Looney Tunes / Policías Polis

Vaya por delante que en esta casa estamos a favor del bien y en contra del mal. Preferencias que solo son superadas por nuestra querencia por la risa. Así que nos mostramos nuestro apoyo decidido a todo lo que ha llevado a que haya policías nacionales durmiendo en este barco.

El barco de los policías polis

Esto ya daría para unas risas: los polis se alojan en un barco con Piolín y Silvestre en el costado. Pero no solo están en el costado.

En la pizzería está Silvestre. Pero la pizzería no funciona porque nadie abastece el barco.

Bugs Bunny te mira comer antes de que vayas a un registro ilegal.

Puedes relajarte en la piscina de bolas cuando vuelvas a tu casa flotante tras un día atrapado en un edificio oficial. Aprovecha, que no vas a tener vacaciones en un tiempo.

En efecto, todo el barco está decorado con motivos de dibujos mucho más animados que los policías que desayunan peor que en una cafetería universitaria porque los estibadores no les abastecen.

¡Alístate y verás mundo, decían!

¡Por favor, que no termine nunca esta aventura marinopolicial!

Froilán se enfrenta al sistema

 

Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, cuarto (de momento) en la sucesión al trono de España, acalla los rumores que lo pintan como un aristócrata engreído y se presenta a su primer día de “universidad” sin mochila, bolígrafo ni cuaderno, en lo que no puede ser otra cosa que una protesta contra el peso que deben cargar los escolares habitualmente. Bien por él.

Madrid, septiembre de 2017.

Vergüenzas británicas I: el solomillo Wellington

No ha sido fácil elegir solo una de las delicias de la cocina británica para inaugurar esta serie, pero lo que teníamos claro es que su terrible cocina era el primer paso en esta ruta al infierno del Reino Unido. Hemos dejado que Cristina, experta gastrónoma, elija el plato que más ofensivo le resultara. Este es el resultado.

A pesar de que existen numerosas teorías sobre el origen del solomillo Wellington, a la hora de hacerse el listillo en la mesa durante una comida familiar o de responder desde casa a las preguntas de algún concurso que has pillado en la tele por casualidad (al fin y al cabo, los momentos en los que se forja el auténtico conocimiento), la respuesta siempre será la misma: se llama así porque le pirraba al duque de Wellington.

No es la primera vez que en esta santa casa se cantan las alabanzas del mencionado duque. Por añadir algo más a su hoja de méritos, mientras los Curro Jiménez de turno y los guerrilleros andaban partiéndose la cara con los franceses emboscándoles en las serranías, Wellington comandaba el ejército regular que luchaba contra la invasión napoleónica. Así pues, con una medidísima combinación de aguda estrategia inglesa y de temeridad y hostias como panes española, se expulsó a las fuerzas bonapartistas de la península. Toma unión europea.

A pesar de que el plato se popularizó en los años 60 de este siglo (al igual que el resto de fastuosos y complicados platos barrocos que toda madre ha querido preparar alguna Nochebuena), la leyenda asocia su origen al mariscal inglés. Y es que, por lo visto, el homenaje de Wellington al aguerrido pueblo español con el que había luchado codo a codo para expulsar a Bonaparte consistió en seleccionar la mejor y más tierna parte de la ternera, y meterla dentro de un hojaldre.

img.rtve.es

No os dejéis engañar por su buen aspecto: esto es un despropósito.

¿Habrá peor maldad que coger un solomillo de calidad, acompañarlo de trufas, setas, foie gras fresco y vino de Madeira y una vez que reúnes todas esas delicias, decidir mezclarlas con un trozaco de masa? No solo parece contraproducente sino que se opone frontalmente a los principios básicos de la gastronomía española, en la que lo que se suele mezclar con masa o pan son las sobras (ahí están las croquetas, las reinas de nuestra cocina de aprovechamiento).

Existen múltiples versiones de la receta; algunas de ellas, puede que para compensar semejante atentado contra el sentido común, proponen sustituir el solomillo de ternera por cerdo, mucho más económico. No sabemos qué opinaría Wellington sobre el apaño, ni sobre la decisión de Reino Unido de partir caminos con Europa, pero quizá podamos imaginar lo que diría Napoleón, partiendo de la frase atribuida a otro francés, Voltaire, sobre que los franceses tienen buena cocina y los ingleses solamente buenas maneras:

“Yo seré un imperialista y un megalómano, pero hay que ser hijo de puta para hacerle eso a un solomillo de ternera.”

¡Bienvenidos a la semana británica de Mundo Extraño!

Es un día importante para el Reino Unido: hoy ponen en marcha todo el tema de irse de la Unión Europea. Lo que nadie pensaba que fuera a pasar, un hecho histórico, un error, una liberación, un farol que salió regular, qué más nos da. No estamos aquí para juzgar si el Brexit, una decisión tomada libremente por el pueblo británico de forma democrática y sin ninguna presión externa, como tomamos todos nuestras decisiones en este régimen de libertades que existe en un vacío perfecto.

