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¿Existe algo mejor que las carreras de camellos?

Sí.

Las carreras de camellos con robots.

Porque un camello puede hacer sprints de 65 km/h, pero para eso necesita un jinete. De hecho necesita un jinete que pese muy poco; de ahí que se usasen a niños como jockeys en las carreras, lo cual traía aparejado un tráfico de mano de obra esclava infantil.

Por fortuna soplaron los vientos de la razón y el empleo de menores fue prohibido en los Emiratos Árabes y en Qatar.

Ante la problemática de “¿Cómo mantener activo el deporte favorito de todo el mundo?” una mente preclara vislumbró la solución: SCIENCE, MOTHERFUCKER.

Y así nacieron los robots jockeys. Curiosamente los primeros prototipos tuvieron que ser rediseñados, pues su aspecto asustaba a los camellos.

A día de hoy el uso de robots está implantado de forma generalizada, de manera que las carreras pueden continuar celebrándose y -curiosamente- con menores costes.

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Un agricultor de Teruel envía dos balas de alfalfa a la Reina Isabel II

Celtiberia at its finest.

Un agricultor de Castelserás se entera que los caballos de carreras de la casa real británica habían dado positivo en pruebas de dopaje. El hombre concluye que es debido a la baja calidad del pasto y, con aguda mente emprendedora, envía dos fardos de alfalfa al Palacio de Buckingham porque “en Teruel tenemos la mejor alfalfa del mundo

Y ojo, en honor a la verdad hay que decir que el aguerrido granjero sabe lo que se dice. Provee de forraje a caballerizas en Francia, Alemania, Arabia Saudí… pero joder, aun así.

No obstante, entre toda la grandeza de la historia, nos quedamos con esa cita, ESA JOYA, esa frase para la posteridad que debería ser grabada en mármol y colocada en la plaza de Castelserás:

La Reina Isabel II está muy mayor y se va a morir sin conocer la alfalfa de verdad.

-Un señor de Teruel.

Teruel, 11 de agosto de 2014.

Un agricultor de Teruel envía dos balas de alfalfa a la Reina Isabel II

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Si al ver la imagen de arriba ha visto usted un señor, no se sienta mal. Trescientos marineros franceses estuvieron un año entero viendo a Jeanne Barret a diario y solo algunos sospecharon que bajo esa ropa había una fémina.*

Podríamos recrearnos en su infancia y su formación como herborista, o en cómo Philibert Commerçon, naturalista, se la encontró recogiendo hierbas por su pueblo de Borgoña, vio lo que controlaba de plantas y raíces y la contrató como ayudante interna, antes de que se convirtieran en amantes. Y de cómo vieron, en 1766, que lo que tenían que hacer era practicar la movilidad exterior y embarcarse con Louis Antoine de Bougainville en su viaje alrededor del mundo.

Pero vamos a empezar el relato en ese punto, en el que deciden que se van a tierras extrañas a buscar flores. Y se plantea el problema de cómo hacer que una mujer sea aceptada en el barco.

Respuesta sencilla: no se puede.

Respuesta larga: se disfraza a la mujer de hombre, con unas tiras de tela bien apretadas para disimular los pechos. El naturalista jefe, Philibert se enrola en el barco. Un joven de aspecto delicado aparece casualmente en el puerto el día del comienzo de la expedición, diciendo que tiene conocimientos de herboristería. Es aceptado por el capitán porque el botánico necesita un ayudante, y este lo admite a regañadientes en su camarote.

El viaje no tuvo que ser fácil para Jeanne, Jean a bordo, que tenía que respirar flojito por culpa de los vendajes. Los marineros sospecharon, claro, al ver a alguien tan celoso de su intimidad, que ni se desnudaba ni defecaba con los demás. Y aquí Jeanne tuvo un golpe de genio: justificó su timidez diciendo que había sido capturado y castrado por los otomanos, y que claro, no le apetecía que vieran el estropicio. Eso, junto con el hecho de que llevaba TODOS los cacharros de naturalista del vago de su jefe/amante, que pesaban bastante, y trabajaba tan duro como el que más, hicieron que los marineros dejaran pasar la sospecha.

No debemos olvidar que fingir que era un hombre no era un fin en si mismo, sino un medio para poder descubrir plantas, animales y maravillas diversas. El hallazgo más relevante tuvo lugar en Brasil, donde Jean y Philibert bautizaron una planta de colores vivos como buganvilla, en honor al capitán.

Fue al llegar a Tahití cuando se descubrió el pastel. Hay tres versiones de cómo ocurrió, y la tercera no es agradable. Quien quiera saltarse la c), adelante.

a) Según el capitán Bouganville, nada más bajarse del barco los tahitianos huelen que es una mujer, la señalan con el dedo y ella confiesa. No vamos a entrar en los múltiples problemas morales y biológicos que plantea esta versión.

b) Un tahitiano sube al barco, se da cuenta -porque tiene ojos, no como los 300 marineros, que manda narices- de que Jean es una mujer vestida de hombre y se refiere a él con la palabra tahitiana para “mujer que viste como un hombre”, para indicar que es algo común en Tahití también. Consigue hacérselo entender al capitán Bouganville, el engaño queda revelado.

c) Los marineros ya sabían lo que había, y tras llegar al siguiente puerto, esperan a que Jean esté solo, lo obligan a desnudarse y la violan en grupo.

