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Mil jóvenes abandonados en una capea ilegal

No vamos a decir que se lo merecen. Para nada.

De hecho, ojalá haber estado allí.

Ojalá haber sido engañados por una marca de ropa llamada Mr. Happiness (puntos por absoluta falta de originalidad; no pinchen en el enlace o verán cosas como esta mierda infecta). Nos encantaría haber llegado a un pueblo en medio de la nada, a sesenta kilómetros de Madrid, tras pagar treinta o cuarenta euros. Escuchar un rato de música junto a otras tres mil personas en una carpa, mientras fuera empieza a llover. Bailar y ver unas cuantas vaquillas corriendo en círculos. Y notar cómo poco a poco la música y el movimiento de los animales nos va transportando a un estadio más primitivo.

Ah, luchar contra nuestros semejantes, volver al estado hobbesiano por unos bocadillos lanzados sobre nuestras cabezas. Ser reprimidos por la Guardia Civil, sentir nuestros pechos arder con la furia del que se enfrenta a un orden injusto. Notar el mordisco del frío, alzar la cabeza y decir que ya está bien, que me vuelvo a casa. Luchar, de nuevo, por un sitio en un autobús, sin éxito. Gritar a estos nuevos perros del sistema, que se niegan a llevarme a casa, hasta entender que he sido masticado y escupido por una maquinaria irracional, inhumana.

Unirnos, todos los desheredados, bajo la lona de la tienda, entre los restos de la fiesta. Encontrar la solidaridad de mis semejantes y encender una hoguera con los plásticos de los bocadillos y las patas de las sillas del catering. Aspirar el humo negro, probablemente tóxico, que se eleva hacia el techo de la carpa. Contemplar las sinuosas llamas, que oscilan entre las paredes de lona, ora iluminando la cara de otro aficionado a los toros, ora lamiendo los flancos de la tienda.

Decidir que no vamos a esperar la muerte ahí dentro, no señor. Somos jóvenes, la sal de la tierra, el futuro de este agotado país. No necesitamos que nadie nos salve. Podemos ir andando al pueblo más cercano, y ahí ya se verá.

¡Oh, ser pastoreado por la Guardia Civil a lo largo de la carretera con mis compañeros de armas!

Ojalá haber formado parte de esa expedición de seiscientos jóvenes borrachos, un auténtico cuerpo de ejército derrotado pero no hundido, supervivientes de la capea, dispuestos a todo con tal de volver a casa. Scott y Admunsen no se vieron en una así.

Pero no somos ellos, y tenemos que limitarnos a contarlo.

Mil jóvenes abandonados en una capea ilegal

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Detenido por la muerte de dos perros (a flechazos)

Que un salvaje mate a dos perros en una finca extremeña no es noticia, y menos para esta casa. Una barbaridad más, por desgracia.

Que lo haga a flechazos llama nuestra atención un poco más.

Que el mencionado salvaje sea un señor de cuarenta años que es rápidamente identificado por la Guardia Civil como sospechoso por vivir en medio de un eucaliptal en una cabaña, ahí ya estamos hablando de lo que nos gusta.

Si, además, junto a la cabaña se encontraron un arco y veinte flechas escondidos en unos matorrales, que hubiera una tienda con lonas de camuflaje y, en su interior, “una escopeta, un rifle, munición para los mismos, cargadores, pistolas de aire comprimidos con sus cargadores y munición, botellas de recarga de aire comprimido, un arco con un centenar de flechas, silenciadores y machetes”, miel sobre hojuelas.

Un detalle que entendemos necesario para el correcto discurrir de la justicia, pero que no deja de tener su gracia, es el análisis al que se sometieron las flechas, para comprobar que eran las utilizadas. Ninguna precaución es poca, dada la abundancia de bandas de arapahoes en la campiña pacense.

Extremadura, 19 de junio de 2014.

Gracias a Víctor por la pista.

Detenido por la muerte de dos perros (a flechazos)

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Hacía tiempo que no traíamos España Negra y queremos solucionarlo.

Dejamos enlazado el recorte de una historia que mezcla de forma sublime el concepto de la honra española con la actitud me-importa-tres-cojones.

“No sólo es mentira sino que además mira, PA TI TODO”.

No fuimos capaces de encontrar la noticia original, pero ese texto fue publicado por la revista Triunfo el 10 de enero de 1970; el “extraño caso” ocurrió las últimas semanas de diciembre de 1969.

Hospitalet, diciembre de 1969.

