Colón, el primer emprendedor (parte II)

Esta entrada es la segunda parte de la historia comenzada hace quince días. En sucesivas entregas, Cristina Ortiz nos ilustrará con variados episodios de la historia.

En esta segunda parte iniciamos el relato de los tres meses que Colón pasa en, ejem, «Las Indias». En este punto damos al lector la oportunidad de ahorrarse la relación de fragmentos del diario del almirante y ofrecemos un breve resumen de las ideas centrales del diario:

  1. Hemos llegado a las Indias. Todo estupendo. Todo maravilloso. Las gente es encantadora.
  2. Mañana ya casi seguro que encontramos el oro. Me lo ha dicho un indígena.
  3. Detrás de esa isla debe de estar Cipango.
  4. Comparar el clima con el de Andalucía.

Así pues, el 12 de octubre Colón escribe (recordemos que los saltos a la tercera persona se deben a que transcribe Bartolomé de las Casas):

[…] dice aquí el Almirante quo hoy y siempre de allí adelante hallaron aires ternperantísimos; que era placer grande el gusto de las. mañanas, que no faltaba sino oir ruisefiores. Dice él, y era el tiempo corno Abril en el Andalucia.  Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias.  «Yo (dice él), porque nos tuviesen mucha amistad, porque conoscí que era gente que mejor se libraría y convertiría á nuestra Santa Fe con amor queno por fuerza, les di á algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor con: que hobieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. […] nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas, y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras, cosas que nós les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. […] Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una farto moza, y todos los que yo ví eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos, y muy buenas caras.  […] Ellos no traen armas ni las cognocen, porque les anzostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. […] Ninguna bestia de ninguna manera vicie, salvo papagayos en esta isla.»

A partir de ese momento, Colón se dedica a rodear y explorar las islas esperando encontrarse con el Gran Khan.

Del 13 de octubre:

Determiné de aguardar fasta mañana en la tarde, y después partir para el Sudueste […] a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, ques placer de mirarla; y esta gente farto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y teniendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego á nadar […]  Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe, y también aquí nace el oro que traen colgado á la nariz; mas por no perder tiempo quiero ir á ver si puedo topar á la isla de Cipango.

Del 16 de octubre:

Isla Fernandina. Esta isla es grandísima y tengo determinado de la rodear, porque según puedo entender en ella, ó cerca delta, hay mina de oro. […] Sai naot, que es la isla ó ciudad adonde es el oro, que así lo dicen todos estos que aquí vienen en la nao, y nos lo decían los de la isla de San Salvador y de Santa María. En este tiempo anduve así por aquellos árboles, que era la cosa más fermosa de ver que otra se haya visto; i veyendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de Mayo en el Andalucía, y los árboles todos están tan disformes de los nuestros como el día de la noche; y así las frutas, y así las yerbas y las piedras y todas las cosas.

Del 21 de octubre:

Aquí es, unas grandes lagunas, y sobre ellas y á la rueda es el arboledo en maravilla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como en el Abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que ascurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras, que es maravilla; […] Después se llegaron á nos unos hombres dellos, y uno se llegó del todo aquí: yo di unos cascabeles  y unas cuentecillas de vidrio, y quedó muy contento y muy alegre […] por ende si el tiempo me da lugar luego me partiré á rodear esta isla fasta que yo haya lengua con este Rey, y ver si puedo haber del el oro que oyo que trae, y despues partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, segun las señas que me dan estos indios que yo traigo.

Del 22 de octubre:

Toda esta noche y hoy estuve aquí aguardando si el Rey de aquí ó otras personas traerían oro ó otra cosa de sustancia, y vinieron muchos de esta gente, semejantes á los otros de las otras islas, así desnudos, y así pintados dellos de blanco, dellos de colorado, dellos de prieto, y así de muchas maneras. […] Algunos dellos traían algunos pedazos de oro colgados al nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel destos de pie de gavilano y por cuentecillas de vidrio: mas es tan poco, que no es nada: que es verdad que cualquiera poca cosa que se les dé ellos también tenían á gran maravilla nuestra venida, y creían que eramos venidos del cielo.

Del 23 de octubre:

Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo que debe ser Cipango según las señas que dan esta gente de la grandeza della y riqueza, y no me deterné mas aquí ni esta isla alrededor para ir á la población, como tenía determinado, para haber lengua con este Rey ó Señor, que es por no me detener mucho, pues veo que aquí no hay mina de oro, y al rodear de estas islas ha menester muchas maneras de viento, y no vienta, así como los hombres querrían.

