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A lo largo de la Historia ha habido gente que, sin haber tenido vidas especialmente agitadas o dadas a la aventura y el heroísmo, se ha dedicado a darle a la cabecita día y noche, imaginando formas de explicar las cosas sin moverse de casa, sugiriendo mundos mejores o, simplemente, inventándose cosas para que los demás nos entretuviéramos. Y eso está bien. No todo el mundo está hecho para matar cocodrilos a mordiscos, y la Maravilla no tiene por qué tomar una forma física y tangible.

Sin embargo, no podemos negar que en esta casa sentimos predilección por los que ponen el pellejo donde están sus palabras. En estos tiempos de revoluciones hechas desde casa, de gestos grandilocuentes a través de la pantalla y soluciones sencillas para los problemas del mundo moderno, a poder ser que no me hagan gritar muy alto… [pierde el hilo, agita el puño al aire, echa media hora mirando fotos de borregos en tumblr].

[Tras otra hora tuiteando sobre el mercado laboral sin haber cotizado nunca, el redactor vuelve a esta pestaña e intenta recordar qué quería decir. Sin éxito].

Étienne Cabet no era así. Étienne Cabet no tenía tumblr, ni internet. Porque nació en Francia en 1788, entre otras cosas. Si hacemos caso a la Wikipedia, antes de 1830 no hizo nada. Ser un pedazo de refor, probablemente. Pero ese año vio la luz y participó en la Revolución de Julio, que empezó echando a los Borbones [suspirito] y sustituyéndolos por los Orleans [encogimiento de hombros]. Su participación le valió varios cargos políticos, pero le duró poco la paguita: en 1834 se exilió a Inglaterra porque se había pasado de radical y lo acusaron de traición.

En Inglaterra escribió su obra Viaje a Icaria, en la describía una utopía anarcosocialista de influencia cristiana. El libro triunfó locamente, por raro que pueda parecer, así que decidió que, qué demontres, iba a ponerse a trabajar en llevar a la práctica sus ideas. En 1839 volvió a Francia y decidió llamar a su proyecto, de carácter comunitarista, comunismo, antes de que la palabra se volviera comercial.

Le duró nueve años la cosa, que incluyó la resurrección del periódico Populaire, que él mismo había fundado poco antes de exiliarse. En 1848, pese a la gran popularidad que tenían sus ideas entre la clase obrera, dijo que ya estaba bien, que Francia no tenía remedio y que se iba al Nuevo Mundo a fundar la sociedad del futuro.

Junto a setenta seguidores, Cabet compró un millón de acres de tierra en Texas, para establecer allí su ciudad icariana. Una primera expedición partió a América sin Cabet, que iría después. Se encontraron con que tenían solo la décima parte del terreno que pensaban ocupar, que ese terreno estaba dividido en trozos no contiguos, de forma que era poco práctica su ocupación, y que o construían casas en sus parcelas en pocos meses, o les quitaban el suelo. Y que la malaria campaba a sus anchas por allí, y una pandilla de franceses tristes era un plato apetitoso para los mosquitos.

Se volvieron a Nueva Orleans, donde se reunieron con Cabet -salvo los que se volvieron a Francia a seguir sufriendo en un entorno más familiar- y decidieron viajar a Illinois para poblar Nauvoo, una ciudad estupenda, ya hecha, para entrar a vivir, primeras calidades. Sus habitantes originales, un grupo de mormones que había levantado aquello desde cero, habían sido expulsados a Utah dos años antes. Ah, el sueño americano.

Aquello funcionó algo mejor -un 100% menos de malaria-, pero tampoco fue la panacea: las luchas intestinas, motivadas en parte por el estilo a veces dictatorial de Cabet, se unieron a los problemas económicos para hundir la colonia. Tampoco ayudó que el líder tuviera que ir a Francia a defenderse de acusaciones de fraude por la compra de tierras en América (fue absuelto). Cabet cogió a sus seguidores, unos 180 a esas alturas, y se fue a San Luis, Missouri.

