Detienen a sacerdote ortodoxo cuando iba con cianuro en la maleta a ver a su jefe

¿Quién no ha tenido un mal día en el trabajo y vuelto a casa hecho polvo? ¿Quién no ha tenido una semana mala y deseado que su jefe se rompa una pierna? ¿Quién no ha sido sistemáticamente maltratado por el Entorno Laboral hasta empezar a acariciar complejas fantasías de venganza?

¿Quién no ha decidido llevar sus fantasías a cabo y presentarse con cianuro en el bolsillo en el hospital en el que su jefe supremo, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, Ilia II, se recuperaba de una operación de vesícula? Giorgi Mamaladze, director de la sección de propiedades de dicha iglesia, ha tenido suficiente y ha actuado. Es posible que le muevan otros motivos que no sean solo el hartazgo, pero qué más da. Pensemos en lo importante: el señor de la foto iba a ser asesinado por un subordinado al que le han encontrado un puñado de armas en casa, y que previsiblemente iba vestido de forma similar.

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Nos gusta pensar que llevaba esta ropa en la cama del hospital.

Entre las actuaciones más populares de el casi asesinado Ilia II, está su oferta especial de bautizar personalmente a todos los bebés cuyos padres tuvieran más de dos hijos. O sea: tienes uno, nada, tienes dos, nada, pero el tercero, cuarto y siguientes son bautizados con el famosísimo giro de muñeca de Ilia II, alehop. Cómo rechazar esta oportunidad. En un país que tiene el dudoso honor de ser el segundo en haber adoptado el cristianismo (siglo IV, tremendos hipsters del tema divino), esto ha dado lugar a que nazcan porrones de niños.

Ay, Ilia, de la que te has librado.

El oro nazi de Canfranc

En esta casa creemos que los nazis tienen dos utilidades: que Cristina cuente historias sobre ellos y ser disuadidos de que hagan daño, por los medios que sea necesario. Esta entrada cubre solamente la primera parte, la segunda es responsabilidad de quien quiera asumirla. Y, a continuación, un vídeo que no tiene nada que ver con lo dicho anteriormente.

Ahora sí, Cristina habla del oro nazi de Canfranc:

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Qué bonito es el mundo ferroviario (foto de canfranneus.eu)

Un pueblo perdido de la mano de Dios en la frontera entre Francia y España. Una gigantesca y magnífica estación de tren en desuso que se cae a trozos. Un puñado de documentos esparcidos por las vías abandonadas. Un montonaco de oro nazi.

Parece la trama de Los ríos de color púrpura 3 o de un best seller surgido al calor del éxito de Stieg Larsson. Pero no. Es un suceso completamente real acaecido en una pequeña localidad aragonesa pegada a los Pirineos. Es la historia del oro nazi de Canfranc.

El origen de Canfranc se remonta al siglo XI, cuando se genera un pequeño núcleo de población que basaba su economía en el comercio de fronteras y en la creciente afluencia de peregrinos que realizaban el Camino de Santiago (la ruta aragonesa). Su posicionamiento estratégico, tanto económico como militar, propició que la villa disfrutase de diversos privilegios y concesiones, así como la construcción de diversos edificios civiles y militares. A pesar de ser, con perdón, una aldea en la que vivían cuatro gatos.

La construcción del edificio que nos interesa se inicia en 1915 con el objetivo de abrir un paso fronterizo en condiciones entre Francia y España a través de los Pirineos. La obra resulta extremadamente ambiciosa debido a que la situación geográfica de Canfranc (a los pies del puerto del Somport, en el valle del Aragón) y el clima de alta montaña hacen necesaria la plantación de árboles y la construcción de muros de contención para evitar avalanchas y desprendimientos. La Estación Internacional de Ferrocarril de Canfranc, la más grande de España con 240 metros de longitud y 75 puertas a cada lado, queda inaugurada en el año 1925. Al acto asisten Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII, aunque como demostró posteriormente, él era más de cruzar las fronteras de su país en barco. Quién sabe si mientras se tomaba una marinera. No obstante, la bellísima estación, que combina el estilo clásico y palacial propio de los años 20 con una arquitectura industrial casi de estilo victoriano, pasaría de golpe y porrazo a ser el escenario principal de una novela de espías de John Le Carré. Si vas a montar una trama internacional secreta de compra de metales pesados por parte de los nazis, que sea en un sitio nevado y bonito. Esos sobretodos nazis tienen que lucirse.

