Especial animales V – Animales Ilustres

A los que dudaban -que los habría- de la posibilidad de encontrar un animal verdaderamente ilustre para cumplir los dos requisitos de esta entrada -a) animal; b) ilustre)- les recordamos que son dos condiciones que se cumplieron ya ampliamente con Sir Nils Olav II, el pingüino coronel.

Y, si lo hicimos una vez, ¿por qué no hacerlo ahora?

Multiplicado por cuatro.

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El caso es que esto es Internet y aquí a todo el mundo le gustan los gatos. Incluso a quienes no les gustan los gatos. Así que el inicio estaba claro.

Pero no sólo eso. Nos habíamos propuesto superar muy fuerte el listón y hablar sin más de felinos nos parecía de una insuficiencia bochornosa. Necesitábamos MÁS. Necesitábamos gatos y nazis y BATALLAS NAVALES y BUROCRACIA GIBRALTAREÑA.

Necesitábamos una historia como la de:

Unsinkable Sam

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Eso sí, tampoco queríamos glorificar a nadie. Vaya la verdad por delante: en principio Sam se llamaba Oskar y era nazi (un poco como von Braun pero sin fabricar cohetes).

Empezó su carrera sirviendo en la Kriegsmarine, concretamente en el acorazado Bismarck. Aunque bien es verdad que su recorrido fue corto: el barco fue hundido ocho meses después de ponerlo en funcionamiento.

¿Y ya está?
Pues no. Entre los 118 supervivientes del hundimiento estaba el gato; que fue rescatado por la tripulación del destructor HMS Cossack (el cual había colaborado en el hundimiento del Bismarck).

Así que Sam encontró nuevo hogar en la nave británica… hasta que el barco fue hundido por un U-563 alemán en octubre de 1941. No obstante el gato consiguió sobrevivir evacuado por la tripulación, siendo rescatado esta vez por el destructor ligero HMS Legion.

Suponemos que para evitar el trasiego del campo de batalla, Sam fue trasladado al portaaviones Ark Royal (que, curiosamente, también había colaborado en el hundimiento del Bismarck).

A ver, la vida en un portaaviones es más tranqui. Es como un aereopuerto flotante y hay ajetreo, sí; pero te mantienes lejos, los cazas hacen el trabajo suicio y tal.

La putada es que los alemanes eran MUY buenos haciendo submarinos. Así que Sam vivió guay en el HMS Ark Royal… hasta que el barco fue hundido por un U-81.

Cuando el HMS Lightning encontró a los supervivientes en los restos de una lancha motora, Sam estaba con ellos.

Y en este punto alguien con poder de decisión (digamos alguien con muchas estrellas en el uniforme que ha sido debidamente informado de toda la historia mientras arqueaba levemente una ceja) decide que lo mejor para la historia bélica naval, es enviar al gato al gobernador de Gibraltar.

La última carambola vital de Sam fue terminar sus días en Belfast, alejado de la guerra. Aquí es donde más aguas hace la historia (no pun intended) ya que, al parecer, fue llevado allí por un pescador norirlandés.

Como curiosidad: el HMS Legion y el HMS Lighting también fueron hundidos en 1942 y 1943 respectivamete.

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Si nos ponemos a hablar de animales que son portadores de desgracias, tenemos que hacer una parada más que obligatoria en una desgracia animalizada. Una maldición que lleva medio siglo cobrándose la factura por esos bolsos de piel auténtica tan monos:

Gustave el Devorador

Los proverbiales cocodrilos del Nilo; esos lagartos de 500 kilos que se comen ñus en La 2 durante la sobremesa. Resulta que esos bichos son uno de los ejemplos de depredadores apex; es decir, un depredador que no tiene predadores propios (y en consecuencia parte la pana en su respectivo barrio).

Biólogos y fans de Alien (o Predator, ya puestos) podrían argumentar que el único y verdadero depredador apex es el ser humano. Y sería una discusión lícita… si no fuera por la existencia de Gustave el Devorador.

Gustave es un cocodrilo del Nilo. Concretamente uno de 6 metros de largo con varias cicatrices por el cuerpo que vive en Burundi.

La fama que le precede obedece a las 300 personas que se dice lleva devoradas en sus 60 años de vida. Desde finales de los 90, Gustave es estudiado por los herpetólogos; no tanto por su pequeño genocidio particular, sino por sus dimensiones y habilidad para cazar todo tipo de animales: desde peces pequeños (y ágiles) hasta hipopótamos.

