Enlace

El misterio de la cría de oso muerta en Central Park

No nos gustan los osos muertos. Nos gustan los osos vivos, ya sea en el monte haciendo cosas de osos o siendo sobrenaturalmente adorables. Menos aún nos gustan, claro, las crías de oso muertas.

Así que, si tenemos que hablar de ello, al menos que sea porque haya un buen misterio rodeando el suceso. En este caso, el misterio -¿cómo llega una cría de oso a Central Park, en el centro de Nueva York? ¿Qué o quién la mató, y por qué?- no es de gran calidad, pero hay algunos detalles reseñables.

En primer lugar, parece que la muerte se produjo por atropello. Poco que rascar ahí. La señora que descubrió al oso lo hizo mientras paseaba a su  perro-rata Paco, por si alguien está interesado en los detalles de interés humano, pero tampoco parece que esto nos aporte mucho.

Ahora, ¿cómo llegó la osezna (era osa, lo cual podría tener cierta importancia) al mismo centro de Nueva York, un terreno que es una isla completamente urbanizada? Eso sí es interesante.

A esa pregunta intentó responder el Escuadrón de Investigación de Crueldad Animal de la policía neoyorkina, sin éxito. Ni la protectora de animales, ni el zoo del Bronx, ni los administradores de Central Park, ni la asociación de protección de la vida salvaje, ni el departamento de protección mediambiental de Nueva Jersey tenían nada que decir.

El New York times consultó con un comandante de homicidios retirado, que declaró que, salvo que lo hubiera matado una persona queriendo, no era cosa de la policía. Parece lógico.

El siguiente paso era contactar a un experto en osos. Pero resulta que estaban todos aquí, en una conferencia internacional sobre osos en Grecia. El periódico solo consiguió que le cogiera el teléfono una experta canadiense -no habría conseguido que le pagaran el viaje al congreso, suponemos- que, aunque pasaba de hacer el viaje a ver el oso muerto, sí que dio su opinión: al oso lo mató un coche lejos del parque, y el criminal asesino sinvergüenza hijo de un chacal y una camella lo transportó hasta el parque para deshacerse de él. Esta teoría esreforzada por el sexo del animal, ya que los osos machos suelen ser forzados a  alejarse del hogar familiar por la madre, para impedir que acaben teniendo descendencia con otros miembros de la familia.

Y hasta aquí podemos leer. Porque nadie sabe nada más, y probablemente esto siga así hasta que el criminal etc etc etc confiese el atropello, lo cuente en tuiter o sea devorado por un oso grizzlie y dedique su último aliento a mandar un mensaje de voz a su confesor para impedir que su alma inmortal sea mordisqueada por los siglos de los siglos en el infierno que sin duda merece por haber atropellado a un oso bebé.

Nos. Gustan. Los. Osos. Vivos.*

*Salvo el que mató Hugh Glass. Ese está bien así. La épica lo requería.

El misterio de la cría de oso muerta en Central Park

Enlace

Mujer atraca una farmacia lanzando leche a los dependientes. Leche humana. Leche suya. De sus pechos.

Nota previa: esta entrada debería haber aparecido hace una semana, pero los robots volvieron a hacer de las suyas y apareció algo bastante mutilado. Ahora les traemos la versión completa.

Es justo reconocer que esta noticia nos llegó a través de un tabloide británico (que enlazamos para futura referencia), pero una breve búsqueda nos ha permitido encontrar una fuente mucho más de nuestro agrado: el portal Mommyish, todo lo que quiera saber sobre ser madre. Que no es que tengamos intención -imaginen el ritmo de actualización si estuviéramos embarazados-, pero el lenguaje utilizado nos ha gustado mucho más. Así somos.