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Alfonos XIII y Primo de Rivera jugando a los trenes. Foto de El Confidencial.

Volvamos al tema trenes: bien sabido es que los españoles tenemos una de las mejores infraestructuras ferroviarias del mundo, gracias a la cual no podemos salir de España por el norte debido a la diferencia con el ancho de vía europeo (la única línea que emplea actualmente el ancho de vía europeo, de 1435 mm, es el AVE). La estación, que se construyó con vías Europa friendly, se cerró brevemente durante la Guerra Civil para evitar las comunicaciones por tren con el país vecino y se volvió a abrir al inicio de los años 40, aunque solo para mercancías. Y aquí es donde la trama se complica.

En primer lugar hay que dejar clara una cosa. Hitler tenía oro. Hitler tenía muchísimo oro. Oro como para una boda de leprechauns. Además, conforme iba avanzando la II Guerra Mundial aumentaban tanto las reservas de oro nazi procedentes del expolio por toda Europa como el caos y el sálvese quien pueda, de manera que a día de hoy sigue habiendo muchísimas dudas sobre qué ocurrió con parte de esos lingotes de los que nunca más se supo. Para que nos hagamos una idea, se dice que Martin Bormann, secretario personal de Hitler, escondió de forma cifrada en una partitura de la Marcha Impomptu, del compositor Gottfried Federlein, las coordenadas exactas del lugar donde se había escondido parte del oro que salió de Berlín poco antes de la llegada de las tropas de Stalin y de que el propio Bomann muriera cuando el convoy en el que viajaba fue alcanzado por un obús soviético. Repite conmigo «esto sigue sin ser un thriller de los 90».

Pero no solo hablamos del intercambio de lingotes de oro nazi. El asunto era notablemente más complicado. Durante el primer lustro de los años cuarenta Canfranc fue testigo de un enorme trasiego. Por un lado tenemos el contrabando de materias primas (Franco llegó a recibir pagos en opio) y el constante intercambio de cajas entre trenes y camiones en la estación, puesto que las mercancías tenían que llegar y partir de Canfranc por carretera debido al problema del ancho de vía. Además, los alemanes, sabiendo que nazi prevenido vale por dos, empezaron a lavar todo el oro que podían en Suiza cambiándolo por divisas, que era con lo que en realidad solían pagar la mayor parte de los bienes que adquirían a España y Portugal. Pero entonces, ¿de dónde venía el oro que llegaba a España? Pues de donde vienen la mayoría de los sueños de los muchimillonarios, ¡de Suiza!

Y es que entre 1941 y  1945, el Banco Nacional Suizo paga al Banco de España con oro por un importe de 187 millones de francos suizos. Parte se destina a liquidar los excedentes comerciales favorables a España; otra, a abonar a Madrid los gastos de transporte de productos portugueses destinados al país helvético, mientras que la última  parte servía para compensar a España por la conversión en oro de los francos suizos que recibía por parte de Alemania como pago en las transacciones comerciales. Es decir, Alemania llevaba el oro robado por toda Europa a Suiza para que quedara como le gustaba todo a los nazis: completamente blanco. Con ese dinero, Alemania comerciaba con España, que a su vez lo cambiaba de nuevo por oro refundido procedente de Suiza. Maravilloso ejemplo de colaboración entre naciones europeas. De hecho, el gobierno Alemán llega a presionar a Franco para que autorice a sus brigadas a instalarse en la aduana y poder así vigilar todo el tinglado, cosa que finalmente fue permitida por el gobierno francés de Vichy. En 1942, en la estación se izaba la bandera del Tercer Reich.

Todo esto ocurría en Canfranc, donde, para rizar el rizo, también se daban cita las SS, oficiales del gobierno francés, espías de ambos bandos y figuras como la de Albert Le Lay, jefe de aduanas y miembro de la resistencia francesa que facilitaba la huida España de personas perseguidas por el régimen de Hitler y la llegada de mensajes de la resistencia a Londres vía Madrid. Total, que estaba Canfranc como Atocha en hora punta.