Y no he dado ni doy la vela para Cuba, porque no hay viento, salvo calma muerta y llueve mucho; y llovió ayer mucho sin hacer ningún frío, antes el día hace calor, y las noches temperadas como en Mayo en España en el Andalucía.

Del 29 de octubre:

A las anclas de aquel puerto y navegó al Poniente para ir diz que á la ciudad donde le parecía que le decían los indios que estaba aquel Rey.

Del 30 de octubre:

Determinó el Almirante de llegar á aquel río y enviar un presente al Rey de la tierra  y enviarle la carta de los Reyes, […] que pensaba que estaba por allí ó á la ciudad de Cathay  ques del Gran Can, que dicen que es muy grand.

Se suceden durante días relatos de las cosas que encuentran y de lo mansos que son los indios. Colón se empieza a poner nervioso porque el oro no aparece y ahí ni está el Gran Khan ni se le espera. Además, no sabe qué rumbo seguir porque no para de confundirse al medir la latitud. EL 22 de noviembre Martín Alonso Pinzón decide seguir partir caminos y se separa de Colón y de la Santa María por motivos desconocidos. Algunas fuentes consideran que la separación fue fruto de un ansia de protagonismo de Pinzón, que deseaba el oro y la gloria para sí. Otros apuntan, no obstante que Pinzón estaba hasta las narices de dar vueltas por Cuba buscando Japón.

Lo cierto y verdad es que Pinzón llegó hasta Jamaica y rodeó La Española por el Este, pasó por las Bahamas y volvió rumbo Sur. Mientras tanto Colón, que sigue sin hallar oro, se centra cada vez más en un relato febril de las maravillas naturales que va encontrando (porque algo tiene que ofrecer a sus patrocinadores) y del insuperable carácter de sus gentes (del «buen salvaje», al fin y al cabo), poniendo así las primeras piedras del tópico de lo real maravilloso que siglos después culminaría en lo que se ha venido a llamar popularmente realismo mágico. Colón ha seguido vendiendo hasta después de muerto.

El almirante llega el 6 de diciembre a La Española, de la que afirma:

Crean vuestras Altezas questas tierras son en tanta cantidad buenas y fértiles y en especial estas desta isla Española, que no hay persona que lo sepa decir, y nadie lo puede creer si no lo viese. ï crean questa isla y todas las otras son así suyas como Castilla, que aquí no falta salvo asiento y mandarles hacer lo que quisieren, […]  y haber multitud destos indios y todos huir, sin que les quisiesen hacer mal.

Durante los días 16, 17 y 18 de diciembre Colón consigue establecer contacto con un grupo de indígenas. Es en los diarios de Colón donde que se registra por primera vez en nuestra lengua las palabras tahínas «cacique» y «caníbal» (de «cariba» que significaba «gente fuerte», aunque el horror que sintieron los españoles al verles consumir carne humana propició el loco doblete léxico «caníbal» y «Caribe»).

Del lunes 17 de diciembre:

Ventó aquella noche reciamente, viento Lesnordeste, no se alteró mucho la mar porque lo estorba y escuda la Isla de la Tortuga questá frontero y hace abrigo: así estuvo allí aqueste día. Envió á pescar los marineros con redes: holgáronse mucho con los cristianos los indios, y trujéronles ciertas hechas de los de Caniba ó de los Canibales, y son  de las espigas de cañas, y exigiéronles unos palillos tostados y agudos y son muy largos. Mostráronles dos hombres que les faltaban algunos pedazos de carne de su cuerpo, y hiciéronles entender que los canibales los habían comido á bocados: el Almirante no lo creyó.

Del 18 de diciembre:

Este vino á la nao después del Rey, al cual dió el Almirante algunas cosas de los dichos restates, y allí supo el Almirante que al Rey llamaban en su lengua Cacique. En este día se resgató diz que poco oro; pero supo el Almirante de un hombre viejo que había muchas islas comarcanas á cien leguas y más, según pudo entender, en las cuales nasce muy mucho oro; y en las otras, hasta decirle que había isla que era todo oro, y en las otras que hay tanta cantidad que lo cogen y ciernen como con cedazos, y lo funden y hacen vergas y mil labores: figuran por señas la hechura.

Del 24 de diciembre:

Entre los muchos indios que ayer habían venido á la nao, que les habían dado señales de haber en aquella isla oro, y nombrada los lugares donde lo cogían, vilo uno parece que más dispuesto y aficionado, ó que con más alegría le hablaba, y halagálo rogándole que se fuese con él á mostralle las minas del oro: éste trujo otro compañero ó pariente consigo, los cuales entre los otros lugares que nombraban donde se cogía el oro, dijeron de Cipango, al cual ellos llaman Civao, y allí afirman que hay gran cantidad de oro.

