Vídeo

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Donald Trump. El hombre sobre el que todo el mundo se hace la misma pregunta: ¿quién maneja su barca pelo? Un hombre con la capacidad expresiva de Nicholas Cage, y que podría ser el próximo presidente de los Estados Unidos de América. O no, vamos, que nadie da un duro por él. Porque está loco, como prueba el vídeo de arriba.

No vamos a explicar en detalle sus locuras, porque a estas alturas no debería ser necesario y porque la última vez que miramos google seguía funcionando. Mencionemos solo uno de sus ataques a mexicanos, centroamericanos, personas que no son completamente blancas ni naranjas, etecé, esas declaraciones en las que insinuaba de forma poco disimulada que los mexicanos violaban más que los blancos. Es que son sus costumbres, claro. No es culpa de Trump. Tampoco es culpa suya que su ex esposa diga esto ni que su boca hable así de su hija. Míralo, ahí atacando la familia nuclear y destruyendo tópicos sobre el incesto.

Centrémonos. Lo que nos importa es que se metió con los mexicanos de forma racista, ignorante y peligrosa. Entre otros, para él. Un grupo de brujas hispanas de Brooklyn ha decidido que la venganza es un plato que se puede servir frío o templado, pero que mejora mucho si va acompañado de un poco de magia ritual. Hay muchos escritores ignotos con ansias de justicia social por ahí, pero pocos que tengan acceso a una madre santera. Yeni Sleidi decidió aprovechar esa peculiaridad de su progenitoria y le pidió que hiciera algún hechicillo. Madre e hija invitaron a una cábala bandada multitud pandilla de amigas, algunas brujas y otras no, y les pidieron que contribuyeran. El ritual, en el que se lanzaron hechizos de protección para no blancos frente a Trump, además de un hechizo de alopecia, está en este hermoso vídeo.

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Que los poderes oscuros y la imparable decadencia de los folículos capilares las escuchen.

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Osos hambrientos asedian un pueblo ruso

Llevábamos demasiado tiempo sin hablar de Rusia. Una semana, por lo menos. O seis días. Y hace mucho más que no hablamos de animales violentos.

No sé por qué estamos dando tantas explicaciones. El titular se defiende solo.

Eres ruso. Pero no ruso del oeste, ni del medio, ni del norte. Vives en el extremo de la Gloriosa Unión Madre Patria, entre la Korea Buena y la China excomunista. En Moscú nadie se acuerda de ti, pero en fin, hay una pequeña subvención para los que acepten vivir en Primorsky, junto al mar de Japón, y entre eso y que tus abuelos eran de allí, pues qué remedio. Además, el frío, el aislamiento y el vivir en un pueblo de 20000 habitantes junto a dos fronteras levemente conflictivas no te importan mucho. Al fin y al cabo, eres ruso. ¿Qué podría asustarte?

Eres un oso. Los osos, como los ciervos, las golondrinas y algunas personas, no tienen patria ni bandera. Pero alguna vez, cuando te has alejado demasiado de tu zona habitual de forrajeo, te has encontrado con otros osos que parecían algo tímidos. No, no tímidos, la palabra que buscas en tu cerebro de oso, que no está demasiado bien preparado para realizar juicios de carácter, y menos para expresarlos con palabras, es pusilánime. Esos osos, que a veces eran más grandes que tú y tus colegas, sistemáticamente agachaban las orejas y te dejaban las mejores bayas, aunque estuvieras en su territorio. Tú te encogías de hombros y comías gustosamente, pero no puedes negar que hay algo en ti que te hace diferente. Además, alguna vez ha llegado hasta tus oídos una musiquilla que ha hecho que se te erice el pelaje. No puedes negarlo: eres un oso, pero también eres ruso. Eres un roso.

En efecto, lo único que puede aterrorizar a un curtido ruso del este es otro curtido (plantígrado) ruso del este. Los ciudadanos de Primorsky lo han descubierto recientemente, cuando al menos treinta osos hambrientos (este año ha habido pocas nueces y los osos se han puesto nerviosos) han empezado a atacar a personas y animales en los alrededores de varias ciudades. Y, en el caso de Luchegorsk, dentro del pueblo: según las autoridades locales, dos osos, uno del Himalaya y otro marrón, se han enseñoreado de la ciudad, y atacan a quien les parece. Hay al menos otras tres docenas de osos rodeando la ciudad. De momento, los ataques se han limitado a panales de abejas, señores que pasean su perro y señores que salen al balcón (un oso estaba escondido debajo y le saltó encima. Tremenda y terrorífica inteligencia la de estos animales). Así que, si no tienes perro, ni panales ni balcones, estás a salvo. Dentro vídeo de ataque a señor con perro.