Lo increíble de todo esto es que lo del oro nazi que cambia de manos en un pueblo fronterizo de una Europa en guerra quizá no sea lo más alucinante de esta historia. En 1945 la línea ferroviaria se cierra para volverse a abrir en 1949, aunque ya nada sería lo mismo y la estación acelera su decadencia hasta que, en 1970, echa el cierre definitivamente después de que el descarrilamiento de un tren galo provocase el derrumbe del puente de L’Estanguet, al otro lado de la frontera con Francia. La estación quedó abandonada y olvidada, hasta el punto de que nadie en el pueblo recuerda muy bien si llegaron a filmarse en el recinto escenas de Doctor Zhivago (1965), tal y como se ha afirmado desde diversos medios (aunque la documentación sobre el rodaje no sugiere tal cosa). Más tarde, en los siempre locos años 2000, se iniciaron las obras de rehabilitación para convertir esa pieza única de nuestro patrimonio en un hotel de lujo. Claro que sí, choca esos cinco, España de la precrisis. En 2009 se abandona el proyecto y para el cambio de década, cuando la gente parecía estar volviendo a sus cabales, la Diputación General de Aragón le compra la estación al Ministerio de Fomento por un precio simbólico. En la actualidad se encuentra abierta al público y se realizan visitas temáticas. ¡Visita Huesca!

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Todo roto, todo feo. La decadencia, qué cosa.

El caso es que en el año 2000, antes de la rehabilitación, cuando aún estaba aquello que era una escombrera, se elige la estación de Canfranc como escenario para el rodaje (esta vez sí) de aquel mítico anuncio navideño de Lotería Nacional («¿el primero del calvo?» pregunta tu cabeza, «efectivamente y sí», responde la mía). Entre los curiosos que se acercan a visitar el set se encuentra Jonathan Díaz, casualmente el conductor del autobús que vino a sustituir a la línea ferroviaria que partía de la estación. Según la versión del propio Díaz, se encontraba curioseando por la estación cuando ve un montón de documentos tirados en las vías (plausiblemente a consecuencia del ajetreo durante acondicionamiento de la estación para el rodaje y la despreocupación de las autoridades). Jonathan decide llevarse todos esos papeles a su casa y cuál es su sorpresa al descubrir que los documentos, fechados entre 1940 y 1945, acreditan la entrada de toneladas de oro procedentes de la Alemania nazi a cambio de wolframio extraído en Galicia, el cual mezclado con acero aumentaba la resistencia de los carros de combate alemanes. Una vez que salieron a la luz los documentos, Renfe se da bastante prisa, ahora sí, en mandar a varios empleados a vigilar la estación y recoger los papeles restantes. Y ya de paso, en denunciar a Díaz por apropiación ilegal de documentos históricos.

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Pues bien bonito era. Foto de El Correo.

Y es que, al final, de toda esta historia quedan un puñado de papeles amarillentos, 38 lingotes de oro alemán custodiados por el banco de España y la enorme estación, que permanece fría e impertérrita, puede que esperando volver a ver pasar a los nazis por la frontera y revivir sus tiempos más gloriosos. Elecciones en Francia el 23 de abril.

No hay lechuga para los malvados

Si es usted comprador habitual de vegetales, quizá haya notado que algunos de ellos han subido de precio en las últimas semanas. Si no, se lo decimos nosotros.

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Ya hemos hecho periodismo de investigación para mes y medio.

¿Por qué está ocurriendo esto? Pues porque ha hecho frío y se han helado las verduras, sobre todo las que no son de temporada y necesitan más calorcito. Normal, quieres calabacín en febrero, pues paga el precio, págalo. Si no, come vegetales de invierno como patatas, ricas y sabrosas patatas. O nabos. O zanahorias. No es nuestro problema.

Pero, por favor, no se sientan atacados por sus decisiones dietéticas. No es nuestro objetivo meternos con nuestros lectores. Sobre todo porque tenemos algo mejor que hacer: meternos con los ingleses.

Tomemos, por ejemplo, al corresponsal en Murcia del tabloide británico (¿se acuerdan cuando los tabloides eran prensa deleznable, por comparación a la respetable prensa seria?) The Sun. Pasemos por alto que dicho “corresponsal” probablemente sea un señor que pasa allí el invierno mientras escribe propaganda. Tratémoslo como un auténtico periodista. Un reportero intrépido que ha escrito una pieza con el siguiente titular:

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Para los del fondo: “Supermercados españoles acumulan frutas y vegetales mientras los compradores británicos sufren el racionamiento”.

