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Un señor se hace terrorista por razones que resultan tranquilizadoras y de risa para gran parte de la población, dan un miedo que te cagas al resto

Lo de que un más que probable baño de sangre en nombre de un proyecto político totalitario y chungo en general (de entrada todo el mundo asume que si alguien secuestra un avión lleva el carnet de ISIS en la cartera, ¿no?) termine en un señor diciendo que en realidad no lleva explosivos y lo que quiere es darle una carta a su ex mujer, bien. O sea, el nivel de comedia es altísimo, con homenaje a Aterriza como puedas incluido. Nada que objetar, sobre todo por lo de que no ha muerto nadie.

Si vas al detalle, ves que hay un señor que tiene tan claro que su ex mujer debe conocer su opinión de que juntos están mejor que considera adecuado secuestrar un avión lleno de gente. Y eso ya regular. Remitimos a los profesionales, que lo explican mejor.

Para incidir aún más en el punto chungo-comédico, tenemos nada menos que al presidente de Chipre, que a la pregunta de si el secuestro tenía que ver con la ex mujer, respondió:

“Siempre tiene que ver con una mujer.”

El que el presidente de un país, por pequeño que sea, diga frases sacadas de los descartes de las obras de adolescendia de Raymond Chandler nos muestra que igual no todo el mundo puede ser presidente. Que igual te exigen una adhesión a los más casposos tópicos y un fumar tabaco negro al que no todos estaríamos dispuestos.

Un señor se hace terrorista por razones que resultan tranquilizadoras y de risa para gran parte de la población, dan un miedo que te cagas al resto

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Se veía venir. Era evidente que la cruel moda de dejar trozos de animales marinos en sitios improbables alcanzaría la capital en algún momento, y entonces alguien empezaría a tomarse en serio la amenaza que los perpetradores de estos crímenes, probablemente una nueva tribu urbana, una subcultura dañina y antisocial, suponen para nuestro dolorido país.

Ha sido necesario que un anónimo y aterrorizado ciudadano encuentre los restos albardados de un delfín en medio de la Casa de Campo de Madrid para que la policía actúe. Parece que no fue suficiente con las alarmas que el Cuarto Poder hizo sonar en Extremadura, tierra eternamente ignorada (salvo alguna cosa), cuando aparecieron trozos de tiburón en una presa de Hornachos, Badajoz. Igual es que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, poco duchas en asuntos acuáticos, no se dieron cuenta de que un pantano de agua dulce no es lugar para un escualo. O quizá no les importó el saber que alguien se dedicaba a lanzar tiburones (¿vivos? ¿muertos?) al río lejos de la capital. O igual es que el prejuicio existente hacia los tiburones y el amor que despiertan los delfines (bichos dañinos y crueles, no lo olvidemos) nubló su normalmente preclaro juicio.

Pero ahora tendrán que actuar. La cercanía de los hechos a la centralidad del tablero nacional los obliga a ello. De momento no hay muchas pistas acerca de la identidad del autor. Como hemos manifestado, parece obvio que los culpables serán jóvenes antisociales. Siempre lo son.

¿O es esto demasiado obvio? ¿Podría ser que una mente maestra, alguien que considera que merece reconocimiento y al que le fue arrebatado el éxito de la punta de los dedos, haya urdido el plan? Alguien a quien una pizca de arrogancia haya hecho desvelar sus cartas demasiado rápido. Alguien que solo quiere ver el mundo bajo las aguas.

Alguien como El Comodoro.

El Tridente de Neptuno.

La Espuma de la Ola.

El Siervo de las Náyades.

El Que Desgasta Las Conchitas.

El Remero.

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Se veía venir. Era evidente que la cruel moda de dejar trozos de animales marinos en sitios improbables alcanzaría la capital en algún momento, y entonces alguien empezaría a tomarse en serio la amenaza que los perpetradores de estos crímenes, probablemente una nueva tribu urbana, una subcultura dañina y antisocial, suponen para nuestro dolorido país.

