Semana de Puertas Abiertas – IV

Continuamos nuestro especial con la fantástica aportación que nos brinda Killboy, experto en robots gigantes y mejor persona. Para la Semana de Puertas Abiertas ha seleccionado y escrito una historia sobre extravagancias regias que reza de la siguiente forma:

Electrizante Nuevo Viejo Orden

En estos primeros días del Nuevo Viejo Orden es cuando toca definirse y declararse fan de los tronos y las coronas. Y es que los reyes y emperadores han ayudado durante siglos a hacer este mundo más extraño todavía. Ponle a un ser humano una corona, siéntalo en un trono y a la que te despistes ya lo tienes ordenando la caza de seres fantásticos y metiendo magos en la corte.

Por eso queremos dedicar esta entrada como celebración y consejo a nuestra nueva Alteza. No mencionaremos a personajes obvios como Enrique VIII. Sería un atrevimiento y una desvergüenza por nuestra parte asumir que sabemos más sobre cómo deshacerse de estorbos y competencia que un Borbón.

Dejaremos de lado por hoy también la posibilidad, dadas sus “filias lectoras”, de que su alteza adoptara a un John Dee patrio. Candidatos no faltan y estamos seguros que con el adecuado (y bajo la tutela responsable de la corona) este país avanzaría tanto hacía el futuro que de nosotros dirán que vivimos en el “cuarto milenio.”

No, a quien queremos mostrar hoy como monarca ejemplar y digno a imitar por Nuestro Señor es un hombre de bien y progreso: Menelik II (1844 – 1913), Emperador de Etiopía.

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Ser el responsable de unificar Etiopía mediante tratados o el uso de las armas (algo que seguro inspirará a nuestro Monarca en estos tiempos tan revueltos) y de abolir la esclavitud y recortar privilegios a la nobleza (bueno, tampoco hace falta imitarle en todo) habría sido suficiente para cualquier rey.

Pero Menelik II quería más, él quería El Futuro. Los Milagros de la Ciencia y esa vida moderna que se disfrutaba más allá de sus fronteras. Completamente fascinado por las maravillas que tenía que ofrecer este mundo se empeñó en llevar a su país al mismo nivel. Tal era su interés por los frutos de la ciencia que al enterarse de la invención de la silla eléctrica, aprovechó que había abierto el comercio con el exterior y decidió encargar tres a Estados Unidos.

Pero el entusiasmo a veces nubla hasta al más regio de los juicios, y al recibirlas Menelik II descubrió que para alcanzar sus sueños de modernidad necesitaba algo más. Un enchufe, para empezar, y la central energética que lo provee de energía. Sin embargo, uno no se convierten en el emperador que unifica un país y luego se deja achantar por unas piezas de mobiliario. Así que en un gesto que sólo podemos admirar decidió tomar una de las sillas como su real trono. Podrían ser inútiles, pero todavía eran Símbolos del Futuro.

Hay quien afirma que esta historia no son más que invenciones de un periodista canadiense, pero desde Mundo Extraño celebramos ese ingenio capaz de oponerse a la adversidad y su buen gusto a la hora de elegir asiento. Y desde aquí animamos a Su Borbónica Excelencia a imitar su ejemplo. Es más, estamos seguros de que su Preparada Alteza es capaz ir más allá y puede aprovecharse de algo que Menelik II no tenía: electricidad.

Desde tan flamante trono estamos seguros que el Reinado del Guardián del Nuevo Viejo Orden se convertiría en el chispeante faro que alumbrará Occidente.

Semana de Puertas Abiertas – III

Llegamos a la mitad de esta semana de Puertas Abiertas con una historia de las que nos gustan, de gente muy loca que hace cosas propias de gente muy loca. El ilustre Usagi2099, que vive aquí, nos trae la historia de la familia Lykov, campeones de las decisiones desafortunadas y rusos de pro.

La familia Lykov

Es de esperar que a estas alturas queden pocas dudas de que habitamos un mundo extraño; el más apacible de los entornos puede haber sido testigo de las más asombrosas historias, el lugar más anodino puede contener recuerdos de la truculencia más insospechada. Dicho esto, ¿se distribuye la rareza de manera uniforme por todo el planeta? Es evidente que no.  A efectos de lo extraño hay regiones que parecen más propicias que otras. Y pocas como la sagrada madre Rusia, donde la caída de los meteoritos puede seguirse segundo a segundo gracias a que los conductores llevan cámaras en el salpicadero para evitar estafas y abusos por parte de sus conciudadanos.

