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A primera vista, esta foto no debería estar aquí. No hay nada en este señor que merezca aparecer en el compendio de la Maravilla que pretende ser Mundo Extraño, ¿no? Bueno, quizá sus ojos castaños, que parecen estar mirando el fondo de nuestra alma y diciéndonos que no temamos, que hay algo ahí que nos une a él, que no somos tan diferentes. Que no es inalcanzable. Puede que sus pobladas pestañas, marco de esa mirada y prismas que dirigen nuestros ojos hacia los suyos de forma irresistible. También está ahí la nariz, poderosa pero suave, separada de los carnosos labios por un bigote que no necesita ser en demasía poblado para dejarnos claro que su poseedor es un hombre firme a la vez que tierno. No podemos no referirnos a la forma en que la barba -que parece diseñada para resaltar que la cara a la que está pegada roza la perfección- se funde con el pañuelo para formar una envoltura mundana, una interfaz entre el exterior y el brillo de un millón de soles, una fina película que nos impide quemarnos a la vez que nos deja entrever lo que podríamos ser.

En Arabia Saudí no tienen ni idea de lo que es bueno.

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A primera vista, esta foto no debería estar aquí. No hay nada en este señor que merezca aparecer en el compendio de la Maravilla que pretende ser Mundo Extraño, ¿no? Bueno, quizá sus ojos castaños, que parecen estar mirando el fondo de nuestra alma y diciéndonos que no temamos, que hay algo ahí que nos une a él, que no somos tan diferentes. Que no es inalcanzable. Puede que sus pobladas pestañas, marco de esa mirada y prismas que dirigen nuestros ojos hacia los suyos de forma irresistible. También está ahí la nariz, poderosa pero suave, separada de los carnosos labios por un bigote que no necesita ser en demasía poblado para dejarnos claro que su poseedor es un hombre firme a la vez que tierno. No podemos no referirnos a la forma en que la barba -que parece diseñada para resaltar que la cara a la que está pegada roza la perfección- se funde con el pañuelo para formar una envoltura mundana, una interfaz entre el exterior y el brillo de un millón de soles, una fina película que nos impide quemarnos a la vez que nos deja entrever lo que podríamos ser.

En Arabia Saudí no tienen ni idea de lo que es bueno.

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Instructor de suicidismo bombástico E.X.P.L.O.T.A. en clase

Cualquiera que haya dado clase sabe que no es una profesión sencilla. Los alumnos pueden tener dudas que no sepas resolver, es difícil mantener la atención de todos durante una clase entera, el peso del conocimiento y la responsabilidad de transmitirlo pueden ser una carga muy pesada… No es un trabajo para débiles de espíritu.

No es un trabajo, en principio, que requiera gran destreza manual, eso es verdad. Salvo si eres el Profesor de Explosivos y Suicidio del Hogwarts del Terrorismo. En ese caso, es conveniente que tengas cuidado al dar tus clases prácticas. O que utilices explosivos de mentira. O que dimitas y dediques tus esfuerzos a devolver el valle del Tigris a su antigua gloria agrícola, ya puestos.

Pero no, tenías que llevar tus manos con pulgares solo parcialmente oponibles a un cinturón explosivo. Tenías que seguir tu vocación profesoral, y elegir el campo para el que estabas menos dotado, anónimo instructor del matar. Los restos hechos cachitos de tus veintiún alumnos no te lo agradecen ni un poco, la verdad.

Hay otros que sí:

On Monday evening Raad Hashim burst out laughing when he heard the news.

“This is so funny,” Mr. Hashim said. “It shows how stupid they are, those dogs and sons of dogs.”

Si lo que querías era hacer de reír, anónimo profesor del explotar, había formas más sencillas.

Instructor de suicidismo bombástico E.X.P.L.O.T.A. en clase

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Bien, veamos: las Cataratas del Niágara tienen una caída libre de más o menos 52 metros. Vale que no son el Salto del Ángel, pero tampoco es ninguna broma.

Annie Edson Taylor nació el 24 de octubre 1838 en Nueva York. Ejerció como profesora y perdió un hijo después de haberse casado y enviudado joven. Desde luego no tuvo una vida fácil, pero fue tirando como pudo: instructora de baile en Bay City, profesora de música en Sault Ste. Marie, buscavidas en Mexico…

Como entonces no había planes de pensiones y la jubilación iba a estar complicada, a Annie se le ocurrió un plan maestro para ganar fama y retirarse asegurando su porvenir.

Cabalgaría las Cataratas del Niágara metida dentro de un barril.

Diseñó un receptáculo con madera de roble, hierro y acolchamientos: el “Queen of the Mist”.
Dado que nadie quería prestarle ayuda en ese plan suicida, tuvo que demostrar la viabilidad de la idea lanzando antes a un gato. Una vez el gato hubo sobrevivido (y del cual hasta se hicieron fotos), logró los apoyos suficientes para lanzarse ella misma dos días después.