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“Su padre lo vendió [al circo] por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria”.

El padre de Agustín Luengo querría haber sacado 200 reales por su hijo. Quizá menos que eso le parecía poco, sobre todo si tenemos en cuenta los gastos en que había tenido que incurrir para adaptar su pequeña morada a las dimensiones de su gigantesco vástago. Pero, en fin, se quitó un gran problema del medio, y a Agustín tampoco le pareció mal: iba a viajar con gente pintoresca.

Para una persona nacida en la Puebla de Alcocer (capitalilla de la Siberia extremeña. Se pueden hacer una idea) a mediados del siglo XIX, la posibilidad de salir del pueblo y conocer gente nueva era muy atractiva, midieras un metro sesenta o dos treinta y cinco. Más aún si, como parece, su principal interés era enamorarse -tal cual- y formar una familia, cosa que era difícil en un pueblo tan pequeño. Quizá pensó que en el ancho mundo alguien habría a quien no le importara que fuera un fenómeno de la naturaleza.

En el circo tenía un espectáculo consistente en esconder un pan de un kilo en la mano. Sencillo, pero eficaz. Y allí conoció al rey Alfonso XII, que le regaló unas botas de su talla. Su aventura circense terminó cuando el doctor Pedro González Velasco, nacido en Portugal, le compró su cuerpo, con la condición de que se trasladase a Madrid. Esto proporcionó a Agustín una asignación diaria, que se gastó en, básicamente, vicios varios, ante la desaprobación del doctor, que veía cómo SU cuerpo se degradaba. Él sabía que el gigante no duraría mucho, debido a la acromegalia que sufría, pero tampoco quería que el cuerpo que pretendía exponer estuviera destrozado por el alcohol o las enfermedades venéreas. Justo es decir que todo el negocio se basaba, como suele ocurrir, en una situación de partida asimétrica: el pago se haría diariamente, además de una cantidad fija para los herederos de Agustín. Esto al gigante le pareció ideal, pero el médico contaba con la temprana muerte de su sujeto, para ahorrar todo lo posible. Pero tenía que ser una muerte lo más pacífica posible, sin deterioro previo. No fue así.

La situación empeoró debido a una tuberculosis ósea, cuyo dolor solo calmaba un bebedizo a base de cornezuelo, que provocaba alucinaciones a Agustín, además de hacerle perder el juicio y el control, hasta el punto de que en alguna ocasión se le vio intentando copular con el quicio de una puerta.

El esperado desenlace tuvo lugar cuando Agustín tenía veintiocho años: murió de repente a causa de un colapso, en medio de la calle. Cuando el doctor Velasco se enteró, se apresuró a hacer un molde en yeso de su cuerpo, además de diseccionarlo y prepararlo para exposición. Sin embargo, el cuerpo había empezado a pudrirse -pasaron varios días-, por lo que no fue posible embalsamarlo, como había querido Velasco. Tuvo que conformarse con exponer el esqueleto, que está, junto con el molde, en el Museo Nacional de Antropología. El resto del cuerpo -piel, carne, pelo, que fueron retirados para dejar limpio el esqueleto- no se sabe dónde acabó.

Nos tememos que no hay una moraleja edificante que obtener de esta trágica historia, por lo que solo podemos dar un consejo a nuestros lectores: no vendan -al menos, literalmente- su cuerpo a médicos portugueses.

Mundo Extraño vuelve el lunes que viene.

ESPECIAL MUNDO EXTRAÑO: Tomasín, el Rambo de Tineo.

El 4 de septiembre de 2011 La Llaneza (pueblo del concejo de Tineo, Asturias) amanecía con otra funesta noticia¹: Manuel Rodríguez Villar, ganadero, aparecía muerto en una cabaña con una herida en la cabeza. Todo era confuso. Se desconocía el origen de la herida así como el paradero de su hermano, Tomás, que vivía en la cabaña como un ermitaño.

El día siguiente se informó de las exequias del fallecido, así como de la infructuosa búsqueda de su hermano por la Guardia Civil. Algunos vecinos lamentaban la pérdida de Manolo; otros volvían a destacar -en un bellísimo eufemismo- que “Tomasín no está en condiciones mentales óptimas”. No obstante, la Guardia Civil seguía sin tener un sospechoso claro.