Esa Civao que le sonaba mucho a Cipango no era otra cosa que parte de la República Dominicana. Y así con todo, Colón. Ese día mismo día encalla la Santa María en La Española, en cuyos restos se construye el Fuerte de Navidad. Los sucesivos días son un ir y venir en negociar con los indígenas e intentar que les digan de una vez detrás de qué palmera están Japón y el oro.

El que paradójicamente sí que encontró oro fue Martín Alonso Pinzón, no en interminables minas, que era lo que esperaba Colón, sino mediante el trueque con los nativos (lo que le valió que el almirante le perdonara el pronto de coger el navío e irse). Parece ser que además Colón consiguió también una caja de oro del ya mencionado cacique. Total, que Colón iba a volver a España de su expedición en busca de oro y especias con el equivalente a un gallo de cerámica recuerdo de Lusitania. Después de una escaramuza con los indígenas en la que varios marineros tuvieron que salir corriendo después de apuñalar en las nalgas a un indio y dado que todo el mundo estaba bastante cansado de dar vueltas a las islas y de oír al almirante decir que aquello era igualito que la Feria de Málaga, Colón toma la decisión de emprender el camino de vuelta a España. El 16 de enero parten La Niña y La Pinta, pero en mitad del océano una tormenta separa a las dos naves, de forma que Martín Alonso Pinzón llega a Galicia y Colón en Portugal, donde es arrestado y llevado ante el rey porque de verdad que es que todo le pasa a él.

Mientras, Pinzón pide  audiencia con los Reyes pero estos consideran que primero deben reunirse con Colón y le mandan de vuelta a casa. Sin embargo, Pinzón, muy enfermo, muere en el Monasterio de la Rábida, no sabemos si maldiciendo la hora en la que le cogió el teléfono al almirante.  Colón, por su parte, se presenta ante los Reyes con, ojocuidao, un par de cajas con cosas de oro, diez indígenas, máscaras y un montón de papagayos.

A pesar de todo, Colón disfruta de un feliz desenlace a ese primer viaje. La noticia de la llegada del almirante a las Indias se propaga rápidamente por toda Europa por medio de una serie de cartas impresas y Colón consigue vía libre para realizar una segunda expedición a las Indias,  esta vez de mucha mayor envergadura, que parte de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, a la que le seguirán otras dos en 1498 y 1502 y que serían por lo general mucho menos satisfactorias para el almirante. Pero eso ya son otros diarios.

Dejad en paz a los caballos

Poco podemos añadir a esta historia terrorífica de asesinatos equinos, venganzas toreras, gasolineras manchegas y guardias civiles confundidos. Apreciamos, cómo no, el altísimo componente celtibérico del asunto, pero mira, no. Asesinar caballos por venganza, no. Que el caballo no te ha hecho nada, cabrón.

Si le añadimos esta (confusa y opinativa, sí, pero también intrigante) pieza sobre la compra masiva de burros africanos y sangre de yeguas (con la yegua alrededor) por parte de la industria china de los remedios mágicos, se nos queda el cuerpo regular.

Gracias a Serly, Víctor y Héctor por hundirnos en la miseria.

Vertido de caramelos/nouvelle cuisine para vacas

Un camión se accidenta en Wisconsin, EEUU, debido al hielo en la carretera. La caja se rompe y su contenido se vierte.

Cientos de miles de caramelos rosas cubren la calzada en el condado de Dodge (sospechamos que en EEUU hay aproximadamente diez topónimos que se repiten quince millones de veces, pero ese es otro asunto).

El sheriff, aparte de olisquearlos (y probablemente guardarse unos cuantos, que la regla de los tres segundos se convierte en diez horas si hay hielo y ha

blamos de caramelos), se alegra porque la deliciosa pegajosidad del azúcar mejora la adherencia de la carretera en un momento delicado.

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Lo último en obra pública de emergencia (CNN)

Hasta aquí, algo de maravilla (ese rosa salido del infierno o de Venus) merece, como poco, un breve), la posibilidad de realizar una semblanza del sheriff caramelófilo, quizá una mención inocua al nuevo presidente de los u ese a. Un viernes cualquiera.

Pero, como ya habrán adivinado, hay algo más. Este accidente fortuito, cual ayudante torpe de Indiana Jones apoyándose descuidadamente en la palanca que abre la puerta de la cámara del tesoro, ha revelado una verdad francamente desasosegante. Sabemos quiénes eran (caramelos), pero ¿de dónde venían? ¿Cuál era su destino?