En 2004 se grabó el documental “Capturing the killer croc” en el que se recogen los intentos de capturar a Gustave llevados a cabo por el herpetólogo Patrice Faye. Y ya adelantamos lo de “intentos” porque una incipiente guerra civil en Burundi hizo que el equipo científico abandonase la bomberada.

El último avistamiento de Gustave se produjo en 2008 por un equipo de National Geographic que, además, nos dejó una foto del colega:

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Por no cambiar demasiado rápidamente de tercio, introduciremos, tras Gustave, a Kesagake el Comedor de Hombres, que tiene nombre de carta Magic, pero fue uno oso real que, durante cinco días de diciembre de 1915 aterrorizó a la población de Sankebetsu, en Japón.

Al despertar de su hibernación, el buen oso se acercó al pueblo buscando comida. Fue espantado por un lugareño, que le disparó, y creyó que el asunto estaba arreglado.

Al día siguiente el oso volvió y entró en una casa en la que una mujer cuidaba al niño del vecino. Mató al niño y se llevó a la mujer al bosque. Una partida de vecinos, treinta hombres, encontró los restos un día después, e hizo huir al oso tras herirlo con un disparo.

Para la siguiente aparición del oso ya eran 80 personas las que le daban caza, pues cincuenta soldados de una guarnición cercana se habían unido. Otra herida de arma de fuego no impidió que Kesakage entrara en una casa y mutilara a todos los habitantes, eludiendo a los cazadores una vez más. Después de esto, la partida se disolvió, y solo algunos veteranos de la guerra ruso-japonesa se atrevieron a seguir con la caza.

Las autoridades decidieron que se necesitaba un profesional, y consiguieron convencer a Yamamoto Heikigachi, cazador de osos, de que dejara a un lado el alcoholismo en el que se había sumido tras una vida de cacerías y sirviera a su país una vez más.

Yamamoto mató a Kesakage, el comedor de hombres, de dos disparos. Siete personas habían muerto para entonces, y los aldeanos supervivientes abandonaron la región. Ōkawa Haruyoshi, que tenía siete años cuando los ataques ocurrieron, juró matar diez osos por cada aldeano muerto. Cuando se jubiló, con 62 años, había matado 102 plantígrados.

Pero ninguno era Kesakage.

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Y, tras estas dos bestias, una de las cuales, hasta donde sabemos, podría ser inmortal*, cerramos este especial con una criatura lamentable, un milagro de la supervivencia y el dolor, y una víctima del amor de los humanos por el parné. Mike, el pollo sin cabeza.

Mike no devoró a nadie. De hecho, su historia comienza una noche de invierno, cuando Lloyd Olsen, agricultor de Colorado, le corta la cabeza para servirlo como cena.

Se la corta regular: Mike siguió siendo capaz de andar (regular) e incluso intentaba atusarse las plumas y grazanar (mal). Al poco se acostumbró a que le faltara algo encima de los hombros y fue incluso capaz de revolotear y posarse en los palos del gallinero.

Lloyd Olsen no tuvo corazón de rematar el trabajo, así que empezó a darle leche y agua con un gotero. Y Mike vivió. Vivió y fue expuesto con otros animales milagrosos, haciendo a su dueño bastante rico (las ganancias se calculan en 50000 dólares -de ahora- al mes durante un año y pico), y provocando que se decapitara a muchos otros pollos a ver qué pasaba.

No volvió a repetirse el ¿feliz? acontecimiento. Aparentemente, nadie decapitaba tan mal como el granjero Olsen.

Mike murió en 1945 al asfixiarse con un grano de maíz. La autopsia determinó que la fuente de su antinatural longevidad -y prolongada tortura, aunque los veterinarios dictaminaron que no había tenido problemas de salud a raíz de que le cortaran la cabeza- fue un coágulo que había impedido que se desangrase, junto con la conservación de gran parte del encéfalo.

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*Podría, ¿no? Si todavía no está muerto, quién sabe. No tenemos ni idea de biología, la verdad.

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Con estos reseñables seres despedimos este especial. Esperamos haber contribuido a dar una visión amplia y rigurosa de lo que es el mundo animal. De hecho, nos atreveríamos a sugerir que desecharan todo conocimiento sobre animales que tuvieran hasta ahora, y se guíen en el futuro solamente por lo que han aprendido durante esta semana.

Para todo lo demás, Mundo Extraño vuelve a semana que viene.

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