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Vas a una tienda cien a comprar un juguete para tu niña de dos años. En la sección de juguetes infantiles, ves una varita que promete hadas, unicornios y música angelical. El nombre de la varita, algo stick, es lo de menos, ¿no?

Luego llegas a casa con el regalo, y tu ilusionada hija de dos años quita el papel que cubre la varita y se encuentra con esto:

¿Es una foto de una niña cortándose las venas? Es una foto de una niña cortándose las venas. Y la música angelical es una risa enloquecida.

Eh, a nosotros nos parece legítimo: tiene que haber ángeles de todo tipo. Si camela reírse como si fuera a arrancarte las tripas, déjalo que camele.

Alegra comprobar que, ante la histeria desatada por la prensa y los padres horrorizados (“no es un dibujo, es una foto de una niña suicidándose”, “es impensable que esto sea para niños de tres años”), el comerciante ofrece argumentos y razones, sin perder la calma y desde la experiencia del que tiene multitud de hijos: se llama EVIL STICK, por el amor de Satán. Igual deberían habérselo pensado antes de comprarlo. Y vale, igual para niños de tres años no es, pero un chaval de cinco o seis años puede asumir perfectamente que hay fuerzas malignas en el mundo que impulsan a las niñas a cortarse las venas. Ya lo ven en la tele.

Esperamos que esto no lleve a represalias contra el honrado comerciante ni contra los innovadores jugueteros que han decidido introducir un (arriesgado) giro en el tópico mundo de las princesas y los caballeros.

Si tu hija quiere ser una hechicera satánica que induzca a los demás niños al suicidio, ahora puede.