Murió de una apoplejía a la semana, hundido por el fracaso de su proyecto. Era 1856. La colonia se disolvió poco después.

Sin embargo, otra parte de sus seguidores habían ido a Iowa, donde fundaron el pueblo de Icaria, que también sufrió problemas económicos crónicos hasta su desaparición definitiva en 1898 al disolverse la última comunidad icariana de la zona en el pueblo de Corning, que sigue existiendo a día de hoy. Hubo otras colonias icarianas, como Cloverdale, en California, que desapareció en 1895.

Las ideas de Étienne Cabet, que nunca fueron llevadas a la práctica como él quiso -la gente y sus manías, siempre en medio- influyeron en Engels y Marx, más allá del uso del mismo término para designar los sistemas políticos propuestos. Eso, junto a haber pasado del escribir bestsellers utópicos a llevar a varios cientos de personas al otro lado del Atlántico a (intentar) crear una utopía real, si es que eso tiene sentido, nos parece suficiente para dedicar este viernes a este señor francés que más feliz habría sido si se hubiera quedado en Inglaterra.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Si al ver la imagen de arriba ha visto usted un señor, no se sienta mal. Trescientos marineros franceses estuvieron un año entero viendo a Jeanne Barret a diario y solo algunos sospecharon que bajo esa ropa había una fémina.*

Podríamos recrearnos en su infancia y su formación como herborista, o en cómo Philibert Commerçon, naturalista, se la encontró recogiendo hierbas por su pueblo de Borgoña, vio lo que controlaba de plantas y raíces y la contrató como ayudante interna, antes de que se convirtieran en amantes. Y de cómo vieron, en 1766, que lo que tenían que hacer era practicar la movilidad exterior y embarcarse con Louis Antoine de Bougainville en su viaje alrededor del mundo.

Pero vamos a empezar el relato en ese punto, en el que deciden que se van a tierras extrañas a buscar flores. Y se plantea el problema de cómo hacer que una mujer sea aceptada en el barco.

Respuesta sencilla: no se puede.

Respuesta larga: se disfraza a la mujer de hombre, con unas tiras de tela bien apretadas para disimular los pechos. El naturalista jefe, Philibert se enrola en el barco. Un joven de aspecto delicado aparece casualmente en el puerto el día del comienzo de la expedición, diciendo que tiene conocimientos de herboristería. Es aceptado por el capitán porque el botánico necesita un ayudante, y este lo admite a regañadientes en su camarote.

El viaje no tuvo que ser fácil para Jeanne, Jean a bordo, que tenía que respirar flojito por culpa de los vendajes. Los marineros sospecharon, claro, al ver a alguien tan celoso de su intimidad, que ni se desnudaba ni defecaba con los demás. Y aquí Jeanne tuvo un golpe de genio: justificó su timidez diciendo que había sido capturado y castrado por los otomanos, y que claro, no le apetecía que vieran el estropicio. Eso, junto con el hecho de que llevaba TODOS los cacharros de naturalista del vago de su jefe/amante, que pesaban bastante, y trabajaba tan duro como el que más, hicieron que los marineros dejaran pasar la sospecha.

No debemos olvidar que fingir que era un hombre no era un fin en si mismo, sino un medio para poder descubrir plantas, animales y maravillas diversas. El hallazgo más relevante tuvo lugar en Brasil, donde Jean y Philibert bautizaron una planta de colores vivos como buganvilla, en honor al capitán.

Fue al llegar a Tahití cuando se descubrió el pastel. Hay tres versiones de cómo ocurrió, y la tercera no es agradable. Quien quiera saltarse la c), adelante.

a) Según el capitán Bouganville, nada más bajarse del barco los tahitianos huelen que es una mujer, la señalan con el dedo y ella confiesa. No vamos a entrar en los múltiples problemas morales y biológicos que plantea esta versión.

b) Un tahitiano sube al barco, se da cuenta -porque tiene ojos, no como los 300 marineros, que manda narices- de que Jean es una mujer vestida de hombre y se refiere a él con la palabra tahitiana para “mujer que viste como un hombre”, para indicar que es algo común en Tahití también. Consigue hacérselo entender al capitán Bouganville, el engaño queda revelado.

c) Los marineros ya sabían lo que había, y tras llegar al siguiente puerto, esperan a que Jean esté solo, lo obligan a desnudarse y la violan en grupo.