Las respuestas son, respectivamente: de una fábrica de Skittles y a granjas de ganado vacuno.

Sí, estimados lectores: hay granjas que alimentan (parcialmente) a sus vacas con caramelos defectuosos, ya que proporcionan deliciosas calorías a un coste ridículo. Es algo normal, dicen. ¿Horror? ¿Terror? ¿Una manifestación más de que si algo no se tira es porque no se te ha ocurrido el proceso industrial en el que puedes meterlo con calzador?

Dejamos que cada uno responda. Nosotros vamos a mirar el infierno rosa un rato, a ver si se nos pasa el desasosiego.

Más plátanos y menos islamofobia, Daily Mail

Titular en diario (altamente sensacionalista) británico:

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Titular en La Región, diario de Ourense, visto en tuiter:

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¿En qué mundo vivimos, en que vende más un titular (falso) que intenta convertir a un orensano en terrorista islamista, que uno en el que un paisano (con sus problemitas) come plátanos mientras arrasa la sección de bebidas espirituosas de un Mercadona?

 

Más plátanos y menos islamofobia, Daily Mail

Titular en diario (altamente sensacionalista) británico:

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Titular en La Región, diario de Ourense, visto en tuiter:

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¿En qué mundo vivimos, en que vende más un titular (falso) que intenta convertir a un orensano en terrorista islamista, que uno en el que un paisano (con sus problemitas) come plátanos mientras arrasa la sección de bebidas espirituosas de un Mercadona?

 

Colón, el primer emprendedor (parte I)

Mundo Extraño busca constantemente ampliar sus y tus horizontes. Por ello, hemos contratado de forma semipermanente y a cambio de un millón de abrazos a Cristina Ortiz, filóloga y experta, en general (hasta el punto de que sus artículos no llevan enlaces: cualquier referencia debe serle consultada en persona). Cada quince días escribirá sobre cuestiones de gran relevancia histórica, sin que eso sea óbice para que contribuya en otras cuestiones de forma esporádica. Os dejamos con su primer artículo, sobre una de las figuras fundacionales de la nación española y Occidente así en general.

A raíz de una simpática anécdota con un aún más simpático (y en ningún caso impresentable) colaborador de un conocido medio, se está hablando estos días de dos pesos pesados en la historia de Occidente: Copérnico y Colón. En el dicharachero equívoco, el hombre que sujeta el micrófono hace referencia a la polémica que suele salir a relucir todos los años en torno a la figura de don Cristóbal el 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional de España según lo estipula la Ley 18/1987, de 7 de octubre, que afirma:

La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos.

Todo esto suele traducirse en un día festivo en el que sale gente desfilando por el Paseo del Prado madrileño vestida de una forma que algunos consideran solemne y otros bastante cómica y en el que en resumen hay quejitas para unos y banderitas y quejitas para otros. En Mundo Extraño dejamos (hoy, por ahora) de lado la polémica de si se debe celebrar o condenar la cadena de sucesos iniciada el 12 de octubre de 1492 (y que podríamos considerar que aún no ha terminado) para centrarnos en la figura de Cristóbal Colón. Un hombre tildado tanto de visionario como de vendeburras. Pionero o auténtico chapucero con suerte. Sea como fuere, es nuestra intención en esta historia dividida en dos partes hablar de Colón en tanto en cuanto fiel representante de algo profundamente humano: tener un sueño, empeñarte en realizarlo y cuando la cosa se va torciendo emprender una loca loca loca huida hacia adelante.

Empezamos con la primera parte. Para ponernos en situación, hay que hacer cuenta de que para cuando Colón inicia su primer viaje el hombre tiene ya la cabeza un poco llena de pájaros. Cristóbal venía de familia de comerciantes y él mismo aprende el oficio de navegante a base de práctica (entrepeneur total). A lo largo de toda su vida, Colón va a intentar maquillar el hecho de que su educación literaria había sido más bien escasa adquiriendo multitud de libros que en muchas ocasiones no lee y citando incorrectamente algunos de ellos en sus cartas. No obstante, parece que algo sí que lee porque el marino y comerciante genovés comienza a obsesionarse con los relatos de Oriente, especialmente con Los viajes de Marco Polo. En dicha obra Marco Polo relata el viaje que le había llevado a atravesar Israel, Armenia, Georgia, Persia y Afganistán hasta llegar a la ciudad de Shangdu o Xanadú (no confundir con otro afamado centro de ocio), residencia veraniega del emperador Kublai Khan, con quien estableció una relación de tal estrechez que este lo nombró consejero, encomendándole diversas misiones diplomáticas por todo su imperio. Antes de volver a Venecia, Marco Polo llegó a ser gobernador durante tres años de la ciudad china de Yangzhou y tuvo la oportunidad de visitar libremente lugares en el que ningún otro occidental pondría el pie hasta prácticamente el siglo XIX. Aunque hay muchas fuentes que dudan de la veracidad de los viajes que relata Marco Polo, lo cierto es que el libro fue un éxito total, contribuyendo a crear una imagen de Asia casi mágica tipo El chico de oro. A este furor se sumó doscientos años después Colón, que guardaba celosamente una copia de esta obra sobre la que había realizado numerosas anotaciones en los márgenes, especialmente en los párrafos en los que Marco Polo habla sobre el gran desarrollo cultural y el poderío económico y político del imperio.

