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¡Se acabó el matar vascos en Islandia!

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No hace falta que recordemos a nuestros fieles lectores la querencia de los vascos por irse lejos a cazar ballenas. Esto, que tuvo su importancia, a veces salía bien, y a veces no. Este es uno de los casos en que no: treinta y dos vascos fueron asesinados en la zona de los Fiordos del Oeste. Es verdad que el epílogo, lo que provoca que tratemos este asunto, es la derogación de la ordenanza que permitía exigía matar cuantos más vascos mejor, algo que podemos considerar un feliz acontecimiento.

Pero, pese a lo que intenten contarnos en panfletos menos rigurosos que el nuestro, la historia no es tan sencilla como treinta y dos vascos “dejándose caer por Islandia” (literal, pinchen en el enlace) y siendo masacrados por los salvajes locales.

Los vascos, que llevaban décadas cazando ballenas en Terranova y alrededores, llegaron a Islandia en 1615, y alcanzaron un acuerdo con la industria local. Todo amistoso, una relación engrasada por la valiosa grasa de ballena. Hasta que la Naturaleza -y el Libro de la Ley islandés de 1281- hicieron aparición.

Tres barcos balleneros se disponían a abandonar Islandia al final del verano, cuando una tormenta los arrojó contra las rocas. Dos de los navíos encontraron abrigo, y semanas después emprendieron el regreso a su hogar. Parte de la tripulación del otro, liderada por Martín de Villafranca, buscó refugio en la costa. Y ahí intervino la ley de los hombres: el sheriff Ari Magnússon emitió dos ordenanzas, interpretando que, según el Libro de la Ley, los náufragos eran criminales (esto no suena para nada actual, no) y era de cajón que había que matarlos cuanto antes mejor. No hubo que, como dicen en el enlace de arriba, crear una nueva ley para permitir la muerte de vascos, ni es una ley lo que se ha derogado. Fue, simplemente, una interpretación poco garantista de la ley existente en la época.

Todo esto queda atrás ahora, tras un homenaje en el que (esperamos) historiadores y políticos de ambas naciones habrán ahogado sus diferencias en hidromiel y txakoli.

¡Se acabó el matar vascos en Islandia!

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