El 24 de octubre de 1901, Annie Edson Taylor celebró su 63 cumpleaños convirtiéndose en la primera persona en lanzarse a través de las Cataratas del Niágara*

El viaje duró 20 minutos y salió prácticamente ilesa (salvo por un leve corte en la frente).

Ganó dinero gracias a la proeza, pero la fama efíemera no hizo de ella una mujer asquerosamente rica. Además, su representante le robó el Queen of the Mist y se vio obligada a gastar una pasta en recuperar el barril.

Después de aquello montó una tienda de recuerdos en Niágara Falls, invirtió en la Bolsa, empezó a escribir una novela, fue pitonisa y ejerció de curandera con terapias magnéticas.
Murió tiempo después, con 82 años; tal vez no muy rica, pero siendo leyenda.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

*En 1829 Sam Patch, el primer saltimbanqui temerario americano, se tiró desde las Cataratas del Niágara (y sobrevivió). Lo hizo mediante una plataforma colocada en la parte canadiense; razón por la cual salvó la altura del salto de agua sin bajar la catarata propiamente dicha. Curiosamente se mató ese mismo año (un viernes 13 de noviembre) saltando al río Genesee. Su cuerpo congelado apareció en Rochester la primavera siguiente.

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Se suceden las muertes en el mundial de ajedrez

Los deportes de riesgo es lo que tienen; este año las Olimpiadas de ajedrez de Noruega nos dejan dos muertos.

El primero de ellos -Kurt Meier, de 67 años- feneció de un infarto mientras jugaba su última ronda (en todos los sentidos de la expresión).

¿Por qué la gente no usa con más regularidad la palabra “fenecer”? No lo sabemos, pero nos parece un error. “Fenecer” hay que decirlo más. Hace que todo suene más dramático: Kurt Meier, FENECIDO en torneo de ajedrez con sólo 67 años.  Y de fondo la Marcha Fúnebre de Sigfrido.

Joder, así sí.

El caso es que, ese mismo día, el uzbeko Alisher Anarkúlov fue hallado muerto (o mejor: fenecido) por causas naturales.

Los acontecimientos nos ofrecen curiosas conclusiones.
La primera es que el ajedrez lleva más muertos que su hermano súper ciclado: el chessboxing. La segunda, que en 2014 el ajedrez está siendo el deporte con más muertos en competición.

Para terminar (y en aras de concienciar al público sobre la peligrosidad de este deporte); queremos recordar el incidente documentado en el libro “The Antarctic Legal Regime” de Christopher Clayton: desde que en 1959 un científico soviético matase a hachazos a un compañero tras perder una partida, el ajedrez está prohibido en la base antártica de Vostok.

Tromso, Noruega, 15 de agosto de 2014.

Se suceden las muertes en el mundial de ajedrez

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Schettino da una clase en la Universidad sobre gestión de pánico

El capitán Schettino famoso por salvarse tras hundir un crucero de 60.225 toneladas— imparte una master class sobre “Gestión de pánico” en un seminario de Criminología.

Tampoco queremos aventurarnos, pero visto su historial no sería raro que el contenido de la ponencia se hubiese reducido a:  “¡Sálvese quién pueda y maricón el último!”.

Por otra parte, que esto ocurra en un mundo en el que Pío Moa es un reconocido tertuliano de derechas y Camps transmite los valores del esfuerzo, parece certificar que después de todo Ray Bradbury tenía razón: no nos extrañaría terminar viendo a bomberos encargados de causar incendios.

Roma, 6 de agosto de 2014.

Schettino da una clase en la Universidad sobre gestión de pánico

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Playas azotadas por piezas de LEGO

En el capítulo de “Cosas extrañas arrastradas por el mar”, Cornualles merece un lugar especial.

Pongámonos en antecedentes: en 1997 un barco perdió en el Mar Céltico 62 contenedores llenos de 4,8 millones piezas de LEGO. Hoy, 17 años después, muchas siguen llegando a las playas de Cornualles.

La búsqueda de piezas por las costas se ha convertido en todo un hobby, en el que los dragones son unas de más cotizadas (teniendo en cuenta que, según el manifiesto de carga, sólo había 33.941 unidades). Elemento incluso más raro son los pulpos negros (4.200 unidades), lo cual, en nuestra opinión, añade un toque Lovecraftiano de lo más delicioso.

Sin embargo es justo añadir que, a pesar de hallarnos maravillados con esta historia, no podemos dejar de pensar aterrados en esos pies descalzos por una playa llena de piezas de LEGO.