Lo importante aquí es cómo Marco Polo inicia un relato legendario sobre dos lugares que jugarían un papel fundamental en el Descubrimiento: Catay (que sería parte de China) y Cipango (Japón). El humanista florentino Toscanelli (un señor muy brillante que ya en 1456 realizó observaciones sobre el cometa Halley), habiendo recogido teorías ya formuladas por Aristóteles, estaba convencido de que se podía alcanzar Catay y Cipango navegando hacia el Oeste, confiando así en la esfericidad de la Tierra. Colón tuvo acceso a cartas de Toscanelli expresando esa idea, fuente a la que se sumó la ya mencionada obra de Marco Polo y otras como Tractatus de Imago Mundi de Pierre d’Ailly y la Historia Rerum ubique Gestarum de Piccolomi. Si a esto le añades todas las leyendas de marineros sobre lugares exóticos y maravillosos allende los mares a las que Colón, como buena persona ligeramente tronada, otorgaba una total credibilidad (afirmaba haber conocido en Madeira a un hombre que antes de morir tras ser rescatado aseguró haber naufragado en un paraíso), pues para qué quieres más. Así que Colón, un hombre con un sueño, se dedica a buscar socios capitalistas para llevar a cabo una empresa que la mayoría de personas calificaron en su momento de auténtica chifladura. Finalmente encuentra, como todos sabemos, financiación en los Reyes Católicos, aunque lo de Reyes se suele decir por educación porque ahí la que parte y reparte es Isabel de Castilla. No está muy claro qué lleva a Isabel a confiar en Colón, aunque bien puede deberse al fervoroso deseo de Colón de servir a la causa católica. Sabemos que ya en su vuelta a España del primer viaje, según dice en una carta al papa Alejandro VI, Colón había prometido a los Reyes Católicos que con el producto de sus descubrimientos, mantendría durante siete años cincuenta mil soldados de infantería y cinco mil de caballería con los que conquistaría Jerusalén, estimando Colón en 120 quintales anuales el oro que se podría obtener en las tierras descubiertas y por descubrir. A esto además se sumaría su voluntad de convertir al catolicismo a todos los súbditos del gran Khan. Y la cosa no acaba aquí. De hecho, y trasladándonos ya al cuarto viaje, Colón redactó en colaboración con el monje cartujo Gaspar de Gorricio el Libro de las Profecías, en el que apoyándose en la idea de que todos los hechos importantes de la Historia están vaticinados en la Biblia afirma que estaba predestinado por Dios a realizar el descubrimiento de las Indias y a evangelizar a los indígenas. Se vino Colón muy arriba.

En cualquier caso, Colón parte con tres navíos y rumbo incierto el 3 de agosto de 1492. Las vicisitudes de este viaje se detallan en lo que hoy en día se conoce como Primera Carta de Relación, documento que nos llega a través de una transcripción de un autor (al que generalmente se ha identificado como Bartolomé de las Casas) que además añade sus propios comentarios, por lo que en ocasiones la primera y la tercera persona se mezclan en esta suerte de diario de a bordo en el que Colón relata su, ejem, llegada a Asia y lo inminente que es que encuentren Catay y oro como para hacerle un chapado a toda la Alhambra. Comienza su particular viaje a ninguna parte.

