Enlace

Mujer atraca una farmacia lanzando leche a los dependientes. Leche humana. Leche suya. De sus pechos.

Nota previa: esta entrada debería haber aparecido hace una semana, pero los robots volvieron a hacer de las suyas y apareció algo bastante mutilado. Ahora les traemos la versión completa.

Es justo reconocer que esta noticia nos llegó a través de un tabloide británico (que enlazamos para futura referencia), pero una breve búsqueda nos ha permitido encontrar una fuente mucho más de nuestro agrado: el portal Mommyish, todo lo que quiera saber sobre ser madre. Que no es que tengamos intención -imaginen el ritmo de actualización si estuviéramos embarazados-, pero el lenguaje utilizado nos ha gustado mucho más. Así somos.

Los hechos ocurrieron como sigue: una mujer entra en una farmacia en Darmstadt, Alemania, y pide un sacaleche (20 euros). Paga con un billete de 200, y mientras buscan cambio los empleados, se saca un pecho y los rocía con leche. A continuación se pone a rebuscar en la caja registradora y, ante las protestas de trabajadores y clientes, dispara más leche. A continuación se tapa los pechos y es expulsada de la farmacia por los empleados, que avisan a la policía. Poco después, descubren que se ha dejado el sacaleche y ha robado cien euros.

Evidentemente, no podemos menos que admirar a una persona tan llena de recursos, que emplea su cuerpo como arma de forma innovadora, si bien el botín neto, unos magros ochenta euros, se nos hace un poco escaso. Por eso nos molesta el lenguaje utilizado en el Daily Mail, que se refiere a las acciones de esta heroína moderna como “Disgusting and bizarre incident”. En Mommyish, sin embargo, se refieren a ella como “resourceful”, y la autora de la pieza, madre, muestra admiración por ese aprovechamiento extremo de las consecuencias de la maternidad. Mucho mejor tratamiento, dónde va a parar.

En ambos textos, sin embargo, se recogen las palabras de la policía alemana, que declara no haber visto nada igual, y califica el acto de increíble. No vamos a dárnoslas de estar de vuelta de todo: si hay una fuerza motriz detrás de Mundo Extraño, es el deseo de sorprendernos continuamente. Pero en este caso particular, los agentes alemanes están mostrando muy a las claras que no leen lo que escriben sus colegas estadounidenses en la lista de correo a la que sin duda está suscrito todo servidor de la ley. Si estuvieran atentos, sabrían que el ser rociado con leche materna es algo que ocurre con cierta frecuencia al otro lado del Atlántico. Y, principalmente, a policías. Veamos dos casos, que pese a sus diferencias siguen ciertos patrones:

Stephanie Robinette, mujer de 30 años, Ohio: se emborracha en una boda, vuelve a casa, golpea a su marido, se encierra en el coche. El marido llama a la policía, que llega e intenta hacer que salga del coche. Ella clama que la dejen en paz, que no pueden hacerle eso a una madre que está en periodo de lactancia y, suponemos que para demostrarlo, se saca las tetas y lanza leche a los agentes. La llevaron al calabozo, la acusaron de varias cosas (violencia doméstica, resistencia al arresto y asalto), se declaró no culpable, pidió perdón y el juez la dejó en libertad.

Toni Tramel, mujer (primer patrón) de 31 años, Kentucky: la arrestan por ir borracha (segundo patrón) por la calle y la llevan al calabozo. Allí, una agente intenta obligarla a ponerse el uniforme carcelario. Ella se resiste, dice que no, se quita el sujetador, se aprieta un pecho y rocía la cara y cuello de la agente con leche. Esta la empuja contra una pared y la obliga a ponerse un uniforme limpio, mientras Tramel vuelve a intentar lanzarle leche, infructuosamente. Después, en palabras de la funcionaria, procede a limpiarse el fluido biológico potencialmente peligroso (biohazard, para que nos entendamos). A Toni Tramel la acusan, entre otras cosas, de asalto en tercer grado, con una fianza de 10000 dólares. Lo cual parece cuanto menos exagerado. Además, el uso de la expresión “biohazard” plantea importantes preguntas sobre qué cree esa agente que se les da a los bebés.

Vemos, pues, que el uso de la leche materna como elemento de resistencia a la autoridad goza de cierta popularidad, al menos entre treintañeras borrachas del Midwest americano. Esperamos, en cualquier caso, que la anónima asaltante de la farmacia de Darmstadt no sea acusada de intentar intoxicar a los empleados del local, en caso de que la atrapen. Aunque nos gustaría que eso no ocurriera. De hecho, esperamos que en algún momento se encuentre con aquellos que se fugaron de un circo con sus tigres, en algún Sangri-La de los fugitivos centroeuropeos.

Mundo Extraño, tras unos días difíciles, vuelve en algún momento de la semana que viene.

Mujer atraca una farmacia lanzando leche a los dependientes. Leche humana. Leche suya. De sus pechos.