Ha sido necesario que un anónimo y aterrorizado ciudadano encuentre los restos albardados de un delfín en medio de la Casa de Campo de Madrid para que la policía actúe. Parece que no fue suficiente con las alarmas que el Cuarto Poder hizo sonar en Extremadura, tierra eternamente ignorada (salvo alguna cosa), cuando aparecieron trozos de tiburón en una presa de Hornachos, Badajoz. Igual es que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, poco duchas en asuntos acuáticos, no se dieron cuenta de que un pantano de agua dulce no es lugar para un escualo. O quizá no les importó el saber que alguien se dedicaba a lanzar tiburones (¿vivos? ¿muertos?) al río lejos de la capital. O igual es que el prejuicio existente hacia los tiburones y el amor que despiertan los delfines (bichos dañinos y crueles, no lo olvidemos) nubló su normalmente preclaro juicio.

Pero ahora tendrán que actuar. La cercanía de los hechos a la centralidad del tablero nacional los obliga a ello. De momento no hay muchas pistas acerca de la identidad del autor. Como hemos manifestado, parece obvio que los culpables serán jóvenes antisociales. Siempre lo son.

¿O es esto demasiado obvio? ¿Podría ser que una mente maestra, alguien que considera que merece reconocimiento y al que le fue arrebatado el éxito de la punta de los dedos, haya urdido el plan? Alguien a quien una pizca de arrogancia haya hecho desvelar sus cartas demasiado rápido. Alguien que solo quiere ver el mundo bajo las aguas.

Alguien como El Comodoro.

El Tridente de Neptuno.

La Espuma de la Ola.

El Siervo de las Náyades.

El Que Desgasta Las Conchitas.

El Remero.

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ISIS no atenta en Badajoz; se produce una avalancha y se reaviva el sentimiento independentista

Una procesión en la muy pía ciudad de Badajoz; calles estrechas, gente enfervorizada, hermosas tallas desfilando entre los centenarios muros del casco antiguo.

¡Un golpe!

Alguien empieza a correr, otros gritan, se rumorea que se han oído tiros e invocaciones a Alá. Costaleros que abandonan el paso de la Soledad Coronada sin saber qué pasa, aislados del ruido por la divina presencia, ancianos y ancianos corriendo, niños abandonados por sus padres, las casas en ruinas habitualmente ocupadas por yonkis convirtiéndose en refugio antiterrorista de gente bien que solamente pisa esas calles dos veces al año, y probablemente no las reconozcan sin los cirios de por medio. Pánico, caos. Rumores de que la virgen estaba en llamas.

Hasta que el nazareno mayor toma el megáfono, de reciente adquisición, y calma a las aterrorizadas masas. Las aguas vuelven a su cauce, termina la procesión de forma abrupta, se comprueba que, miedo y alguna magulladura aparte, no ha habido que lamentar víctimas.

[En este momento se averigua que el ruido vino de la patada que un señor borracho dio a una puerta de chapa. No deja de tener su gracia que la ciduadanía pacense se alarme tanto por lo que haga una persona ebria, con lo a gusto que estuvieron teniendo de alcalde durante largo tiempo a un gran fan del pirriaque.]

Para terminar, el periódico local sube la noticia a su web (con mucho más detalle que la descafeinada versión que circula por las agencias, y llamando a lo ocurrido “avalancha” y no “estampida”, algo muy agradecido por sus lectores). Y, a posteriori, todo el drama queda justificado: el reguero de comentarios defendiendo y atacando la independencia de Badajoz muestra que una buena catarsis terroristorreligiosa saca lo mejor de un pueblo, y que gracias a la Virgen de la Soledad Badajoz será cantón independiente, enclave entre España y Portugal, puerto de mar y quién sabe qué más.

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No a la cuadrupedia.

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Sí al integrismo religioso con denominación de origen.

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Sí a la vigencia de las reclamaciones territoriales de hace mil seiscientos años.

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No a los capillitas que no abren fuego contra un borracho que le pega una patada a una chapa.

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Sí a Badajoz Objetivo Terrorista 2016.