Jeanne pasó el resto del viaje encerrada en su camarote, y nueve meses después dio a luz a un niño. El capitán, que no quería líos, dejó allí a Philibert, Jeanne y su hijo, con una excusa bastante regular que le salvaba la papeleta. Se mudaron con el gobernador, también naturalista, Jeanne dio al niño en adopción, Philibert murió, ella se casó con un soldado francés y en 1774 volvieron a Francia.

Y así, casi sin darse cuenta y tras ocho años, Jeanne, la descubridora (europea) de la buganvilla completó la primera vuelta al mundo dada por una mujer. Allí la esperaba el pago de la familia de Commerçon por el tiempo que había pasado trabajando para Philibert, además de una pensión de 200 libras anuales por parte de la marina francesa, parece que proporcionada por el capitán Bouganville, que se hizo famoso gracias a ese viaje.

Addenda: En esta historia hay una intervención no demasiado relevante del príncipe de Nassau-Siegen, que llevaba tacones, peluca y siempre iba muy arreglado, blanco de las bromas de la marinería por encima del discreto Jean. Lo dejaremos fuera del asunto, salvo para citarlo en sus palabras sobre Jeanne:

I want to give her all the credit for her bravery, a far cry from the gentle pastimes afforded her sex. She dared confront the stress, the dangers, and everything that happened that one could realistically expect on such a voyage. Her adventure, should, I think, be included in a history of famous women.

*A lo largo de todo este texto se van a emplear visiones dicotómicas y arcaicas sobre lo masculino y lo femenino, salvo que se indique lo contrario. De otra forma, sería muy complicado entender las reacciones de la marinería francesa del XVIII, poco versada en teoría de género.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Siempre intentamos reivindicar gente ilustre poco afamada pero, a veces, la grandeza de las historias nos obliga a traer personajes de sobra conocidos. Ya ocurrió con el Emperador de EEUU, con Elmyr de Hory o con nuestro admirado don Justo.

Hoy más que nunca, en estos tiempos de pobreza política y cívica, vamos a hablar del individuo con más flow hace 2.500 años: Lucio Quincio Cincinato.

*Intermedio*

En el año 509 antes de Cristo (aprox.), Tarquinio el Soberbio pasó a la historia como el último rey de Roma tras haber tolerado que su hijo violase a una patricia y, en general, por haber sido un cabrón. Como los romanos no tenían muy claro que mereciese la pena todo aquel fregao de los reyes, tomaron la sana decisión de establecer una República. Y oye… si les iban a mangonear, al menos que fuese alguien elegido por ellos.

Y la idea era buena. Pero siempre hay un “pero”, pues el sistema era muy torpe para algunas cosas. Dirigir un ejército, gestionar un motín o defender una ciudad puede ser algo muy complicado si tienes muchas cabezas dando órdenes.

Así que lo arreglaron de forma sencilla: En las situaciones de crisis el Senado y las magistraturas entregaban temporalmente el control total de Roma a una persona. A un Dictador.

Vale, oks; está permitido levantar la ceja. Pero tengamos en cuenta que la cosa funcionó bien durante 500 años.

*Fin del intermedio*

Cincinato (519 a.C. – 439 a.C) era un hombre templado y culto, pero estaba en contra del tribunado y de la ley escrita, a causa de su aversión a los plebeyos y tras perder a un hijo ajusticiado. Por esta razón pasó la mayor parte de su vida retirado en el campo, entregado a una vida agrícola sin muchas complicaciones y alejado del mamoneo institucional.