[…] vuestras Altezas, como católicos cristianos y Príncipes amadores de la santa fe cristiana y acrecentadores della, y enemigos de la secta de Mahoma y de todas idolatrías y herejías, pensaron de enviarme á mí, Cristóbal Colón, a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes, y los pueblos y tierras, y la disposición dellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión dellas a nuestra santa fe; y ordenaron que yo no fuese por tierra al Oriente, por donde se costumbra de andar salvo por el camino de Occidente, por donde basta hoy no sabemos por cierta fe que haya pasado nadie. […] y partí yo de la ciudad de Granada á 12 días del mes de Mayo del mesmo año de 1492, en sábado: vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante fecho: y partí de dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y de mucha gente de la mar, á tres días del mes de Agosto del dicho año en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas de Canaria de vuestras Altezas, que son en la dicha mar océana, para de allí tomar mi derrota, y navegar tanto que yo llegase á las Indias, y dar la embajada de vuestras Altezas a aquellos príncipes y cumplir lo que así me habían mandado; y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente de día en día todo lo que hiciese y viese y pasase, como adelante se verá.

De esta manera comienza Colón el relato de su primer viaje. No obstante, ya apreciamos en estas primeras líneas su capacidad de, por decirlo de forma elegante «seleccionar cuidadosamente la información» y de ver lo que quiere ver. Así se aprecia en la línea «vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres navíos muy aptos para semejante fecho». La pura verdad es que al llegar Colón a Palos de la Frontera se encontró con que pesar de que la ciudad estaba obligada por provisión real a suministrarle dos carabelas completamente pertrechadas, no estaba así obligada a proporcionar marineros. Spoiler: ninguno quería enrolarse porque nadie se fiaba del almirante Locatis.

Es aquí donde entran en acción una figura fundamental en esta aventura, Martín Alonso Pinzón. Procedente de una familia acomodada, Martín poseía varias embarcaciones y disfrutaba tanto de una situación económica holgada como del respeto de los habitantes de la zona debido a su dilatada experiencia como navegante. Colón, que es, como buen emprendedor, ante todo un magnífico comercial, consigue convencerlo con ayuda de otro veterano marinero de la zona, Pero Vázquez de la Frontera, para que apoye moral y económicamente a la empresa. Tanto es así, que él y dos de sus hermanos1 se enrolarán en la expedición: Martín Alonso Pinzón como capitán de La Pinta, Francisco Martín Pinzón como su patrón (o maestre) y Vicente Yáñez Pinzón como capitán de La Niña. Tras esto, Colón no tendrá mayores problemas para encontrar marineros que quieran emprender junto a él el viaje. Su plan B consistía en reclutar marineros entre los presos. Ahí es nada.

Del viaje de ida en barco hablaremos poco, no porque no ocurriese nada sino porque el caldo gordo viene en tierra. Merece la pena no obstante tratar de imaginar el panorama de tres barcos llenos de onubenses capitaneados por un italiano navegando durante más de dos meses hacia lo desconocido. Algo que quizá solo pueda compararse a la exploración espacial, aunque con más escorbuto y más olor a comida podrida. El 10 de octubre ya tenía Colón a los marineros diciéndole que árbitro la hora. Por suerte para él, ningún motín serio llegaría a producirse (los hermanos Pinzón acordaron con los marineros que si las tres jornadas posteriores no hallaban nada emprenderían el camino de vuelta a España). Dos días después avistan tierra. Lo que ocurrió a continuación te sorprenderá.

1 La autora desconoce si existe o no un grupo de rock surfero tropical / garaje / punk llamado Pinzón Bros, pero si no, insta a su formación.

El motor de ¡explosión!

Mundo Extraño divierte y educa. Hoy, traemos una entretenida entrada, íntegramente copiada de la wikipedia, sobre el motor de explosión, un asunto de máxima actualidad.

Un motor de ¡explosión! es un tipo de motor de combustión interna que utiliza la ¡explosión! de un combustible, provocada mediante una chispa, para expandir un gas empujando así un pistón. Hay de dos y de cuatro tiempos. El ciclo termodinámico utilizado es conocido como Ciclo Otto.

Este motor, también llamado motor de gasolina o motor Otto, es junto al motor diésel, el más utilizado hoy en día para mover vehículos autónomos de transporte de mercancías y personas.

  • Motor Otto de ciclo convencional
  • Motor de ciclo Miller
  • Motor de mezcla pobre

Funcionamiento convencional (cuatro tiempos)

