Los euskopidgins

Nos guste o no, uno de los principales motivos por los que el ser humano ha hecho amiguitos a lo largo de la Historia ha sido el intentar sacarles los cuartos. Eso ahora es muy fácil, que en un momento le vendes un trozo de cartón o plástico por cuarenta euros a alguien en la otra punta del mundo. Pero Antes, ay Antes. 

Diferentes sistemas monetarios, incomprensión idiomática, valores culturales completamente diferentes… ¡todo problemas! ¡No había manera de que un honrado mercader consiguiera pingües beneficios en cualquier puerto del mundo! 

Una primera aproximación al problema del idioma, sin embargo, fueron los llamados pidgins. Un pidgin es definido como “una interlingua simplificiada y usada por individuos de comunidades que no tienen una lengua común”. Es una lengua utilizada principalmente para el comercio (la lingua franca o sabir hablado en el Mediterráneo desde el siglo XIV hasta el XIX), aunque también hay ejemplos de pidgins usados por esclavos de diversas comunidades viviendo juntos (los africanos llevados a América como esclavos). 

Hay, sin embargo, dos pidgins hechos a partir de una lengua particular que resultan de especial interés: el vasco-islandés y el algonquino-vasco

Los pescadores vascos llevan siglos recorriendo el Atlántico, pescando lo pescable. Cuando se dieron cuenta de que la ballena entraba en esa categoría, allá que fueron. Esto los llevó por todas las costas del océano, desde Bizkaia hasta Islandia, desde Inglaterra hasta Terranova. Ningún puerto estaba demasiado lejos, si de comerciar con los leviatanes se trataba. La distancia no era un problema.

El idioma, sin embargo, sí lo era. Pero tenía solución. Al fin y al cabo, la grasa es la grasa. No iban a dejar que una menudencia les impidiera comerciar con los nativos americanos. Surgió el algonquino-vasco, un pidgin que mezclaba el euskera con los idiomas de los montañeses, los micmac y los inuits, mencionado en documentos a partir de 1571.

Por ejemplo, “Ania, kir capitana?” significa “Hermano, ¿eres capitán?”, del euskera “Anaia, capitana al zara?”, con “kir”, “tú”, tomado del micmac.

Quedan pocos testimonios del idioma, que no se usó mucho tiempo, pero alguno más hay del vasco-islandés, menos sonoro pero fácilmente reconocible para los hablantes de euskera, y del que hay documentación en el siglo XVIII.

Del enlace anterior, por ejemplo:

“‘Presenta for mi berrua usnia eta berria bura’ (“give me hot milk and fresh butter”) with its Icelandic translation Gefdu mier heita miölk og nyt smiòr. In modern Basque the phrase would be Emaidazu esne beroa eta burra berria.”

Lector, si tiene problemas con los idiomas, enrólese en un ballenero. Verá mundo y aprenderá lenguas. Así es como Multimaníaco se enteró de esto y nos puso sobre la pista.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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