Jeanne pasó el resto del viaje encerrada en su camarote, y nueve meses después dio a luz a un niño. El capitán, que no quería líos, dejó allí a Philibert, Jeanne y su hijo, con una excusa bastante regular que le salvaba la papeleta. Se mudaron con el gobernador, también naturalista, Jeanne dio al niño en adopción, Philibert murió, ella se casó con un soldado francés y en 1774 volvieron a Francia.

Y así, casi sin darse cuenta y tras ocho años, Jeanne, la descubridora (europea) de la buganvilla completó la primera vuelta al mundo dada por una mujer. Allí la esperaba el pago de la familia de Commerçon por el tiempo que había pasado trabajando para Philibert, además de una pensión de 200 libras anuales por parte de la marina francesa, parece que proporcionada por el capitán Bouganville, que se hizo famoso gracias a ese viaje.

Addenda: En esta historia hay una intervención no demasiado relevante del príncipe de Nassau-Siegen, que llevaba tacones, peluca y siempre iba muy arreglado, blanco de las bromas de la marinería por encima del discreto Jean. Lo dejaremos fuera del asunto, salvo para citarlo en sus palabras sobre Jeanne:

I want to give her all the credit for her bravery, a far cry from the gentle pastimes afforded her sex. She dared confront the stress, the dangers, and everything that happened that one could realistically expect on such a voyage. Her adventure, should, I think, be included in a history of famous women.

*A lo largo de todo este texto se van a emplear visiones dicotómicas y arcaicas sobre lo masculino y lo femenino, salvo que se indique lo contrario. De otra forma, sería muy complicado entender las reacciones de la marinería francesa del XVIII, poco versada en teoría de género.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Arrestado por tener una colección de penes en botes

Aviso: en el enlace que va a clicar/ha clicado ya hay multitud de penes en jarras.

Esta historia tiene tres componentes que nos seducen:

a) Un señor del este de Europa con una monomanía preocupante y testigos diciendo que era “un tío normal”.

b) Un apodo muy poco imaginativo y tremendamente obvio, “El coleccionista de penes”. Bien ahí por la policía croata, cero sensacionalismo.

c) Pruebas gráficas. De penes. En botes.

Pero, sobre todo, nos ofrece la posibilidad de recordar a nuestros lectores la existencia de The final member, un MARAVILLOSO documental, en el que un señor islandés, director del Instituto Falológico de Islandia, cuenta su incansable búsqueda del pito definitivo, el único pene de mamífero que le falta en su colección, la polla unicornio, el El Dorado de los falos. Una hora y media de un hombre solo parcialmente tronado luchando contra viento, marea y problemas legales y económicos para hacerse con el miembro viril de un humano y exhibirlo en su museo. Imprescindible, cinco estrellas.

Arrestado por tener una colección de penes en botes

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Muere en una competición de escupitajos

¿Recuerdan al héroe que murió bebiendo cervezas en Murcia?

Bueno, pues probablemente comparta mesa en el Olimpo con el joven protagonista de esta noticia. Vuelves una madrugada a tu hotel suizo con una moña legendaria y lo mejor que se te ocurre es organizar un concurso de a ver quién escupe más lejos.

Vale, tal vez era un chaval con una infancia molona.

El caso es que tomó carrerilla desde el interior de la habitación con tan mala suerte que se pasó de frenada y cayó por el balcón. Lo cual, además, nos recuerda a un sketch de los Looney Tunes.

Ticino, Suiza 13 de mayo de 2008.

Muere en una competición de escupitajos

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Hallan cuatro kilos de cocaína en un coche del Vaticano

Para fiestas buenas las del Vaticano y la Armada Española (¡Barcos! ¡¡Cocaína!!)

En este caso resultó ser una bella coincidencia sin más; pues parece poco probable que el bibliotecario emérito de la Santa Sede (de 91 años) sea un consumado farlopero. Ahora bien, de su secretario ya no sabemos qué pensar.

Por otra parte, repartir droga usando los coches oficiales de la Curia Romana nos parece una forma de modernizar la Institución tan buena como cualquier otra.

Roma, 16 de septiembre de 2014.

Hallan cuatro kilos de cocaína en un coche del Vaticano

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Siempre intentamos reivindicar gente ilustre poco afamada pero, a veces, la grandeza de las historias nos obliga a traer personajes de sobra conocidos. Ya ocurrió con el Emperador de EEUU, con Elmyr de Hory o con nuestro admirado don Justo.

Hoy más que nunca, en estos tiempos de pobreza política y cívica, vamos a hablar del individuo con más flow hace 2.500 años: Lucio Quincio Cincinato.