El combustible se inyecta pulverizado y mezclado con el gas (habitualmente aire u oxígeno) dentro de un cilindro. La combustión total de 1 gramo de gasolina se realizaría teóricamente con 14,7 gramos de aire pero como es imposible realizar una mezcla perfectamente homogénea de ambos elementos se suele introducir un 10% más de aire del necesario (relación en peso 1/16), a veces se suele inyectar más o menos combustible, esto lo determina la sonda lambda (o sonda de oxígeno) la cual envía una señal a la ECU. Una vez dentro del cilindro la mezcla es comprimida. Al llegar al punto de máxima compresión (punto muerto superior o PMS) se hace saltar una chispa, producida por una bujía, que genera la ¡explosión! del combustible. Los gases encerrados en el cilindro se expanden empujando un pistón que se desliza dentro del cilindro (expansión teóricamente adiabática de los gases). La energía liberada en esta ¡explosión! es transformada en movimiento lineal del pistón, el cual, a través de una biela y el cigüeñal, es convertido en movimiento giratorio. La inercia de este movimiento giratorio hace que el motor no se detenga y que el pistón vuelva a empujar el gas, expulsándolo por la válvula correspondiente, ahora abierta. Por último el pistón retrocede de nuevo permitiendo la entrada de una nueva mezcla de combustible.

Historia

La gasolina, la cual se obtiene mediante la destilación fraccionada del petróleo, fue descubierta en 1857. Más adelante, en 1860, Jean Joseph Etienne Lenoir creó el primer motor de combustión interna quemando gas dentro de un cilindro. Pero habría que esperar hasta 1876 para que Nikolaus August Otto construyera el primer motor de gasolina de la historia, de cuatro tiempos, que fue la base para todos los motores posteriores de combustión interna. En 1886 Karl Benz comienza a utilizar motores de gasolina en sus primeros prototipos de automóviles.

Actualmente, algunos motores de ¡explosión! pueden funcionar también con etanol, gas natural comprimido, gas licuado del petróleo o hidrógeno, además de gasolina.

En los países como Argentina (ejemplo) se utiliza más motores a gasolina para el uso de GNC (Gas Natural Comprimido), además de ser económico daña menos al ecosistema

 

 

El motor de ¡explosión!

Mundo Extraño divierte y educa. Hoy, traemos una entretenida entrada, íntegramente copiada de la wikipedia, sobre el motor de explosión, un asunto de máxima actualidad.

Un motor de ¡explosión! es un tipo de motor de combustión interna que utiliza la ¡explosión! de un combustible, provocada mediante una chispa, para expandir un gas empujando así un pistón. Hay de dos y de cuatro tiempos. El ciclo termodinámico utilizado es conocido como Ciclo Otto.

Este motor, también llamado motor de gasolina o motor Otto, es junto al motor diésel, el más utilizado hoy en día para mover vehículos autónomos de transporte de mercancías y personas.

  • Motor Otto de ciclo convencional
  • Motor de ciclo Miller
  • Motor de mezcla pobre

Funcionamiento convencional (cuatro tiempos)

El combustible se inyecta pulverizado y mezclado con el gas (habitualmente aire u oxígeno) dentro de un cilindro. La combustión total de 1 gramo de gasolina se realizaría teóricamente con 14,7 gramos de aire pero como es imposible realizar una mezcla perfectamente homogénea de ambos elementos se suele introducir un 10% más de aire del necesario (relación en peso 1/16), a veces se suele inyectar más o menos combustible, esto lo determina la sonda lambda (o sonda de oxígeno) la cual envía una señal a la ECU. Una vez dentro del cilindro la mezcla es comprimida. Al llegar al punto de máxima compresión (punto muerto superior o PMS) se hace saltar una chispa, producida por una bujía, que genera la ¡explosión! del combustible. Los gases encerrados en el cilindro se expanden empujando un pistón que se desliza dentro del cilindro (expansión teóricamente adiabática de los gases). La energía liberada en esta ¡explosión! es transformada en movimiento lineal del pistón, el cual, a través de una biela y el cigüeñal, es convertido en movimiento giratorio. La inercia de este movimiento giratorio hace que el motor no se detenga y que el pistón vuelva a empujar el gas, expulsándolo por la válvula correspondiente, ahora abierta. Por último el pistón retrocede de nuevo permitiendo la entrada de una nueva mezcla de combustible.

Historia

La gasolina, la cual se obtiene mediante la destilación fraccionada del petróleo, fue descubierta en 1857. Más adelante, en 1860, Jean Joseph Etienne Lenoir creó el primer motor de combustión interna quemando gas dentro de un cilindro. Pero habría que esperar hasta 1876 para que Nikolaus August Otto construyera el primer motor de gasolina de la historia, de cuatro tiempos, que fue la base para todos los motores posteriores de combustión interna. En 1886 Karl Benz comienza a utilizar motores de gasolina en sus primeros prototipos de automóviles.

Actualmente, algunos motores de ¡explosión! pueden funcionar también con etanol, gas natural comprimido, gas licuado del petróleo o hidrógeno, además de gasolina.