No obstante, en el año 460 estalló una revuelta plebeya contra una reforma de latifundios. Sabiendo que Cincinato era un hombre sabio conocedor del campo (a pesar de ser manifiestamente contrario a los plebeyos y las compilaciones legales), el Senado le pidió que dictase las leyes agrarias y mediase en el conflicto.

Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Así que tomó el consulado, modificó las leyes, apaciguó a los plebeyos y se retiró nuevamente al campo.

Dos años después, debido a la incompetencia del cónsul Minucio Esquilino, los ejércitos romanos estaban a punto de ser derrotados por los ecuos. El Senado no vio otra salida: por cuarta vez en la historia de la República había que nombrar un Dictador. Tras la revuelta plebeya y a pesar de ser manifiestamente contrario al tribunado, la elección estaba clara.

Acudieron a la granja de Cincinato, donde le econtraron arando la tierra. Le ofrecieron la toga dictatorial y el haz de lictores.

Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Así que tomó la dictadura, derrotó a los ecuos en 16 días y teniendo en sus manos todo el poder de Roma, renunció a él y se retiró nuevamente al campo.

En el año 439 a.C. Espurio Melio intentó dar un golpe de estado aprovechándose de una hambruna. Las lealtades no estaban muy claras y el Senado decidió nombrar como dictador a la única persona que consideraban digna de confianza.

Cincinato tenía 80 años. Y accedió. Porque Roma le necesitaba.
Detuvo a Espurio Melio (que terminó muerto), restituyó el orden en la ciudad y por tercera vez renunció al poder de la República para retirarse al campo.

La rara rectitud con la que Cincinato cumplió sus obligaciones públicas le convirtieron en un ejemplo de honradez. Inspiradas en él se fundaron pueblos, ciudades y sociedades.

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Bien, veamos: las Cataratas del Niágara tienen una caída libre de más o menos 52 metros. Vale que no son el Salto del Ángel, pero tampoco es ninguna broma.

Annie Edson Taylor nació el 24 de octubre 1838 en Nueva York. Ejerció como profesora y perdió un hijo después de haberse casado y enviudado joven. Desde luego no tuvo una vida fácil, pero fue tirando como pudo: instructora de baile en Bay City, profesora de música en Sault Ste. Marie, buscavidas en Mexico…

Como entonces no había planes de pensiones y la jubilación iba a estar complicada, a Annie se le ocurrió un plan maestro para ganar fama y retirarse asegurando su porvenir.

Cabalgaría las Cataratas del Niágara metida dentro de un barril.

Diseñó un receptáculo con madera de roble, hierro y acolchamientos: el “Queen of the Mist”.
Dado que nadie quería prestarle ayuda en ese plan suicida, tuvo que demostrar la viabilidad de la idea lanzando antes a un gato. Una vez el gato hubo sobrevivido (y del cual hasta se hicieron fotos), logró los apoyos suficientes para lanzarse ella misma dos días después.

El 24 de octubre de 1901, Annie Edson Taylor celebró su 63 cumpleaños convirtiéndose en la primera persona en lanzarse a través de las Cataratas del Niágara*

El viaje duró 20 minutos y salió prácticamente ilesa (salvo por un leve corte en la frente).

Ganó dinero gracias a la proeza, pero la fama efíemera no hizo de ella una mujer asquerosamente rica. Además, su representante le robó el Queen of the Mist y se vio obligada a gastar una pasta en recuperar el barril.

Después de aquello montó una tienda de recuerdos en Niágara Falls, invirtió en la Bolsa, empezó a escribir una novela, fue pitonisa y ejerció de curandera con terapias magnéticas.
Murió tiempo después, con 82 años; tal vez no muy rica, pero siendo leyenda.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

*En 1829 Sam Patch, el primer saltimbanqui temerario americano, se tiró desde las Cataratas del Niágara (y sobrevivió). Lo hizo mediante una plataforma colocada en la parte canadiense; razón por la cual salvó la altura del salto de agua sin bajar la catarata propiamente dicha. Curiosamente se mató ese mismo año (un viernes 13 de noviembre) saltando al río Genesee. Su cuerpo congelado apareció en Rochester la primavera siguiente.