Playas azotadas por piezas de LEGO

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El hombre de la foto se llamaba Poon Lim, y pasó a la historia por tres motivos:

1) Sobrevivió 133 días en una balsa de madera en el Atlántico, lo cual le permitió:

2) Convertirse en ejemplo viviente de las técnicas de supervivencia de la Armada Británica y

3) Servir de inspiración a Alfred Bester para el protagonista del mejor libro del mundo.

Como lo primero es lo que permitió el resto, vamos a centrarnos en eso.
Poon Lim nació en Hanoi. En noviembre de 1942 servía en un mercante armado británico, que se dirigía de Ciudad del Cabo a Pernambuco, cuando un submarino alemán lo alcanzó con sus torpedos.

53 marineros y artilleros muertos, Poon Lim vivo y en el agua. Con un amplio trozo de madera (un metro cuadrado o así) en el que había víveres. Una suerte que no se la cree, vaya. Dentro de la mala suerte general de que un submarino alemán haga explotar tu barco a mil kilómetros de la costa de Brasil, claro.

La comida y agua de la balsa duró un tiempo, pero Poon se dio cuenta de que debía dejar de depender de Papá Estado y emprender por su cuenta. Así que empezó a pescar con un anzuelo hecho con un clavo doblado. Los peces los destripaba con un cuchillo de lata, confeccionado a partir de una lata de galletas. Sin complejos.

En un momento dado, debido a una tormenta que estropeó sus reservas de agua y comida, Poon pasó sed. Así que no tuvo otra que cazar una gaviota y beberse su sangre. Rica en agua, claro.

Su siguiente presa fueron los tiburones. Cazó otro pájaro para usarlo como cebo. Y funcionó. Gracias a una línea de pesca reforzada, capturó un tiburón de escaso tamaño. Lo subió a la balsa gracias a sus guantes de lona reforzada, y lo mató a golpes con la jarra del agua. Luego lo abrió en canal y se bebió la sangre del hígado del escualo. Suponemos que, una vez que le coges el gusto, es difícil parar. Aún tuvo energía el bueno de Poon para poner a secar las aletas y comérselas más adelante, como delicatessen.

Aunque se ve que sus habilidades de supervivencia estaban bien afinadas, es de suponer que el objetivo de nuestro héroe era abandonar su situación de náufrago y volver a la civilización. Sin embargo, en dos ocasiones pasaron barcos o aviones cerca de él, sin pararse a recogerlo debido a su procedencia, que hacía temer que fuera una trampa japonesa. Los aviones sí que dejaron caer una baliza flotante, pero otra tormenta se la llevó.

Dentro de lo malo, tuvo suerte de que un submarino alemán que hacía prácticas de tiro con gaviotas no terminara el trabajo de sus colegas.

En abril de 1943, 133 días después del naufragio, fue recogido por pescadores brasileños cerca de Belém. Había derivado más de mil kilómetros, pero fue capaz de bajar del barco por su propio pie. Había perdido (solamente) nueve kilos.

Mundo Extraño vuelve el lunes que viene.

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Campesina india mata a un leopardo con una hoz. Ella sola.

Nos ha costado decidir si incluir a Kamla Devi en Gente Ilustre o no, pero finalmente hemos decidido que todavía tiene tiempo de hacer méritos. Al fin y al cabo, solo tiene cincuenta y seis años. Desde Mundo Extraño la animamos a que acabe con varios depredadores de gran tamaño más y luego nos avise.

La historia es bastante sencilla: Kamla estaba en su campo cuidando sus cultivos, cuando un leopardo apareció. Los leopardos son animales de reconocida agresividad cuando se sienten presionados, y parece que este lo estaba, debido a la destrucción de su hábitat, que hace que cada vez más grandes felinos se acerquen a poblaciones humanas. Así que el buen animal hizo lo que tenía que hacer: intentar comerse a esa apetitosa señora que estaba en su camino.

No contaba con que la señora se defendiera, primero con los brazos y evitando las embestidas del animal -evitando que la matara, vaya: unos cuantos huesos rotos y heridas de gravedad se llevó. Era un leopardo, joder. Ganar es que no te devore entera-, y luego agarrando su hoz de segar con la mano izquierda y la oreja del leopardo con la derecha, se puso a ello en serio. Lucharon durante media hora, hasta que consiguió dar un golpe lo bastante serio como para que el leopardo muriera.

Cuando llegaron algunos vecinos, alertados por los gritos, el animal yacía en el suelo. Y ella también, probablemente. Aprovechamos para recordar que, después de una pelea a vida o muerte con un depredador de gran tamaño NO es necesario permanecer en pie. Es perfectamente lícito dejarse caer y esperar a que nos lleven al hospital.

Kamla Devi está recuperándose de las heridas y no le quedarán más secuelas que un sano respeto por la naturaleza, queremos creer.

Esta hermosa historia está patrocinada por El Hombre Malo, defensor de los gatitos y enemigo de la agricultura.

Campesina india mata a un leopardo con una hoz. Ella sola.