Estamos aquí para juzgar al Reino Unido, así en general. Muy probablemente salvando a Escocia, porque tenemos nuestras filias, y sin darle mucha cera a Gales, que los pobrecitos no saben lo que hacen.

Durante una semana, una, Mundo Extraño se dedicará en cuerpo y alma a rescatar algunos de los más vergonzantes episodios de la historia del Reino Unido. Porque hace risa y porque si no lo hacemos ahora que está tan a mano, ¿cuándo?

No vamos a fijarnos en desgracias naturales de nombre sonoro como la Noche del Gran Viento, ni en desastres mortales que podrían pasarle a cualquiera. Nuestra atención se centrará en detalles francamente vergonzosos pero inequívocamente británicos. Sirva de advertencia que nuestras principales guías en este recorrido serán a) nuestros prejuicios y b) el volumen Astérix en Bretaña, de Goscinny y Uderzo.

Empezaremos, pues, por el solomillo Wellington.

No hay lechuga para los malvados

Si es usted comprador habitual de vegetales, quizá haya notado que algunos de ellos han subido de precio en las últimas semanas. Si no, se lo decimos nosotros.

captura-de-pantalla-2017-02-06-a-las-23-13-51

Ya hemos hecho periodismo de investigación para mes y medio.

¿Por qué está ocurriendo esto? Pues porque ha hecho frío y se han helado las verduras, sobre todo las que no son de temporada y necesitan más calorcito. Normal, quieres calabacín en febrero, pues paga el precio, págalo. Si no, come vegetales de invierno como patatas, ricas y sabrosas patatas. O nabos. O zanahorias. No es nuestro problema.

Pero, por favor, no se sientan atacados por sus decisiones dietéticas. No es nuestro objetivo meternos con nuestros lectores. Sobre todo porque tenemos algo mejor que hacer: meternos con los ingleses.

Tomemos, por ejemplo, al corresponsal en Murcia del tabloide británico (¿se acuerdan cuando los tabloides eran prensa deleznable, por comparación a la respetable prensa seria?) The Sun. Pasemos por alto que dicho “corresponsal” probablemente sea un señor que pasa allí el invierno mientras escribe propaganda. Tratémoslo como un auténtico periodista. Un reportero intrépido que ha escrito una pieza con el siguiente titular:

captura-de-pantalla-2017-02-06-a-las-23-17-36

Para los del fondo: “Supermercados españoles acumulan frutas y vegetales mientras los compradores británicos sufren el racionamiento”.

El artículo es francamente infame, y además de preciosas fotos de cajas de fruta vacías en Londres/expositores de lechugas rebosantes en Molina de Segura, Murcia, contiene varias citas (que no diremos que sean inventadas, pero probablemente sean inventadas) que refuerzan la línea argumental de “vaya vergüenza, los españoles deberían compartir sus lechugas con nosotros y no acapararlas”. Otro artículo en el Telegraph alerta de la aparición de un mercado negro en el que desaprensivos ingleses (¡pleonasmo!) se enriquecen a costa de sus poco previsores compatriotas. Este artículo hace algo de hincapié en el absurdo de comprar verduras que no son de temporada en un lugar a miles de kilómetros, mientras que el Sun se limitaba a decir que “9 de cada 10 lechugas inglesas vienen de Murcia”. Pero el problema es de los murcianos, que no quieren compartir.

Pero Mundo Extraño no se ha hecho famoso por insultar gratuitamente a la prensa de naciones en decadencia, sino por la calidad de sus contenidos. Es por eso que nos hemos visto obligados a contactar con dos habitantes de la Región de Murcia, una de ellas huertana, usuarias habituales de supermercados y comedoras de lechugas. Aparte de proporcionarnos el documento audiovisual que mostramos a continuación, y que ilustra el vívido contraste entre la situación en Reino Unido y en la taifa murciana, han respondido a nuestras preguntas sobre la crisis de las lechugas.

[wpvideo tyJT0Sja]

“Ahora mismo Murcia es, básicamente, la única productora de lechugas de Europa. El frío ha hecho que se congelen las lechugas de toda Europa, salvo las nuestras. Otra vez las mejores. Y, en vez de vender a los ingleses, que pagan en libras esterlinas, una moneda que nadie quiere, les vendemos a los franceses y alemanes, que aunque nos tiren los camiones pagan en euros. No crean que no notamos aquí la escasez, ¿eh? Las gatas Bedelia y Babosi han comido la mitad de lechuga que otras veces, y yo he tenido que sustituir mi habitual baño de lechugas por una ducha. Que no se quejen los británicos, que bastante tienen con lo que les mandamos.”

Ahí tienen la clave del asunto, y la explicación de por qué, hoy por hoy, Molina de Segura ofrece una calidad de vida muy superior a la de Londres.