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El hombre de la foto se llamaba Poon Lim, y pasó a la historia por tres motivos:

1) Sobrevivió 133 días en una balsa de madera en el Atlántico, lo cual le permitió:

2) Convertirse en ejemplo viviente de las técnicas de supervivencia de la Armada Británica y

3) Servir de inspiración a Alfred Bester para el protagonista del mejor libro del mundo.

Como lo primero es lo que permitió el resto, vamos a centrarnos en eso.
Poon Lim nació en Hanoi. En noviembre de 1942 servía en un mercante armado británico, que se dirigía de Ciudad del Cabo a Pernambuco, cuando un submarino alemán lo alcanzó con sus torpedos.

53 marineros y artilleros muertos, Poon Lim vivo y en el agua. Con un amplio trozo de madera (un metro cuadrado o así) en el que había víveres. Una suerte que no se la cree, vaya. Dentro de la mala suerte general de que un submarino alemán haga explotar tu barco a mil kilómetros de la costa de Brasil, claro.

La comida y agua de la balsa duró un tiempo, pero Poon se dio cuenta de que debía dejar de depender de Papá Estado y emprender por su cuenta. Así que empezó a pescar con un anzuelo hecho con un clavo doblado. Los peces los destripaba con un cuchillo de lata, confeccionado a partir de una lata de galletas. Sin complejos.

En un momento dado, debido a una tormenta que estropeó sus reservas de agua y comida, Poon pasó sed. Así que no tuvo otra que cazar una gaviota y beberse su sangre. Rica en agua, claro.

Su siguiente presa fueron los tiburones. Cazó otro pájaro para usarlo como cebo. Y funcionó. Gracias a una línea de pesca reforzada, capturó un tiburón de escaso tamaño. Lo subió a la balsa gracias a sus guantes de lona reforzada, y lo mató a golpes con la jarra del agua. Luego lo abrió en canal y se bebió la sangre del hígado del escualo. Suponemos que, una vez que le coges el gusto, es difícil parar. Aún tuvo energía el bueno de Poon para poner a secar las aletas y comérselas más adelante, como delicatessen.

Aunque se ve que sus habilidades de supervivencia estaban bien afinadas, es de suponer que el objetivo de nuestro héroe era abandonar su situación de náufrago y volver a la civilización. Sin embargo, en dos ocasiones pasaron barcos o aviones cerca de él, sin pararse a recogerlo debido a su procedencia, que hacía temer que fuera una trampa japonesa. Los aviones sí que dejaron caer una baliza flotante, pero otra tormenta se la llevó.

Dentro de lo malo, tuvo suerte de que un submarino alemán que hacía prácticas de tiro con gaviotas no terminara el trabajo de sus colegas.

En abril de 1943, 133 días después del naufragio, fue recogido por pescadores brasileños cerca de Belém. Había derivado más de mil kilómetros, pero fue capaz de bajar del barco por su propio pie. Había perdido (solamente) nueve kilos.

Mundo Extraño vuelve el lunes que viene.

Cirugía DIY

“En casa del herrero, cuchillo de palo”. Esta máxima de saber popular sintetiza la dejadez aplicando los talentos profesionales en la vida propia, entendido como el hartazgo de pasarse el santo día entregado a ello para ganar el pan.

No obstante (y fuera de casos notables como los tatuadores), el principio se ve exceptuado por circunstancias concretas en las cuales no queda más remedio que tirar de las aptitudes profesionales:

Leonid Ivánovich Rógozov

Con 26 años y recién especializado en cirugía, Leonid Rógozov se unió como médico a la 6º Expedición Antártica Soviética. Entre 1960 y 1962 se pasó los días en la base Novolazarevskaya, formando parte de un equipo de trece investigadores y haciendo ciencia a una temperatura media de -11.0°.

