabando de whiskey y robo de ganado. Hasta la muerte de Jim en 1874, Belle ya se había hecho famosa por pasarse los días en las tabernas bebiendo y apostando a todo tipo de juegos. En esta época empezó a llevar el vestido negro y las pistolas cruzadas que más tarde se convirtirían en su seña de identidad.

Tras la muerte de Jim contrajo matrimonio con Sam Starr, al que había conocido por ser socio de su difunto. Dejó a sus hijos a cargo de familiares y se mudó a las tierras cherokee con Sam, en donde ella misma se convirtió en forajida. Perseguida por numerosos atracos y robos de ganado; fue condenada varias veces llegando incluso a fugarse del presidio. En 1886 Sam Starr fue tiroteado convirtiéndola de nuevo en viuda. Ella, entregada ya a la vida fuera de la ley, se casó de nuevo (con otro Starr) mientras tuvo famosos affaires con otros delincuentes.

Su tercer matrimonio duró poco: el 3 de febrero de 1889 Belle Starr fue emboscada y abatida por varios tiros de escopeta. El asesinato nunca fue resuelto pero la lista de sospechosos fue amplia: posibles acreedores, un compinche asustado, su marido despechado, incluso su propio hijo Ed; con el cual la relación se había deteriorado brutalmente con el tiempo.

Belle Starr. Esposa, madre, tahúr y bandida. Una biografía en grises para recordar que quien con lobos anda, a aullar aprende.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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La muerte danzante

Estamos de acuerdo en que sangre y ranas lloviendo sobre Egipto son un highlight de las desgracias bíblicas. Pero, siendo rigurosos, las plagas verdaderamente molonas las tenemos entre los siglos XIV y XVII.

Por ejemplo la Epidemia de Baile de Alsacia en 1518.

A mitad de julio de ese año una mujer empezó a bailar sin descanso en las calles de Estrasburgo. Entre cuatro y seis días después eran casi 40 las personas que se habían unido al baile (hasta 100 dependiendo de la fuente).

En un principio se le dieron aires festivos: los músicos tocaban y artistas se unían a la gente por la ciudad. No obstante, a finales de agosto unas 400 personas seguían bailando sin parar mientras los muertos empezaban a apilarse: Infartos, derrames cerebrales, lesiones e incluso vómitos sanguinolentos según documentos de la época. Las autoridades, desorientadas, se debatían entre los exorcismos y la prescripción de sangrías (que curiosamente apenas fueron realizadas). A falta de ideas llegaron a construir una gran pista de baile para tratar de contener a los enfermos en ella. La epidemia duró tres meses hasta que los síntomas empezaron a remitir en septiembre.

Y lo cierto es que no era la primera epidemia de este tipo (aunque sí la mejor documentada): hay constancia de acontecimientos similares en 1237, 1374 y aún después en 1536.

¿Pero y las causas? Bueno… en Italia se relacionaba popularmente esos trastornos con la picadura de tarántula, dando lugar a lo que se llamó “Tarantismo” (y luego, por extensión, a la tarantela). Pero lo cierto es que no hay una causa clara. Se propusieron teorías que iban desde las prácticas de un culto herético, hasta el colocazo masivo por cornezuelo en el centeno.
Sin embargo, la respuesta que goza de mayor aceptación a día de hoy es la del brote de histeria colectiva a causa de la hambruna y las enfermedades. Una teoría basada en el examen de brotes similares, como la epidemia de la risa en Tanganica (1962).

Historia dedicada a la fan nº1 de Mundo Extraño

La muerte danzante

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La disparidad de entornos a nivel planetario genera extrañeza (e incertidumbre) ante las cosas más ordinarias de la otra punta del mundo. Imaginemos a un señor de Teruel que viaje por primera vez a Honolulu y se encuentre con las señales enlazadas.

Advierten del peligro por caídas de cocos.

Lo que el señor de Teruel no sabe, es que esto obedece al temor provocado por una leyenda urbana según la cual “150 personas mueren al año por caídas de cocos”.

El origen de la leyenda está en el trabajo del Dr. Peter Barss; que en 1984 publicó su estudio “Lesiones a consecuencia de la caída de cocos” (Extracto). En dicho texto certificó 9 lesiones en Papúa Nueva Guinea, dos de las cuales tuvieron consecuencias mortales. Y lo cierto es que efectivamente hay más muertes documentadas.
Pero los resultados del Dr. Brass fueron extrapolados catastróficamente MAL a otras zonas del planeta, como Hawaii, desatando con ello cierto pánico turístico.

La consecuencia de un pésimo examen de conclusiones científicas llevó a la colocación de señales en algunos resorts; señales como estas que llaman la atención de nuestro imaginario señor de Teruel.