El hombre que traicionó a su país por un melón

Carecemos por desgracia de imágenes de Charles Domery. Si hacemos caso a los relatos de la época, no tiene mucha importancia: era un hombre alto, más de metro noventa, y de aspecto agradable, pero nada más. Ningún rasgo físico, ninguna señal externa indicaba la incesante guerra que se desarrollaba en su interior.

Y es que Charles Domery era un hombre hambriento. Permanentemente hambriento. Nació en Polonia en 1778. A los trece años se alistó en el ejército prusiano y fue enviado a participar en el asedio de Thionville, al noreste de Francia. Los rigores de la guerra hacían que las raciones prusianas fueran bastante escasas, cosa que a Charles le pareció mal. Tan mal, que se rindió al ejército francés.

Estaba asediando una ciudad y ENTRÓ en la ciudad para rendirse. Como recompensa a tan extraordinario hecho el general francés al mando de la guarnición le regaló un melón, que devoró entero, con cáscara y todo.

El consumo del melón marcó el comienzo del servicio de Charles en el ejército revolucionario francés. Es decir, que traicionó a su país por un melón. Es nuestra persona favorita desde ahora y para siempre.

Durante un año estuvo acuartelado cerca de París. En ese período devoró 174 gatos. Si no había gatos ni hígado de toro crudo, su plato favorito, comía unos dos kilos de hierba al día. Aparte, tenía raciones dobles

Pasó luego a servir en el navío Hoche, donde intentó comerse la pierna de un compañero, que había sido cercenada por una bala de cañón. Los otros tripulantes lo impidieron, y algún tiempo después la nave fue capturada por los británicos. Charles se convirtió en prisionero de guerra en Liverpool.

Allí, la ración diaria era de tres cuartos de kilo de pan, un cuarto de verduras y algo de queso. A él le ponían la ración de diez hombres. Aparte, se comió al gato de la cárcel, a más de veinte ratas que cometieron el fatal error de meterse en su celda, y una cantidad indeterminada de velas de sebo. Y las medicinas que les sobraban a sus compañeros, que consumía sin sufrir ningún efecto secundario.

Pese a que la comida la pagaba el ejército francés, el comandante de la cárcel debió de pensar que cuanto antes se librara de semejante prodigio de la naturaleza, mejor, y recurrió a la Comisión de Enfermos y Heridos, que se encargaba de la salud de los prisioneros de guerra. Estos decidireron que qué menos que experimentar con Charles, cuya nacionalidad en este punto podríamos definir como Añade Más Riñones A Ese Cuenco, Posadero.

A lo largo de veinticuatro horas le dieron: dos kilos de ubre de vaca cruda, cinco kilos de ternera cruda, dos docenas (un kilo) de velas de sebo y cinco botellas grandes de cerveza. Ni su temperatura ni su pulso se alteraron. Ni cagó, ni meó, ni vomitó.

No sabemos qué fue de Charles, el hombre que vendió a su patria por un melón, tras salir de la cárcel de Liverpool. No nos importan las múltiples teorías sobre su fantástico apetito.

Nos basta con saber que no estamos solos.

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Roban siete jamones en un bar y los detienen siguiendo el rastro de grasa

No podemos sentir demasiada antipatía por unos ladrones tan extremadamente torpes, y tampoco por alguien que roba jamones. Es que son jamones, cómo resistirte.

Pero, si hay que elegir, estamos con las dos señoras que siguieron, mediante la vista y el olfato, el rastro de grasa hasta el domicilio de los ladrones.

Roban siete jamones en un bar y los detienen siguiendo el rastro de grasa

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Un alemán aparece momificado dentro de su velero a la deriva en la costa de Filipinas

Podríamos dejar el titular y ya está. Esta historia no mejora con los detalles, aunque estos no careczcan de interés: pescador filipino ve un barco a la deriva, semihundido, y decide acercarse a investigar. Y, en la mejor de las tradiciones de los cuentos de terror, encuentra una momia sentada en el camarote (imagen de la momia a continuación, claro). Avisa a la policía y ellos se hacen cargo.

Hola, Manfred.

Pero lo que mejora la ya de por sí suculenta historia es que la policía de Barobo, Surigao del Sur, Filipinas mantiene un activo perfil en facebook, donde cuentan, en farragoso lenguaje oficial, todas las actuaciones llevadas a cabo, así como las sospechas.

FOUND DEAD PERSON.

-Facebook de la policía de Barobo, Surigao del Sur, Filipinas.

Parece que la momia es un alemán llamado Manfred, muerto en su escritorio y desecado por el viento y la sal marina. Para darle un toque humano, el community manager de la comisaría de Barobo prepara un precioso conjunto de fotografías que incluyen:

-Fotos de la momia.

-Fotos a fotos de Manfred, vivo.

-Fotos de grupo en un bonito pícnic.

-Fotos a los certificados de buen navegante que adornaban el camarote.

De momento no hay nada más confirmado, aunque hemos encontrado una revista británica de dudosísima fiabilidad que añade jugosos detalles al asunto. A saber: que el señor llevaría muerto siete años o así. La última vez que se supo de él fue en 2009 en Palma de Mallorca; que junto a él se encontraron objetos de valor, lo que parece descartar un robo, aunque había señales de violencia (que si lleva siete años dando vueltas por ahí, NORMAL); que estaba escribiendo una carta a su exesposa, que murió de cáncer en 2010; que su única heredera es una hija, capitana de la marina mercante, con la cual están intentando ponerse en contacto.

Seguiremos atentos a esta historia, que entra inmediatamente en nuestro listado de Mejores Momias 2016.

Gracias, grumete Funkhouser, por el hallazgo.

Un alemán aparece momificado dentro de su velero a la deriva en la costa de Filipinas