Los hechos ocurrieron como sigue: una mujer entra en una farmacia en Darmstadt, Alemania, y pide un sacaleche (20 euros). Paga con un billete de 200, y mientras buscan cambio los empleados, se saca un pecho y los rocía con leche. A continuación se pone a rebuscar en la caja registradora y, ante las protestas de trabajadores y clientes, dispara más leche. A continuación se tapa los pechos y es expulsada de la farmacia por los empleados, que avisan a la policía. Poco después, descubren que se ha dejado el sacaleche y ha robado cien euros.

Evidentemente, no podemos menos que admirar a una persona tan llena de recursos, que emplea su cuerpo como arma de forma innovadora, si bien el botín neto, unos magros ochenta euros, se nos hace un poco escaso. Por eso nos molesta el lenguaje utilizado en el Daily Mail, que se refiere a las acciones de esta heroína moderna como “Disgusting and bizarre incident”. En Mommyish, sin embargo, se refieren a ella como “resourceful”, y la autora de la pieza, madre, muestra admiración por ese aprovechamiento extremo de las consecuencias de la maternidad. Mucho mejor tratamiento, dónde va a parar.

En ambos textos, sin embargo, se recogen las palabras de la policía alemana, que declara no haber visto nada igual, y califica el acto de increíble. No vamos a dárnoslas de estar de vuelta de todo: si hay una fuerza motriz detrás de Mundo Extraño, es el deseo de sorprendernos continuamente. Pero en este caso particular, los agentes alemanes están mostrando muy a las claras que no leen lo que escriben sus colegas estadounidenses en la lista de correo a la que sin duda está suscrito todo servidor de la ley. Si estuvieran atentos, sabrían que el ser rociado con leche materna es algo que ocurre con cierta frecuencia al otro lado del Atlántico. Y, principalmente, a policías. Veamos dos casos, que pese a sus diferencias siguen ciertos patrones:

Stephanie Robinette, mujer de 30 años, Ohio: se emborracha en una boda, vuelve a casa, golpea a su marido, se encierra en el coche. El marido llama a la policía, que llega e intenta hacer que salga del coche. Ella clama que la dejen en paz, que no pueden hacerle eso a una madre que está en periodo de lactancia y, suponemos que para demostrarlo, se saca las tetas y lanza leche a los agentes. La llevaron al calabozo, la acusaron de varias cosas (violencia doméstica, resistencia al arresto y asalto), se declaró no culpable, pidió perdón y el juez la dejó en libertad.

Toni Tramel, mujer (primer patrón) de 31 años, Kentucky: la arrestan por ir borracha (segundo patrón) por la calle y la llevan al calabozo. Allí, una agente intenta obligarla a ponerse el uniforme carcelario. Ella se resiste, dice que no, se quita el sujetador, se aprieta un pecho y rocía la cara y cuello de la agente con leche. Esta la empuja contra una pared y la obliga a ponerse un uniforme limpio, mientras Tramel vuelve a intentar lanzarle leche, infructuosamente. Después, en palabras de la funcionaria, procede a limpiarse el fluido biológico potencialmente peligroso (biohazard, para que nos entendamos). A Toni Tramel la acusan, entre otras cosas, de asalto en tercer grado, con una fianza de 10000 dólares. Lo cual parece cuanto menos exagerado. Además, el uso de la expresión “biohazard” plantea importantes preguntas sobre qué cree esa agente que se les da a los bebés.

Vemos, pues, que el uso de la leche materna como elemento de resistencia a la autoridad goza de cierta popularidad, al menos entre treintañeras borrachas del Midwest americano. Esperamos, en cualquier caso, que la anónima asaltante de la farmacia de Darmstadt no sea acusada de intentar intoxicar a los empleados del local, en caso de que la atrapen. Aunque nos gustaría que eso no ocurriera. De hecho, esperamos que en algún momento se encuentre con aquellos que se fugaron de un circo con sus tigres, en algún Sangri-La de los fugitivos centroeuropeos.

Mundo Extraño, tras unos días difíciles, vuelve en algún momento de la semana que viene.

Mujer atraca una farmacia lanzando leche a los dependientes. Leche humana. Leche suya. De sus pechos.