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(Un) Spiderman salva a una familia

Si alguna vez os habéis cortado el dedo con una cortacésped ya sabréis que es una experiencia extremadamente dolorosa, que hace que aparezcan en la mente de uno imágenes de veteranos de Vietnam sin piernas, cirujanos militares en Pensilvania cortando brazos con un serrucho y piratas que no tuvieron más remedio que empezar en ese mundo cuando su prometedora carrera como oficiales de la Royal Navy se vio truncada por una bala de cañón a la altura de la rodilla.

Nadie quiere empezar su día así, temiendo por el alma inmortal de su dedo. Pero tampoco piensas que eso no sea lo peor que te va a pasar ese día. No se te ocurre, por ejemplo, que los bajos de tu coche vayan a empezar a arder mientras tu esposa embarazada te lleva al hospital, con vuestro hijo pequeño en el asiento trasero, que los abuelos están en la reunión semanal de su club de lectura anarquista y no pueden hacerse cargo de él.

Sin embargo, tampoco se te pasa por la cabeza que Spiderman vaya a salvaros la vida a los tres. Aunque sea un Spiderman jovencito y sin poderes, un chaval que venía de un cumpleaños de hacer reír a los niños, pero que se dio cuenta de que vuestro coche estaba a  punto de convertirse en una bola de fuego y, tras instaros a salir corriendo con el churumbel en brazos, te condujo al hospital. A tiempo de impedir que el dedo pasara a ser un aperitivo.

Spiderman siempre fue el mejor superhéroe.

(Un) Spiderman salva a una familia

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¡Descubierto un amplísimo espacio vacío en un polideportivo!

“¿Cuánto ocupa un sueño?” “¿Es posible encerrar a un ángel?” “¿Puede ponerse coto a las pesadillas?” “¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un opositor en completa oscuridad?” “Se nos ha ido la mano con el tamaño, ¿creéis que si tabicamos esto con pladur alguien se dará cuenta?”

El anterior alcalde de Arganda del Rey, Pablo Rodríguez, se planteó sin duda alguna de estas preguntas en 2011 cuando, tras construir un polideportivo de considerables dimensiones, procedió a tapiar 1200 metros cuadrados del mismo. Este enorme espacio vacío fue heroicamente liberado la semana pasada por un obrero municipal, que utilizó hábilmente un mazo para destruir la prisiónd de pladur. Ya han empezado la vorágine de planes para poner el nuevo gimnasio al servicio de la ciudadanía, ansiosa por practicar kárate, zumba e incluso chachachá.

Pero este prosaico final no debe distraernos del misterio, de las intenciones del ayuntamiento al ocultar ese pequeño trozo de realidad de la molesta mirada del público. ¿Qué pretendían? Nadie lo sabe. Las malas lenguas hablarán -ya lo hacen- de imprevisión, de sobredimensión de las obras, incluso de favores debidos.

Qué prosaico. Nosotros creemos en ti, Pablo Rodríguez Sardinero. No dejes de intentar encerrar ángeles en espacios cerrados que huelen a humedad.

¡Descubierto un amplísimo espacio vacío en un polideportivo!