Tragedia en el boloencierro

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Ojalá poder escribir este texto sin usar otra palabra que “boloencierro”. BO LO EN CIE RRO B O L O E N C I E R R O
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Se te llena la boca a la vez que el alma, lloras de alegría al contemplar la esférica belleza que cumple por fin el sueño de tantos profesores de física, de tantos amantes de los animales y la simplicidad geométrica.

Por desgracia, el llanto es, en esta ocasión, serio: dos personas han sido heridas en un BOLOENCIERRO en la localidad pionera de semejante festejo. Festejo que surgió en un contexto de crisis económica, pero no de ideas: se sustituyó a la tradicional y cara vaquilla, toro, bóvido desconcertado y moderadamente furioso que persigue a la muchachada local, por una serie de bolas de 300 kilos que cumplirían la misma función, pero con menos sufrimiento animal y gasto económico.

No sabemos si alguien manifestó en algún momento alguna reserva hacia el renovado festejo y las letales posibilidades del BOLOENCIERRO pero, desde luego, poco caso le hicieron.

Esperamos ansiosos la recuperación de los heridos, así como las nuevas medidas de seguridad del BOLOENCIERRO. Sugerimos, como primera aproximación, que le añadan unas cuantas aristas a la bola, que la hagan menos esférica. Más vacuna.

 

 

Tonada de agua y fuego

Todo el mundo está al tanto de que el huracán Harvey ha hundido parte de Texas bajo las aguas y la absoluta y voluntaria inoperancia del Gobierno estadounidense (ahora y siempre) ha hecho que lo que en cualquier lugar sería una tremenda catástrofe se convierta, para decenas de miles de personas, en un drama que no se resolverá en años, si es que se resuelve. Mientras esperamos que este tipo de cosas ocurran con mucha más frecuencia en un contexto de cambio climático.

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Esta pinta tiene lo de Harvey.

Quizá menos gente conozca a las hormigas de fuego, una variedad de hormiga de gran tamaño que, aunque normalmente no es agresiva, puede provocar irritaciones muy molestas (y a veces letales) si te acercas demasiado a su pandilla. La expansión de estas hormigas, dicho sea de paso, puede acelerarse también con el aumento de las temperaturas.

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Esta pinta tienen varias hormigas de fuego de diverso tipo.

Sabemos que nuestros lectores aprecian que no llamemos a engaño ni hagamos filigranas dialécticas y narrativas. Que seamos previsibles, incluso aburridos y repartamos maravilla a domicilio con la misma fiabilidad con que el agua sale del grifo y los recibos son cargados a su cuenta corriente.

Así que nadie se sorprenderá de que la siguiente imagen sea de miles de hormigas de fuego montadas en balsas hechas de los cadáveres de sus congéneres, surcando la crecida de los ríos de Houston y aterrorizando a los que navegan las mismas aguas en busca de refugio, amigos o familiares.

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Todo eso son hormigas que flotan y pican.

Obviamente, y dado que estamos hablando de Texas, la gente ya ha intentado quemarlas y destruirlas por diferentes medios, aunque las autoridades competentes aconsejan no acercarse y, en caso de duda, usar detergente para matarlas.

Esperamos ansiosos las imágenes de survivalistas usando sopletes y gasolina desde barcas hinchables para acabar con las hormigas. Y siendo devorados por caimanes desplazados por la inundación.

¡Salve, Ganesha!

No estamos en España muy acostumbrados a muestras de sincretismo religioso (más allá de la evidente asunción del politeísmo pagano que supone el rezarle a los santos, claro). Hay otros sitios, como China, donde coger lo que te parezca de cada religión disponible es mucho más común. También hay religiones surgidas a partir de la fusión de creencias en principio difíciles de compatibilizar, pero que con imaginación y esfuerzo pueden dar lugar a maravillas como la santería cubana, surgida de la fusión del catolicismo con las creencias yorubas.

Esta falta de costumbre no es excusa para lo que ha hecho el obispado de Cádiz al forzar la dimisión de su vicario en Ceuta. El único crimen de este señor (que sepamos) fue tener la visión de futuro y la imaginación suficiente para permitir a sus conciudadanos hindúes pasear a una imagen de Ganesha, el dios elefante, patrón de las artes y las ciencias, por el templo de Nuestra Señora de África. Lugar en el que se le dedicó una salve rociera. ¡Sincretismo!

Si juntar las pintorescas costumbres de los creyentes en un dios con las de los creyentes en otro para dar lugar al maravilloso espectáculo de un coro rociero cantándole a un dios elefante es delito, llévennos presos ahora mismo.

(Mundo Extraño ha intentado elegir una fuente medianamente decente para esta noticia, dado que algunos medios, de filiación inequívocamente nacionalcatólica ahora y siempre, habían elegido referirse a uno o varios de los dioses implicados de formas poco precisas, ya fuera por falta de interés o por pura maldad.)