El artículo es francamente infame, y además de preciosas fotos de cajas de fruta vacías en Londres/expositores de lechugas rebosantes en Molina de Segura, Murcia, contiene varias citas (que no diremos que sean inventadas, pero probablemente sean inventadas) que refuerzan la línea argumental de “vaya vergüenza, los españoles deberían compartir sus lechugas con nosotros y no acapararlas”. Otro artículo en el Telegraph alerta de la aparición de un mercado negro en el que desaprensivos ingleses (¡pleonasmo!) se enriquecen a costa de sus poco previsores compatriotas. Este artículo hace algo de hincapié en el absurdo de comprar verduras que no son de temporada en un lugar a miles de kilómetros, mientras que el Sun se limitaba a decir que “9 de cada 10 lechugas inglesas vienen de Murcia”. Pero el problema es de los murcianos, que no quieren compartir.

Pero Mundo Extraño no se ha hecho famoso por insultar gratuitamente a la prensa de naciones en decadencia, sino por la calidad de sus contenidos. Es por eso que nos hemos visto obligados a contactar con dos habitantes de la Región de Murcia, una de ellas huertana, usuarias habituales de supermercados y comedoras de lechugas. Aparte de proporcionarnos el documento audiovisual que mostramos a continuación, y que ilustra el vívido contraste entre la situación en Reino Unido y en la taifa murciana, han respondido a nuestras preguntas sobre la crisis de las lechugas.

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“Ahora mismo Murcia es, básicamente, la única productora de lechugas de Europa. El frío ha hecho que se congelen las lechugas de toda Europa, salvo las nuestras. Otra vez las mejores. Y, en vez de vender a los ingleses, que pagan en libras esterlinas, una moneda que nadie quiere, les vendemos a los franceses y alemanes, que aunque nos tiren los camiones pagan en euros. No crean que no notamos aquí la escasez, ¿eh? Las gatas Bedelia y Babosi han comido la mitad de lechuga que otras veces, y yo he tenido que sustituir mi habitual baño de lechugas por una ducha. Que no se quejen los británicos, que bastante tienen con lo que les mandamos.”

Ahí tienen la clave del asunto, y la explicación de por qué, hoy por hoy, Molina de Segura ofrece una calidad de vida muy superior a la de Londres.

Héroe sin capa encontrado en Albacete

Atracas una sucursal de Bankia.

Te vas a una churrería. Pides dos cosas:

-Un café con leche condensada y Brandy (“Belmonte”).

-Un taxi para huir.

El camarero dice que joder, al taxi no lo llama. Pero el Belmonte te lo pone, es su deber.

Te lo bebes, sales de la churrería, te detiene la policía.

Para tu cuerpo mortal empieza el suplicio judicial, para tu fama eterna es solo el principio.

 

Si trabajáramos en la oficina de turismo de Albacete, ya tendríamos tema para las próximas diez campañas.

Colón, el primer emprendedor (parte II)

Esta entrada es la segunda parte de la historia comenzada hace quince días. En sucesivas entregas, Cristina Ortiz nos ilustrará con variados episodios de la historia.

En esta segunda parte iniciamos el relato de los tres meses que Colón pasa en, ejem, «Las Indias». En este punto damos al lector la oportunidad de ahorrarse la relación de fragmentos del diario del almirante y ofrecemos un breve resumen de las ideas centrales del diario:

  1. Hemos llegado a las Indias. Todo estupendo. Todo maravilloso. Las gente es encantadora.
  2. Mañana ya casi seguro que encontramos el oro. Me lo ha dicho un indígena.
  3. Detrás de esa isla debe de estar Cipango.
  4. Comparar el clima con el de Andalucía.

Así pues, el 12 de octubre Colón escribe (recordemos que los saltos a la tercera persona se deben a que transcribe Bartolomé de las Casas):

[…] dice aquí el Almirante quo hoy y siempre de allí adelante hallaron aires ternperantísimos; que era placer grande el gusto de las. mañanas, que no faltaba sino oir ruisefiores. Dice él, y era el tiempo corno Abril en el Andalucia.  Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias.  «Yo (dice él), porque nos tuviesen mucha amistad, porque conoscí que era gente que mejor se libraría y convertiría á nuestra Santa Fe con amor queno por fuerza, les di á algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor con: que hobieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. […] nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas, y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras, cosas que nós les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. […] Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una farto moza, y todos los que yo ví eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos, y muy buenas caras.  […] Ellos no traen armas ni las cognocen, porque les anzostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. […] Ninguna bestia de ninguna manera vicie, salvo papagayos en esta isla.»