Once días después de la muerte, el 13 de septiembre, la Guardia Civil intensificaba las batidas por el monte con perros tras más de una semana de búsquedas sin resultado. Tomás conocía la montaña e incluso disponía de cuevas en las que solía pasar temporadas. Sin nada claro todavía, los agentes intentaron la Conexión Portugal mientras seguían con la búsqueda de Tomasín (el cual había sido avistado en las cercanías). Algunos medios nacionales publican la noticia del prófugo, pero el suceso empieza a disolverse en la prensa sin mayor interés.

Es entonces, un mes más tarde, cuando explota la épica.

El 14 de noviembre el periódico La Nueva España publica la noticia “TOMASÍN, EL ÚLTIMO COMANDO”, en la que se hacen eco de la más reciente novedad del caso: Las cámaras de seguimiento del oso pardo graban a Tomasín con poncho, casco militar y unas botas dando esquinazo a la Guardia Civil.

Salta la liebre y se confirma que Tomasín, ahora sí principal sospechoso, lleva 46 días evitando batidas diarias de la Guardia Civil. Incluso bajando a comprar conservas y embutidos moviéndose por el pueblo en taxi. Empieza además a surgir cierta simpatía popular por el tipo que lleva mes y medio toreando a más de 40 agentes de las fuerzas del estado.

Finalmente, tras 57 días echado al monte, Tomasín es detenido en la “Operación Altasierra” y recibido entre aplausos por sus vecinos. Para entonces los medios regionales y nacionales (por favor, especial atención a la MARAVILLOSA pieza audiovisual que acompaña la noticia del ABC) ya le habían bautizado como “El Rambo de Tineo”.

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Días después, Tomasín confiesa haber matado a su hermano porque éste le maltrataba reiteradamente; certificando incluso por médicos y conocidos haber sufrido hasta 4 roturas de tabique nasal. Se reveló además que la muerte se produjo por un arma de fuego fabricada por el propio Tomasín. A estas alturas el diario El Comercio publica la retrospectiva titulada “Yo perseguí a Tomasín” en la que se mencionan jugosos detalles como su colección de casetes de “Los Chunguitos” o los 35.000€ que escondía en dos botes de Cola-Cao. También gracias al Comercio sabemos que para defenderse usaba una pistola hecha con un grifo.

La última noticia de la historia ocurre el pasado martes 11 de febrero de 2014, día en el que se abrió el juicio contra Tomás. En un loco giro de guión, Tomasín negó el homicidio y omitió los abusos de su hermano; dejando completamente vendido a su propio abogado. No obstante, el jurado popular apreció la legítima defensa y la causa quedó vista para sentencia.

Para terminar y quedando expectantes de la pena que se imponga; Mundo Extraño aplaude con vehemencia a todos los continuadores del espíritu celtibérico que tomaron parte en esta maravillosa historia de crímenes rurales.

¹ La semana anterior había fallecido una vecina en un accidente no relacionado.

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El estafador que se autoproclamó hijo de Satán

Dagas, pócimas, trajes satánicos y pintadas alusivas a Lucifer: operación Creador, la materia de la que están hechos los sueños.

Chiclana, 16 de octubre de 2009

El estafador que se autoproclamó hijo de Satán

La caza del hombre en Plasencia

Interrumpimos nuestro descanso para reseñar el drama que ha tenido lugar en la normalmente tranquila campiña extremeña durante las últimas semanas.

Comenzó con el tiroteo a un padre y su hija de once meses, lo que llevó a la policía a calificar al autor como “un delincuente sin escrúpulos”. Al poco apareció en Badajoz un coche cuyo dueño había sido asesinado en Toledo, si bien de momento se desconoce si esto tiene relación con el caso. Para entonces, el periódico regional ya había publicado un decepcionante lamentable somero perfil del sospechoso.

Ayer, sin embargo, las apuestas aumentaron al encontrarse a un hombre asesinado de un tiro en la nuca en Badajoz, junto al río. Aparentemente, el motivo volvía a ser el robo de su coche, con el que el presunto asesino se dio a la fuga.

Y hoy, en la tradición de las mejores historias de crímenes, el presunto asesino ha muerto durante su detención. Nuestras esperanzas de que hubiera sido en un tiroteo se han visto frustradas por la información -proveniente de la policía, todo sea dicho- de que la causa del fallecimiento ha sido un infarto.

ACTUALIZACIÓN: Un nuevo giro argumental revela que, en contra de la versión de la policía, el cadáver del individuo tiene un tiro en la espalda. Se confirma además el tiroteo previo que añade un antológico toque de hardboiled a la historia; aunque se desconoce si el balazo fue sufrido en la refriega o con anterioridad.