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Dos niños de cinco años escapan de una guardería rusa cavando un túnel

Que dos niños de cinco años quieran conseguir un coche deportivo nos parece muy mal, un síntoma de una sociedad enferma y cochecéntrica obsesionada con el consumo.

Que dos niños de cinco años excaven un túnel bajo una verja y escapen de la guardería nos parece maravillosamente bien, sea cual sea su objetivo.

Por resumir: niños rusos (¡bien!) que deciden huir de la guardería (¡magnífico!) cavando un túnel como si fueran prisioneros de los nazis (¡esplendoroso!). Podemos perdonarles lo del coche.

No solo eso, sino que construyeron el túnel (que empezaba en el cajón de arena, obvio punto débil en la arquitectura opresiva de la guardería, conducto de ventilación en la Estrella de la Muerte de la educación preescolar) a lo largo de varios días, hasta que un día de paseo vigilado llegó su oportunidad y, veloces como moradores de las arenas, escaparon de la no demasiado atenta mirada de sus guardianes.

A continuación caminaron durante media hora hasta un concesionario, donde pretendían comprar un Jaguar. Una conductora los recogió antes de que llegaran, frustrando su intento de explicarle al vendedor que no tenían dinero, pero sí mucha ilusión.

Dos niños de cinco años escapan de una guardería rusa cavando un túnel

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