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¿Qué hace valioso al diamante? Está claro que sus propiedades físicas ayudan, pero lo que de verdad hace que su precio sea prohibitivo es su escasez. De eso va un poco la economía, del estudio de las relaciones que se crean en torno a bienes que son siempre limitados.

Cuando Detroit era la capital del automovilismo, las carrocerías eran pintadas a mano en las fábricas de coches. De esta forma los diferentes esmaltes entraban en los hornos estando todavía frescos y lo normal era que fuesen goteando. Así, con el tiempo, toda esa pintura sobrante se fue secando y formando pegotes en las rendijas donde se había colado.

Ocurrieron entonces dos cosas a la vez: las líneas de producción se fueron modernizando y Detroit se hundió en la miseria.

En consecuencia, nunca más volvió a gotear la pintura de los coches.

Décadas después alguna gente, conocedora de que la economía estudia los recursos limitados, se dedica a recorrer esas fábricas abandonadas. Buscan las piedras de pintura amalgamada que se esconden entre los suelos, grietas o rendijas de máquinas para pulirlas y venderlas; porque saben que ya nunca se van a crear más.

Son las gemas del siglo XX.
Y se llaman forditas, en honor a la Ford Motor Company que un día hizo rica a Detroit.

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