A partir de ese momento, Colón se dedica a rodear y explorar las islas esperando encontrarse con el Gran Khan.

Del 13 de octubre:

Determiné de aguardar fasta mañana en la tarde, y después partir para el Sudueste […] a buscar el oro y piedras preciosas. Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, ques placer de mirarla; y esta gente farto mansa, y por la gana de haber de nuestras cosas, y teniendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen, toman lo que pueden y se echan luego á nadar […]  Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar así del todo fe, y también aquí nace el oro que traen colgado á la nariz; mas por no perder tiempo quiero ir á ver si puedo topar á la isla de Cipango.

Del 16 de octubre:

Isla Fernandina. Esta isla es grandísima y tengo determinado de la rodear, porque según puedo entender en ella, ó cerca delta, hay mina de oro. […] Sai naot, que es la isla ó ciudad adonde es el oro, que así lo dicen todos estos que aquí vienen en la nao, y nos lo decían los de la isla de San Salvador y de Santa María. En este tiempo anduve así por aquellos árboles, que era la cosa más fermosa de ver que otra se haya visto; i veyendo tanta verdura en tanto grado como en el mes de Mayo en el Andalucía, y los árboles todos están tan disformes de los nuestros como el día de la noche; y así las frutas, y así las yerbas y las piedras y todas las cosas.

Del 21 de octubre:

Aquí es, unas grandes lagunas, y sobre ellas y á la rueda es el arboledo en maravilla, y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como en el Abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que ascurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras, que es maravilla; […] Después se llegaron á nos unos hombres dellos, y uno se llegó del todo aquí: yo di unos cascabeles  y unas cuentecillas de vidrio, y quedó muy contento y muy alegre […] por ende si el tiempo me da lugar luego me partiré á rodear esta isla fasta que yo haya lengua con este Rey, y ver si puedo haber del el oro que oyo que trae, y despues partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, segun las señas que me dan estos indios que yo traigo.

Del 22 de octubre:

Toda esta noche y hoy estuve aquí aguardando si el Rey de aquí ó otras personas traerían oro ó otra cosa de sustancia, y vinieron muchos de esta gente, semejantes á los otros de las otras islas, así desnudos, y así pintados dellos de blanco, dellos de colorado, dellos de prieto, y así de muchas maneras. […] Algunos dellos traían algunos pedazos de oro colgados al nariz, el cual de buena gana daban por un cascabel destos de pie de gavilano y por cuentecillas de vidrio: mas es tan poco, que no es nada: que es verdad que cualquiera poca cosa que se les dé ellos también tenían á gran maravilla nuestra venida, y creían que eramos venidos del cielo.

Del 23 de octubre:

Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo que debe ser Cipango según las señas que dan esta gente de la grandeza della y riqueza, y no me deterné mas aquí ni esta isla alrededor para ir á la población, como tenía determinado, para haber lengua con este Rey ó Señor, que es por no me detener mucho, pues veo que aquí no hay mina de oro, y al rodear de estas islas ha menester muchas maneras de viento, y no vienta, así como los hombres querrían.

Y no he dado ni doy la vela para Cuba, porque no hay viento, salvo calma muerta y llueve mucho; y llovió ayer mucho sin hacer ningún frío, antes el día hace calor, y las noches temperadas como en Mayo en España en el Andalucía.

Del 29 de octubre:

A las anclas de aquel puerto y navegó al Poniente para ir diz que á la ciudad donde le parecía que le decían los indios que estaba aquel Rey.

Del 30 de octubre:

Determinó el Almirante de llegar á aquel río y enviar un presente al Rey de la tierra  y enviarle la carta de los Reyes, […] que pensaba que estaba por allí ó á la ciudad de Cathay  ques del Gran Can, que dicen que es muy grand.

Se suceden durante días relatos de las cosas que encuentran y de lo mansos que son los indios. Colón se empieza a poner nervioso porque el oro no aparece y ahí ni está el Gran Khan ni se le espera. Además, no sabe qué rumbo seguir porque no para de confundirse al medir la latitud. EL 22 de noviembre Martín Alonso Pinzón decide seguir partir caminos y se separa de Colón y de la Santa María por motivos desconocidos. Algunas fuentes consideran que la separación fue fruto de un ansia de protagonismo de Pinzón, que deseaba el oro y la gloria para sí. Otros apuntan, no obstante que Pinzón estaba hasta las narices de dar vueltas por Cuba buscando Japón.