Claro, que en 1936 no había ni cámaras ni salpicaderos. No sabemos si hubo meteoritos. Lo que sí hubo fueron purgas religiosas por parte de las muy ateas autoridades bolcheviques. La familia Lykov pertenecía a los “Viejos creyentes”, una rama cristiana ortodoxa particularmente perseguida durante los tiempos de Pedro el Grande. Como buena ortodoxia, sus preceptos eran muy estrictos e imponían todo tipo de prohibiciones, incluyendo la de cortarse la barba. Cuando los Lykov (en aquel entonces los padres Karp y Akulina y sus dos hijos Savin y Natalia de 9 y 2 años respectivamente) vieron el percal decidieron cortar por lo sano y huir lejos para poder vivir de acuerdo a sus creencias. Hasta aquí todo correcto, pero no olvidemos que además de cristianos ortodoxos, eran rusos. Extraños. Puestos a emigrar, lo suyo es elegir un lugar tranquilo, agradable para la vida contemplativa, relajado. Un lugar como Siberia (ojo, no confundir con la región extremeña del mismo nombre). Los cuatro cargaron sus pertenencias (incluyendo un telar, porque eso es lo que toda taiga despoblada necesita, un buen telar) y se internaron en una región remota, a más de 250 km del humano más próximo. Insistimos, con un telar. A cuestas. Y dos niños.

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Las condiciones de vida en su nuevo hogar eran duras pero, es importante no olvidar esto, no dejaban de ser rusos. La familia construyó una cabaña cuya estabilidad daría para otro monográfico de Mundo Extraño, y se instaló como pudo. Una vez allí, en medio de la nada, tuvieron dos hijos más. Porque de alguna manera habría que matar el tiempo, suponemos. En 1940 nació Dimitry, y en 1943 Agafia. Con el tiempo las condiciones empeoraron. La ropa se convirtió en harapos hasta consumar su desintegración, siendo sustituida con el tiempo por prendas confeccionadas a partir de corteza de sauce. Los objetos de metal se oxidaron hasta quedar inservibles (adiós, joven telar, fue un placer haberte conocido). Sin armas ni material de trampeo, su única forma de cazar era perseguir a la presa hasta que cayera exhausta. De todas formas, al ser casi todos sus utensilios de madera, apenas podían cocinar nada.

A finales de la década de los 50 llegaron los años del hambre. Cada año debían reunirse en un consejo y decidir si se comían todas las reservas o si guardaban parte de las semillas para sembrar de cara al año siguiente. Aun así, el auténtico desastre llegó en 1961, con la nevada de junio que acabó con su cosecha. Para la primavera siguiente apenas tenían nada que llevarse a la boca salvo sus zapatos y la corteza de los árboles. Se los comieron. Akulina decidió sacrificarse por sus hijos y murió de inanición. El resto de la familia sobrevivió gracias a un único grano de centeno que logró germinar. Lo guardaron día y noche, lo protegieron del frio y de los malditos roedores, hasta le construyeron una cerca. Por fin produjo otras 18 semillas, gracias a las cuales pudieron empezar a recuperar su cosecha.

En 1978 un grupo de geólogos que sobrevolaba la zona los encontró por casualidad. Tras entablar conversación con ellos les contaron toda su historia. El mundo que les describieron había cambiado tanto que apenas lo reconocían. Se negaron a aceptar la idea de que el hombre hubiese llegado a la Luna, pero no tuvieron problemas en aceptar la existencia de satélites artificiales. Al fin y al cabo, hacía tiempo que se habían percatado de que algunas estrellas se movían de modo anormal.

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Tres años después de la llegada de los geólogos, en 1981, Natalia, Savin y Dimitry murieron de forma inesperada. Karp les siguió en 1988. Desde entonces, Agafia sigue allí, en la taiga. Rusos. La gente extraña del mundo extraño.

Semana de Puertas Abiertas – II

Damas y caballeros, es un placer para nosotros presentarles a nuestra invitada de hoy: Sulpiride. Para su aportación nos deleita con una historia de esas que mezclan subcultura y crímenes chungos a partes iguales. Pero miren, casi mejor no les adelantamos nada; ella misma se lo cuenta:

Crímenes en nombre de Slenderman

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Toda persona que haya sido prácticamente educada por nuestro amigo INTERNET conoce la existencia de las “creepypasta”, o historias de terror ficticias que rondan por el ciberespacio.

Slenderman” -archiconocido personaje sin cara que incluso protagoniza varios videojuegos– se relaciona con el rapto y encantamiento de niños y suele publicarse en montajes fotográficos. Según se dice el origen del meme está en el personaje folclórico “Der Ritter”, una especie de hombre del saco de miembros alargados que también está relacionado con bosques y niños [resaltado en la imagen].

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Ahora Slenderman ha traspasado las pantallas de nuestros ordenadores para sorprendernos con espeluznantes casos que superan la ficción.

Hace poco más de un mes una niña de 12 años fue apuñalada por dos amigas de su misma edad en nombre de Slenderman. Las niñas aseguraron que lo hicieron porque querían convertirse en “proxies” [personas bajo la influencia] del Slenderman, llegando a afirmar que las había amenazado con matar a su familia si le desobedecían.

Por si esto fuera poco, unas semanas después se conoció el segundo caso de agresión en nombre de dicho personaje. Esta vez una niña apuñaló a su propia madre debido a la obsesión que tenía con Slenderman. La madre afirmó que “Ella era otra durante el ataque” y que la niña incluso “se había creado un mundo para Slenderman en Minecraft” (escalofriantes palabras).

Así que ya sabéis niños, si os cuesta diferenciar realidad de ficción, si sois excesivamente susceptibles, o si no os han dado una hostia a tiempo en la adolescencia: evitad. Usar. Internet.