El 29 de abril de 1961 Leonid se despertó descubriendo aterrado una doble cabronada cósmica: estaba sufriendo una peritonitis aguda y él mismo era el único cirujano que había en 3000km a la redonda. Pero si algo era Leonid por encima de ser médico, ese algo era ser RUSO.

La autocirugía empezó a las 22:00.

Se operó con anestesia local y asistido por el conductor de tractores y el meteorólogo del equipo. La intervención duró cerca de dos horas, habiendo sido necesarias varias pausas descansar. Luego, siguiendo los protocolos médicos de la base, redactó el informe de su propia operación.

Siete días después retiró los puntos de sutura y en dos semanas retomó sus actividades normales. Ese mismo año se le concedió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo.

Falleció muchos años después, en 2000, tras una vida trabajando y dirigiendo servicios de cirugía en varios hospitales.

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No fue el único, desde luego. En 1970 Reino Unido se quedó con el culo muy torcido al conocer la historia de:

Amanda Feilding

En parte por curiosidad y en parte porque eran los 70, Amanda Feilding se realizó una autotrepanación y lo grabó en vídeo.

Pero vayamos con calma.

Feilding es artista, científica, acérrima defensora del uso recreativo de las drogas y Condesa de Wemyss y March (lo cual es irrelevante para la historia, pero descender de los Habsburgo siempre añade un toque pintoresco). Su pasión desde niña fueron los estados de consciencia alterados, por lo que, suponemos, ha debido tener una infancia de lo más extraña.

La investigación sobre diferentes formas de expandir la consciencia le llevó a la experimentación con sustancias psicoactivas y, en última instancia, a practicarse una trepanación con un torno de dentista cuando tenía 27 años. Grabó todo el proceso para componer su corto “Heartbeat in the brain” y escribió un libro en el que teorizó sobre la influencia de la presión sanguínea en la consciencia.

Defendió varias veces en el Parlamento la investigación de las trepanaciones y creó la Fundación Beckley, cuyo objetivo es el uso saludable de las drogas y la promoción de leyes más tolerantes con ellas. En el marco de su trabajo dentro de la fundación también ha llevado a cabo estudios con LSD, MDMA y THC, incluyendo importantes informes sobre política de drogas. Algunos de sus trabajos han sido presentados tanto en la Universidad de Oxford como en la Asamblea Global de Política de Drogas de las Naciones Unidas.

Actualmente vive en Oxford y sigue investigando sobre estados de consciencia.

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Una vez expuestas las anteriores historias, hemos llegado al lugar que queríamos. Lo mejor de ambos mundos: cirugía y experimento; medicina y excentricidad. Mad Science de la buena:

Evan O’Neill Kane

Hijo de Thomas L. Kane, major general (creemos que equivale a teniente coronel) del ejército unionista durante la Guerra de Secesión y fundador del pueblo Kane, Pennsylvania. Nacer en un sitio que lleva el nombre de tu familia es lo más parecido a ser de la nobleza para un lugar sin civilizar como son los EEUU.

Evan O’Neill Kane, al igual que había hecho su madre, practicó la medicina desde joven. Tras licenciarse en 1884, ejerció de cirujano en Pennsylvania durante finales del siglo XIX y primeras décadas del XX. Fundó junto a su madre y su hermano un hospital público (ahora privatizado, como es lógico) en el que ejerció durante toda su carrera y del cual llegó a ser cirujano jefe. También sufrieron varias investigaciones de la autoridad, tanto por razones económicas como por aceptación de pacientes, que dependía de la decisión de Evan.

Entre sus trabajos destacan la experimentación con música terapéutica, la mejora de un sistema de anastomosis intestinal (“puentear” un intestino); la investigación de nuevos materiales (como vendajes hechos de amianto, PÉSIMA idea) y bueno… lo de los tatuajes.

Kane no sólo defendía la idea, sino que realizaba tatuajes a recién nacidos y madres. Lo veía como forma de evitar sustracciones o cambios en bebés, pero también como sistema de ordenación de pacientes. Esto último se explicaba desde su gran obsesión: la creación de un sistema administrativo perfecto para la gestión de hospitales grandes.