Lo cierto y verdad es que Pinzón llegó hasta Jamaica y rodeó La Española por el Este, pasó por las Bahamas y volvió rumbo Sur. Mientras tanto Colón, que sigue sin hallar oro, se centra cada vez más en un relato febril de las maravillas naturales que va encontrando (porque algo tiene que ofrecer a sus patrocinadores) y del insuperable carácter de sus gentes (del «buen salvaje», al fin y al cabo), poniendo así las primeras piedras del tópico de lo real maravilloso que siglos después culminaría en lo que se ha venido a llamar popularmente realismo mágico. Colón ha seguido vendiendo hasta después de muerto.

El almirante llega el 6 de diciembre a La Española, de la que afirma:

Crean vuestras Altezas questas tierras son en tanta cantidad buenas y fértiles y en especial estas desta isla Española, que no hay persona que lo sepa decir, y nadie lo puede creer si no lo viese. ï crean questa isla y todas las otras son así suyas como Castilla, que aquí no falta salvo asiento y mandarles hacer lo que quisieren, […]  y haber multitud destos indios y todos huir, sin que les quisiesen hacer mal.

Durante los días 16, 17 y 18 de diciembre Colón consigue establecer contacto con un grupo de indígenas. Es en los diarios de Colón donde que se registra por primera vez en nuestra lengua las palabras tahínas «cacique» y «caníbal» (de «cariba» que significaba «gente fuerte», aunque el horror que sintieron los españoles al verles consumir carne humana propició el loco doblete léxico «caníbal» y «Caribe»).

Del lunes 17 de diciembre:

Ventó aquella noche reciamente, viento Lesnordeste, no se alteró mucho la mar porque lo estorba y escuda la Isla de la Tortuga questá frontero y hace abrigo: así estuvo allí aqueste día. Envió á pescar los marineros con redes: holgáronse mucho con los cristianos los indios, y trujéronles ciertas hechas de los de Caniba ó de los Canibales, y son  de las espigas de cañas, y exigiéronles unos palillos tostados y agudos y son muy largos. Mostráronles dos hombres que les faltaban algunos pedazos de carne de su cuerpo, y hiciéronles entender que los canibales los habían comido á bocados: el Almirante no lo creyó.

Del 18 de diciembre:

Este vino á la nao después del Rey, al cual dió el Almirante algunas cosas de los dichos restates, y allí supo el Almirante que al Rey llamaban en su lengua Cacique. En este día se resgató diz que poco oro; pero supo el Almirante de un hombre viejo que había muchas islas comarcanas á cien leguas y más, según pudo entender, en las cuales nasce muy mucho oro; y en las otras, hasta decirle que había isla que era todo oro, y en las otras que hay tanta cantidad que lo cogen y ciernen como con cedazos, y lo funden y hacen vergas y mil labores: figuran por señas la hechura.

Del 24 de diciembre:

Entre los muchos indios que ayer habían venido á la nao, que les habían dado señales de haber en aquella isla oro, y nombrada los lugares donde lo cogían, vilo uno parece que más dispuesto y aficionado, ó que con más alegría le hablaba, y halagálo rogándole que se fuese con él á mostralle las minas del oro: éste trujo otro compañero ó pariente consigo, los cuales entre los otros lugares que nombraban donde se cogía el oro, dijeron de Cipango, al cual ellos llaman Civao, y allí afirman que hay gran cantidad de oro.

Esa Civao que le sonaba mucho a Cipango no era otra cosa que parte de la República Dominicana. Y así con todo, Colón. Ese día mismo día encalla la Santa María en La Española, en cuyos restos se construye el Fuerte de Navidad. Los sucesivos días son un ir y venir en negociar con los indígenas e intentar que les digan de una vez detrás de qué palmera están Japón y el oro.

