Eichmann en Murcia

[Una contribución de Chococriskis, corresponsal en Murcia y experta en ufología.]

Una de las constantes en los juicios de Núremberg
fue la dificultad para determinar cómo es posible que un individuo sea capaz de distanciarse de sus actos hasta el punto
de dejar de ser consciente de su responsabilidad en estos.
Como refleja tan bien la maravillosa The
Reader
(2008), la lógica retorcida que surge de ese distanciamiento, si
bien grotesca y absurda para el público que contempla la sucesión de
acontecimientos desde fuera, no solo tiene para el ejecutor de las decisiones
todo el sentido del mundo, sino que también le exime de culpa.

Sin duda algo de esto subyace en el fondo de
una de las frases que imagino que ninguna persona se imaginaría tener
que proclamar algún día ante un tribunal: «Fui a
ver ovnis y lancé una bengala, pero no provoqué el incendio».

Como el lector
habitual de Mundo Extraño habrá intuido, a partir de esa sentencia la historia solo
puede ir hacia arriba.

La noche del 9 de junio de 2012 se producía
en el espacio natural de la sierra de La Muela (Murcia) un incendio que arrasó más
de diez hectáreas de terreno protegido
.
Los
habitantes de la región levantina, acostumbrados desde hace décadas al «hago
chas y urbanización en paraje natural», se sorprendían poco de este
acontecimiento. Las leves expresiones de asombro vinieron cuando días después
detenían a un Señor Normal y Corriente por provocar presuntamente el incendio. El
gran asombro llegó cuando resultó ser un Señor
Normal y Corriente que Acudió a una Alerta ovni de Iker Jiménez* y le Prendió
Fuego al Monte Sin Querer.

Recreación de la escena campestre. Todos los derechos de la imagen son de sus autores, todo el poder es de los sóviet.

En la primavera de 2015 comienza el juicio de Andrés S.A. (el artista
anteriormente conocido como Señor Normal) y aquí es donde la historia se pone
deliciosamente loca, ya que la Defensa solicita la absolución y todo el proceso
judicial comienza a orbitar no sobre si el acusado es el responsable o no de
tirar la bengala, sino sobre si existe correlación entre el hecho de arrojar
una bengala caducada al monte y que el monte se incendie
.

Las declaraciones no tienen desperdicio:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=sgPpUB6oX5Q?feature=oembed&enablejsapi=1&origin=https://safe.txmblr.com&wmode=opaque]

Durante el juicio, Andrés afirma que llevaba en el coche una caja de
cohetes de su barco que estaban caducados para cambiarlos en Capitanía Marítima
de Cartagena, «pero estaban en buen estado por el cuidado que
habían tenido». El día de la alerta ovni, Andrés acudió a la sierra, punto
desde el que sin duda sería más fácil descubrir en el cielo alguna prueba de
que no estamos solos en el universo. Una vez ahí, no sabemos si para ponerse en
contacto con sus amigos dada la ausencia de cobertura en el paraje o bien para alertar
de su presencia a ellos (esta es la versión del acusado) o a cualquier ser que pudiera está observándole (esta es nuestra versión), lanzó
un cobete cohete al aire. Después se marchó «y regresé al ver los camiones de bomberos, pero
nunca me planteé ser el causante» declara, añadiendo que, según había leído en las etiquetas de las cajas
de esos cohetes «no son peligrosos para usar en el monte, pues se
apagan antes de caer**». También sostiene que
desconocía que estuviera en un entorno protegido, recalcando que no había
cartel alguno que lo señalase.

Asimismo, el bueno de
Andrés defiende que si escondió el resto de los cohetes (destaquemos que las
declaraciones a este respecto pasaron de «me
los robaron» a «los
olvidé en el monte» a «los escondí»)
fue por miedo a que si los encontraba la policía en un hipotético registro,
pudieran pensar que él era el responsable del incendio (vete tú a saber por
qué, Andrés). El Seprona afirma que las bengalas «nunca se utiliza en masas forestales» y la Fiscal, por su parte, no puede creerse que estén
discutiendo esa mierda
apunta que sin duda existe relación entre el
lanzamiento de la bengala y el incendio.

Finalmente,
Andrés es condenado a cuatro años de prisión y una multa de 1095 euros (aparte de los 50000 euros que costó la extinción) por
causar el incendio
y poner en peligro la vida de cuatro personas que se
encontraban en ese momento en la sierra, aunque se le exime de a pagar los
175.000 euros reclamados por la Fiscalía por los gastos de reforestación.

Aunque probablemente todo esto haya sido solo una estrategia de defensa
y Andrés sepa tan bien como sabe el resto de la humanidad (aunque seguro quele
parece menos gracioso) que él incendió el monte, cabe la posibilidad de que no
sea así. Cabe la posibilidad de que en su mente se haya cometido una gran
injusticia. Si el cerebro humano puede llegar a aferrarse a la idea de que estar
obedeciendo órdenes te libera de la responsabilidad de estar participando en un
genocidio, no es tan loco pensar que pueda convencerse de que tirar un cohete en un monte durante una calurosa noche de verano
y que en ese mismo espacio se produzca un incendio son hechos simplemente
coincidentes en el tiempo.

*Alerta ovni en la que Iker comienza su llamada a filas con un “Yo soy hijo de las alertas ”. Cómo no lanzarse al monte cual bandolero en busca de la verdad extraterrenal después de eso.

**A lo mejor el riesgo de incendiar el suelo es menor en el mar que en medio del pasto seco del junio murciano. Podría ser. No sabemos.

Enlace

Atocha caníbal

Nota: la redacción quiere aclarar que el título es cierto si y solo si eres una tortuga. Si no eres una tortuga, como mucho podrás ser testigo del macabro espectáculo de cómo el paraíso* del estanque tortuguil de Atocha se convierte en Campo de batalla: las fauces de tu hermana tortuga.

*En varias noticias, probablemente sacadas de una nota de prensa, se habla del paraíso de Atocha. No sabemos qué tipo de descerebrado ha podido considerar en algún momento que un estanque en una estación el que se hacinan cientos de tortugas podía ser un paraíso, pero sin duda suyo será el reino de los cielos. O una versión low cost del mismo.

Atocha caníbal