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Las autoridades han empezado a cazarlos y asustarlos con las sirenas de los coches de policía (precioso vídeo; piensen en ese bicho corriendo a esa velocidad hacia uno, y no huyendo), y dicen que está la cosa controlada. No sabemos si creerlo. De momento, al menos, los osos no han empezado a profanar tumbas para buscar comida (saludos al Guardian, que usa la misma foto de stock para todas sus noticias sobre plantígrados). Aunque los Expertos dicen que la cosa va a ir a más, que los osos se están quedando sin comida, y las ciudades están llenas de proteínas.

Osos hambrientos asedian un pueblo ruso

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No deis drogas a los homeópatas

Como plan de viernes, juntar a un montón de homeópatas (”holistic doctors”, según alguna web en la que allá cada uno si entra) en un pueblo cerca de Hamburgo y darles drogas psicodélicas es de lo mejor que se nos ocurre.

También es verdad que lo de verlos rodar por la hierba y balbucear debe de volverse un poco aburrido al cabo de un rato, pero los primeros diez minutos tienen que ser material de primera calidad para Vine.

De momento, las autoridades alemanas dicen que no podían asegurar qué es lo que había pasado, dado que ninguno de los afectados estaba muy hablador. Cosas de los estupefacientes.

El propietario del chiringuito en el que se celebró el curso dijo que él no sabía nada, previsiblemente antes de alejarse silbando con las manos en los bolsillos. La asociación alemana de homeópatas ha ido por el mismo camino: que la homeopatía no tiene nada que ver con tomar productos que alteren el comportamiento.

Solo faltaría que acusaran a la homeopatía de hacer algo.

No deis drogas a los homeópatas

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Dos niños de cinco años escapan de una guardería rusa cavando un túnel

Que dos niños de cinco años quieran conseguir un coche deportivo nos parece muy mal, un síntoma de una sociedad enferma y cochecéntrica obsesionada con el consumo.

Que dos niños de cinco años excaven un túnel bajo una verja y escapen de la guardería nos parece maravillosamente bien, sea cual sea su objetivo.

Por resumir: niños rusos (¡bien!) que deciden huir de la guardería (¡magnífico!) cavando un túnel como si fueran prisioneros de los nazis (¡esplendoroso!). Podemos perdonarles lo del coche.

No solo eso, sino que construyeron el túnel (que empezaba en el cajón de arena, obvio punto débil en la arquitectura opresiva de la guardería, conducto de ventilación en la Estrella de la Muerte de la educación preescolar) a lo largo de varios días, hasta que un día de paseo vigilado llegó su oportunidad y, veloces como moradores de las arenas, escaparon de la no demasiado atenta mirada de sus guardianes.

A continuación caminaron durante media hora hasta un concesionario, donde pretendían comprar un Jaguar. Una conductora los recogió antes de que llegaran, frustrando su intento de explicarle al vendedor que no tenían dinero, pero sí mucha ilusión.

Dos niños de cinco años escapan de una guardería rusa cavando un túnel

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¡Continúa la guerra sucia contra los cerdos vietnamitas!

Ya advertimos de la crueldad con la que se estaban enfrentando las Autoridades Competentes a los cerdos vietnamitas en Benidorm. Nos impactó tanto esta historia de burbujismo e irresponsabilidad humana que le dedicamos parte de nuestro Anuario 2014.

Fuere cual fuese el final de esa historia*, es evidente que el problema dista de ser algo endémico de Benidorm. En la periferia de Lleida los cerdos vietnamitas abandonados por sus desaprensivos dueños al alcanzar las ocho arrobas han adoptado una exitosa y -suponemos- divertida estrategia de supervivencia: cruzarse con jabalíes silvestres. Los híbridos resultantes tienen la dureza de un jabalí y la voracidad reproductiva y gastronómica de un cerdo vietnamita, por lo que resultan prácticamente indestructibles**.

La maquinaria represiva del Estado, por supuesto, no podía permitir que este desafío durara, por lo que, utilizando como excusa el peligro que suponen para los conductores y los daños que producen en los campos, ha puesto a sus matones a acabar con los cochinos que encuentren, además de aconsejar a los cazadores que no tengan piedad con ellos.

Nuestros pensamientos están con estos animales, criados como juguetes y aniquilados como alimañas, que han superado las trampas que se les han puesto para disfrutar de una precaria libertad. Ojalá les dure.

*De hecho, no sabemos cómo acabó la saga de los cerdos vietnamitas en Benidorm, pues todos nuestros intentos de averiguar algo más se han encontrado con el Muro de Silencio de la Burocracia, en lo que no puede sino ser una conspiración.

**Licencia literaria.

¡Continúa la guerra sucia contra los cerdos vietnamitas!

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A todos los preocupados por la inminente guerra de robots voladores, traemos un consuelo: no estaremos solos cuando empiece el conflicto. Nuestros primos peludos están con nosotros. O al menos contra los robots, que para el caso tendrá que valer.

El mensaje que transmite el chimpancé del vídeo es, a grandes rasgos: bicho volador, tu utilidad es que yo me saque selfies. Y punto. Robotito go home. Y tú, que estás mirando desde tu ordenador. O estás con los roboces o estás conmigo. Y yo tengo un palo.