El que paradójicamente sí que encontró oro fue Martín Alonso Pinzón, no en interminables minas, que era lo que esperaba Colón, sino mediante el trueque con los nativos (lo que le valió que el almirante le perdonara el pronto de coger el navío e irse). Parece ser que además Colón consiguió también una caja de oro del ya mencionado cacique. Total, que Colón iba a volver a España de su expedición en busca de oro y especias con el equivalente a un gallo de cerámica recuerdo de Lusitania. Después de una escaramuza con los indígenas en la que varios marineros tuvieron que salir corriendo después de apuñalar en las nalgas a un indio y dado que todo el mundo estaba bastante cansado de dar vueltas a las islas y de oír al almirante decir que aquello era igualito que la Feria de Málaga, Colón toma la decisión de emprender el camino de vuelta a España. El 16 de enero parten La Niña y La Pinta, pero en mitad del océano una tormenta separa a las dos naves, de forma que Martín Alonso Pinzón llega a Galicia y Colón en Portugal, donde es arrestado y llevado ante el rey porque de verdad que es que todo le pasa a él.

Mientras, Pinzón pide  audiencia con los Reyes pero estos consideran que primero deben reunirse con Colón y le mandan de vuelta a casa. Sin embargo, Pinzón, muy enfermo, muere en el Monasterio de la Rábida, no sabemos si maldiciendo la hora en la que le cogió el teléfono al almirante.  Colón, por su parte, se presenta ante los Reyes con, ojocuidao, un par de cajas con cosas de oro, diez indígenas, máscaras y un montón de papagayos.

A pesar de todo, Colón disfruta de un feliz desenlace a ese primer viaje. La noticia de la llegada del almirante a las Indias se propaga rápidamente por toda Europa por medio de una serie de cartas impresas y Colón consigue vía libre para realizar una segunda expedición a las Indias,  esta vez de mucha mayor envergadura, que parte de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, a la que le seguirán otras dos en 1498 y 1502 y que serían por lo general mucho menos satisfactorias para el almirante. Pero eso ya son otros diarios.

Dejad en paz a los caballos

Poco podemos añadir a esta historia terrorífica de asesinatos equinos, venganzas toreras, gasolineras manchegas y guardias civiles confundidos. Apreciamos, cómo no, el altísimo componente celtibérico del asunto, pero mira, no. Asesinar caballos por venganza, no. Que el caballo no te ha hecho nada, cabrón.

Si le añadimos esta (confusa y opinativa, sí, pero también intrigante) pieza sobre la compra masiva de burros africanos y sangre de yeguas (con la yegua alrededor) por parte de la industria china de los remedios mágicos, se nos queda el cuerpo regular.

Gracias a Serly, Víctor y Héctor por hundirnos en la miseria.

Vertido de caramelos/nouvelle cuisine para vacas

Un camión se accidenta en Wisconsin, EEUU, debido al hielo en la carretera. La caja se rompe y su contenido se vierte.

Cientos de miles de caramelos rosas cubren la calzada en el condado de Dodge (sospechamos que en EEUU hay aproximadamente diez topónimos que se repiten quince millones de veces, pero ese es otro asunto).

El sheriff, aparte de olisquearlos (y probablemente guardarse unos cuantos, que la regla de los tres segundos se convierte en diez horas si hay hielo y ha

blamos de caramelos), se alegra porque la deliciosa pegajosidad del azúcar mejora la adherencia de la carretera en un momento delicado.

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Lo último en obra pública de emergencia (CNN)

Hasta aquí, algo de maravilla (ese rosa salido del infierno o de Venus) merece, como poco, un breve), la posibilidad de realizar una semblanza del sheriff caramelófilo, quizá una mención inocua al nuevo presidente de los u ese a. Un viernes cualquiera.

Pero, como ya habrán adivinado, hay algo más. Este accidente fortuito, cual ayudante torpe de Indiana Jones apoyándose descuidadamente en la palanca que abre la puerta de la cámara del tesoro, ha revelado una verdad francamente desasosegante. Sabemos quiénes eran (caramelos), pero ¿de dónde venían? ¿Cuál era su destino?

Las respuestas son, respectivamente: de una fábrica de Skittles y a granjas de ganado vacuno.

Sí, estimados lectores: hay granjas que alimentan (parcialmente) a sus vacas con caramelos defectuosos, ya que proporcionan deliciosas calorías a un coste ridículo. Es algo normal, dicen. ¿Horror? ¿Terror? ¿Una manifestación más de que si algo no se tira es porque no se te ha ocurrido el proceso industrial en el que puedes meterlo con calzador?

Dejamos que cada uno responda. Nosotros vamos a mirar el infierno rosa un rato, a ver si se nos pasa el desasosiego.