ACTUALIZACIÓN: una nueva pieza de gran interés humano y periodístico informa de que a) la hermandad de la Soledad va a hacer una misa para agradecer a la Virgen que no hubiera heridos (lógico) y b) hay dos nuevas versiones sobre el origen de la avalancha.

Versión 1: dos hermanos que llevaban a su madre en silla de ruedas se pusieron a discutir, y uno de ellos intentó golpear al otro CON LA SILLA, originando el tumulto.

Versión 2: una mujer entró a un bar con el pelo en llamas, pidiendo ayuda para apagar el incendio capilar, y simultáneamente el borracho anteriormente citado pegó un golpe a una chapa. Y se armó la gozadera.

ISIS no atenta en Badajoz; se produce una avalancha y se reaviva el sentimiento independentista

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La cultura funeraria se muere

El Ayuntamiento de Zaragoza está preocupado por la poca vida que parece tener la cultura funeraria local, y ha tenido la desde ya eterna idea de convocar un vital concurso para traerla de vuelta del Hades.

Si usted tiene un epitafio criando malvas en el fondo de su cerebro, quizá ahora pueda darle una segunda existencia. ¡No pierda esta oportunidad de alcanzar la inmortalidad literaria!

La cultura funeraria se muere

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Intentan convertir en vampiro a un muchacho. Sale mal.

Que te maten con una botella rota en un cibercafé llamado Freakshop en el estado mexicano de Chihuahua es horrible y un final trágico para una vida, te pongas como te pongas. Que los que lo hagan sean tres supuestos colegas que pretendían convertirte en un vampiro de parte de la secta Baphomet 1 no mejora mucho las cosas, por lo menos para la víctima.

Para los demás sirve de advertencia, al menos: no intentéis convertir a la gente en vampiros, aunque internet parezca ponerlo muy fácil.

Intentan convertir en vampiro a un muchacho. Sale mal.

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Roban cien mil libras en animales disecados. Incluye un chimpancé con colmillos y sombrero de copa

Roban en Londres un montón de animales disecados, y la policía dice lo siguiente: 

“This was not a random crime, the burglars had came prepared and well
equipped. This was a criminal enterprise and these thieves need to be
stopped before they commit further crimes.“

O sea, que los ladrones son unos profesionales y que podría empezar una cadena de robos de animales disecados.

Pues mira, mal no nos parece. O sea, que una peña coge un precioso chimpancé, lo mata, lo diseca FATAL y le pone un sombrero y una corbata, y los malos son los que lo roban.

No, a ver. Por partes.

Matar chimpancés: mal.

Disecar chimpancés: mal. Venga, si se hizo en el siglo XIX, lo has heredado de tu extravagante abuela, te tocó en una rifa y no sabías cómo deshacerte de él… ok. Pero es sospechoso. Y por dios, vaya desastre de dientes. Qué terror.

Ponerle sombrero de copa y corbata de despedida de soltero: FATAL. MUY MAL. O sea, no. Hay una forma correcta de que un chimpancé se maquee: que lo haga por su propia voluntad. Tú dejas la corbata y el sombrero al lado. Si se los pone, enreda con ellos, te expresa educadamente que lo ayudes con el nudo Windsor, adelante. Si luego ese chimpancé, con el que llegas a desarrollar una relación de respeto fraternal, fallece y no puedes vivir sin él y tienes que disecarlo y ponerle la corbata y el sombrero porque así vivió y así permanecerá, perfecto.

Pero es evidente que este no es el caso, porque nadie que ame a un chimpancé como un chimpancé debe ser amado lo pondría en la grotesca situación de exhibir los dientes amenazante mientras lleva ese divertido sombrero.

Concluimos, pues, que bien robados están los animales. Y que ojalá los ladrones no los vendan, sino que les den un entierro adecuado y los traten con el respeto que merecen. Nadie quiere exponerse a la ira del espíritu de un chimpancé con sombrero de copa.

Roban cien mil libras en animales disecados. Incluye un chimpancé con colmillos y sombrero de copa