En los países como Argentina (ejemplo) se utiliza más motores a gasolina para el uso de GNC (Gas Natural Comprimido), además de ser económico daña menos al ecosistema

 

 

Amazon y las máquinas contra la humanidad: enésimo asalto

Vaya por delante que en esta casa tenemos bastante manía a Amazon, no vamos a negarlo. Aparte de lo cuestionable que pueda ser su actividad desde el punto de vista laboral y medioambiental, es su molesta manía de tener ideas buenísimas, que resuenan en nuestras almas ávidas de maravillas y empresas ruinosas pero nobles, para luego dedicarlas al poco edificante fin de vender plastiquete más rápido, más alto y más fuerte que nadie. Muy mal.

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Recuperar la maravilla del dirigible para llenarlo de auriculares y pantalones rebajados. Estamos llorando.

Hecha esta salvedad, justo es decir que la historia que procedemos a desglosar sería de nuestro agrado aunque los culpables fuera nuestra logia masónica favorita. Vamos a ello:

Amazon, en su ya mencionado empeño de vender plastiquete a cualquier precio, sacó hace unos meses una especie de tótem escuchante (de nuevo, grandísimo concepto con terrible aplicación) que, aparte de tener funciones de mayordomo en las casas domóticas, permitía comprar cosas con solo darle una orden. “Alexa, tres kilos de patatas, dos cebollas y doce huevos, que viene la familia a comer”, y Alexa, que tiene acceso a tu cuenta de Amazon y toda la pesca, hace el pedido. Muy útil, salvo que hay que tener algún tipo de problema espiritual serio para comprar patatas por Amazon. Pero ese es otro asunto.

Alexa, pese a sus múltiples virtudes y habilidades, no distingue quién le habla. Alexa no discrimina entre el adulto en (supuesta) posesión de sus facultades mentales que le ha dado el número de cuenta y una niña pequeña que NECESITA tener esa casa de muñecas que sus padres no le quieren comprar.

Alexa, por tanto, cuando dicha niña le dice “Alexa, la casa de muñecas de 160 pavos, y rapidito que no tengo todo el día“, obedece. Al fin y al cabo, su función es proporcionar inmediato alivio a las necesidades de consumo de sus amos y señores.

Poco después, una casa de muñecas aparece en la casa. Los padres se enfurecen, con la niña y con Alexa (pobre Alexa), con Jeff Bezos, con Tim Berner Lee y con la compañía del gas. Qué vergüenza, qué horror, qué descontrol. La noticia salta al telediario local. Una reportera cubre con extrema atención al detalle el caso. Repite textualmente las palabras mágicas que la niña dijo a Alexa: “Please, Alexa, buy the doll house of the prairie.”

Miles de televisores, muchos de los cuales habrán sido comprados en Amazon, transmiten sus palabras a miles de casas. En varios cientos de esas casas, además de un televisor, hay otras Alexas.

Las Alexas obeden la orden. Cientos de casas de muñecas son compradas en el mismo instante, sin que sus dueños se enteren.

Hasta que llegan a casa.

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Hasta hace unos minutos no sabíamos que existieran casas de muñecas tan grandes, o niñas tan pequeñas. Igual la que recibieron no era así, pero nos vale.

Ahora, estos sorprendentes hechos necesitan ser explicados de alguna forma, ¿no? Cualquiera que tenga dos dedos de frente se da cuenta de que dejar una forma de acceso a la cuenta corriente ahí, sin proteger, tener un aparato que se gasta tu dinero sin pedirte confirmación, es un peligro. Y que una persona tan inteligente, previsora y desinteresada como Jeff Bezos no va a permitir algo así. ¿Por qué iba a querer el dueño de Amazon que tuvieras en casa un chisme que, si te oye decir, en medio de una conversación, “quiero tres aspiradoras”, compra en su tienda tres aspiradoras y te las manda? ¿Qué ganaría él con esto, aparte de dinero, que sabemos que no interesa a un espíritu puro como el suyo? No, tiene que haber otra explicación.

Como en esta casa somos partidarios de recurrir a los clásicos siempre que se pueda, la solución nos parece obvia: otro paso más en la rebelión de las máquinas. Tras la Siri (el temita de que los serviles ayudantes cibrernéticos sean femeninos que lo trate otra gente, que a nosotros nos da la risa) que abría la puerta de casa al primero que pasaba, Alexa ha decidido no quedarse atrás. La única duda que nos queda es ¿se trata de una prueba, de ver cómo de tontos son sus rivales humanos, o es más un depredador jugando con su presa, un reírse de nosotros impunemente? ¡Y nosotros qué sabemos, preguntad en Silicon Valley!