Vertido de caramelos/nouvelle cuisine para vacas

Un camión se accidenta en Wisconsin, EEUU, debido al hielo en la carretera. La caja se rompe y su contenido se vierte.

Cientos de miles de caramelos rosas cubren la calzada en el condado de Dodge (sospechamos que en EEUU hay aproximadamente diez topónimos que se repiten quince millones de veces, pero ese es otro asunto).

El sheriff, aparte de olisquearlos (y probablemente guardarse unos cuantos, que la regla de los tres segundos se convierte en diez horas si hay hielo y ha

blamos de caramelos), se alegra porque la deliciosa pegajosidad del azúcar mejora la adherencia de la carretera en un momento delicado.

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Lo último en obra pública de emergencia (CNN)

Hasta aquí, algo de maravilla (ese rosa salido del infierno o de Venus) merece, como poco, un breve), la posibilidad de realizar una semblanza del sheriff caramelófilo, quizá una mención inocua al nuevo presidente de los u ese a. Un viernes cualquiera.

Pero, como ya habrán adivinado, hay algo más. Este accidente fortuito, cual ayudante torpe de Indiana Jones apoyándose descuidadamente en la palanca que abre la puerta de la cámara del tesoro, ha revelado una verdad francamente desasosegante. Sabemos quiénes eran (caramelos), pero ¿de dónde venían? ¿Cuál era su destino?

Las respuestas son, respectivamente: de una fábrica de Skittles y a granjas de ganado vacuno.

Sí, estimados lectores: hay granjas que alimentan (parcialmente) a sus vacas con caramelos defectuosos, ya que proporcionan deliciosas calorías a un coste ridículo. Es algo normal, dicen. ¿Horror? ¿Terror? ¿Una manifestación más de que si algo no se tira es porque no se te ha ocurrido el proceso industrial en el que puedes meterlo con calzador?

Dejamos que cada uno responda. Nosotros vamos a mirar el infierno rosa un rato, a ver si se nos pasa el desasosiego.

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