*Intermedio*

En el año 509 antes de Cristo (aprox.), Tarquinio el Soberbio pasó a la historia como el último rey de Roma tras haber tolerado que su hijo violase a una patricia y, en general, por haber sido un cabrón. Como los romanos no tenían muy claro que mereciese la pena todo aquel fregao de los reyes, tomaron la sana decisión de establecer una República. Y oye… si les iban a mangonear, al menos que fuese alguien elegido por ellos.

Y la idea era buena. Pero siempre hay un “pero”, pues el sistema era muy torpe para algunas cosas. Dirigir un ejército, gestionar un motín o defender una ciudad puede ser algo muy complicado si tienes muchas cabezas dando órdenes.

Así que lo arreglaron de forma sencilla: En las situaciones de crisis el Senado y las magistraturas entregaban temporalmente el control total de Roma a una persona. A un Dictador.

Vale, oks; está permitido levantar la ceja. Pero tengamos en cuenta que la cosa funcionó bien durante 500 años.

*Fin del intermedio*

Cincinato (519 a.C. – 439 a.C) era un hombre templado y culto, pero estaba en contra del tribunado y de la ley escrita, a causa de su aversión a los plebeyos y tras perder a un hijo ajusticiado. Por esta razón pasó la mayor parte de su vida retirado en el campo, entregado a una vida agrícola sin muchas complicaciones y alejado del mamoneo institucional.

No obstante, en el año 460 estalló una revuelta plebeya contra una reforma de latifundios. Sabiendo que Cincinato era un hombre sabio conocedor del campo (a pesar de ser manifiestamente contrario a los plebeyos y las compilaciones legales), el Senado le pidió que dictase las leyes agrarias y mediase en el conflicto.

Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Así que tomó el consulado, modificó las leyes, apaciguó a los plebeyos y se retiró nuevamente al campo.

Dos años después, debido a la incompetencia del cónsul Minucio Esquilino, los ejércitos romanos estaban a punto de ser derrotados por los ecuos. El Senado no vio otra salida: por cuarta vez en la historia de la República había que nombrar un Dictador. Tras la revuelta plebeya y a pesar de ser manifiestamente contrario al tribunado, la elección estaba clara.

Acudieron a la granja de Cincinato, donde le econtraron arando la tierra. Le ofrecieron la toga dictatorial y el haz de lictores.

Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Así que tomó la dictadura, derrotó a los ecuos en 16 días y teniendo en sus manos todo el poder de Roma, renunció a él y se retiró nuevamente al campo.

En el año 439 a.C. Espurio Melio intentó dar un golpe de estado aprovechándose de una hambruna. Las lealtades no estaban muy claras y el Senado decidió nombrar como dictador a la única persona que consideraban digna de confianza.

Cincinato tenía 80 años. Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Detuvo a Espurio Melio (que terminó muerto), restituyó el orden en la ciudad y por tercera vez renunció al poder de la República para retirarse al campo.

La rara rectitud con la que Cincinato cumplió sus obligaciones públicas le convirtieron en un ejemplo de honradez. Inspiradas en él se fundaron pueblos, ciudades y sociedades.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

Vídeo

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Advertimos, en primer lugar, que este vídeo tiene toda la pinta de ser un montaje, una campaña publicitaria o algo así. Pero, ¿y si no?

¿Y si hay una motorista rusa (¡claro!) que recorre el país -¿por qué ceñirnos a una ciudad?- arrojando basura a los coches de los desconsiderados? ¿Y si realmente hay alguien que ha entendido a la perfección los fundamentos del superheroísmo -tener un vehículo poco práctico, llevar a cabo acciones que tengan un impacto nulo o muy escaso en la sociedad, poner en peligro las vidas de inocentes y, en general, hacer caso omiso a las leyes, en este caso a las de circulación- y, llevada por un traumático acontecimiento, tipo una cáscara de plátano que mató a sus padres, se dedica a hacer cumplir SU justicia? Ese es el mundo en el que queremos vivir, claro que sí. 

Lo vio primero Aborigen de Salón, el Robin de nuestra Batman.

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Paul Hogan, estudiante irlandés de 25 años, saliendo de la galería Tate de Londres el 12 de abril de 1956.

Lo que lleva debajo del brazo es el “Jour D’Été” de Berthe Morisot, el cuadro valorado en 7 millones de libras* que acababa de robar.

El robo fue una protesta político-cultural sobre el trato que se le estaba dando a la herencia de Hugh Lane. Lane había sido un marchante de arte dublinés muerto en 1915, cuyo patrimonio (debido a un problema de testamentos) fue sacado de Irlanda y expuesto en Londres.

Hogan simplemente entró en la galería y con toda la calma del mundo descolgó el cuadro, lo envolvió y se lo llevó. Hizo las cosas de forma tan natural que a nadie se le pasó por la cabeza que lo estuviese robando.

Después del escándalo en portadas el conflicto testamentario se hizo público. El cuadro apareció unos días después en casa de una colega de Paul Hogan, pero la aventura sirvió para que Irlanda y Reino Unido llegasen a un acuerdo: desde entonces y hasta 1999 el Jour D’Été se pasó medio año en un país y medio en el otro. A día de hoy toda la colección se ecuentra en Irlanda.

*El equivalente a 7 millones de libras actuales.