En 1919 se autoamputó un dedo para evitar una infección.
No obstante, lo llamativo llega en febrero de 1921, cuando -como parte de una investigación sobre puntos de vista del paciente- se practica una apendicectomía bajo anestesia local. Tenía 60 años. La operación fue un bombazo en la época, una noticia que duró hasta 1932…

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…año en el que se operó a sí mismo una hernia inguinal. Esta tercera intervención fue mucho más arriesgada: Kane tenía ya 70 años y debía evitar a toda costa tocar su femoral (probablemente so pena de morir desangrado). La operación duró casi dos horas, pero fue un éxito total. Esta vez la repercusión mediática fue inferior, pues el doctor se había visto salpicado por el supuesto encubrimiento del asesinato de su nuera (por parte de su propio hijo).

A pesar de todas las peripecias, Evan O’Neill Kane falleció ese mismo 1932 por una neumonía. Murió en el hospital que lleva su nombre, en el pueblo que lleva el nombre de su familia.

Y antes de despedirnos queremos agradecer (y dedicar) la entrada de hoy a nuestra querida Repollo, que nos trajo la idea y parte de los materiales.

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La enorme figura humana, que se apoya en lo que parece ser un drakkar tamaño tabla de surf es Gudrid Thorbjarnardóttir, nacida alrededor del año 980 en Islandia. Esa circunstancia, junto a un padre que, aunque pobre, no aceptó que se casara con un rico hijo de esclavos (el dudoso honor antes que el alivio financiero) la llevaron a irse con Erik el Rojo a Groenlandia.

La historia no está del todo clara, pero parece que se casó con un mercader noruego, Thorir, que murió. Así que ella se casó con Thorstein Eriksson, hijo de Erik el Rojo. Esto, a su vez, la llevó a Vinland, lo que ahora es Canadá, porque Thorvald, hermano de Thorstein, había muerto allí, y querían recuperar el cadáver. Así que Gudrid, tras haber contribuido a la fundación de la primera colonia en Groenlandia, hizo lo mismo en el Nuevo Mundo.

Dado que toda la información sobre Gudrid viene de la Saga de Groenlandia y la Saga de Erik el Rojo, hay algunos puntos de divergencia y periodos en los que no está muy claro qué pasó con ella. Sí parece que fue la primera mujer europea en dar a luz en América, a su hijo Snorri, fundador de una estirpe de obispos cuando llegó la cristianización.

También hay cierto acuerdo en que, tras dos años de colonia vikinga en Canadá, los combates con los nativos, a los que llamaron skraelings, hicieron que se lo pensaran mejor y se volvieran a Groenlandia. Mientras, Thorstein, marido de Gudrid, había muerto, pero solo para aparecérsele en sueños y decirle que haría un viaje, a Islandia, Noruega y luego al sur, para volver y vivir en una iglesia que habría en sus tierras.

La verdad es que parece tratarse de un fantasma muy cuidadoso con los detalles, porque todo se cumplió: Gudrid se convirtió al cristianismo, dejó la colonia y viajo al sur, a Roma, donde se especula sobre si conoció al Papa. Especulación completamente gratuita y nunca probada, pero estas cosas le dan vidilla a una historia, así que afirmaremos sin tapujos que bebieron hidromiel y ella le ofreció consejos para calafatear barcos a cambio de sus santas palabras sobre cómo hacer una buena salsa de tomillo y miel para la carne asada.

Tras esta productiva y completamente ficticia reunión, Gudrid volvió a Groenlandia, donde se hizo monja y vivió en la iglesia que su hijo Snorri había construido mientras tanto, cumpliendo las palabras de su fantasmal padre.

Ojalá la vida de Gudrid y sus múltiples idas y venidas les inspire para viajar a continentes desconocidos, despachar con algún Alto Padre, cumplir profecías de vikingos muertos o algo similarmente provechoso en estas fechas estivales, queridos lectores.


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En 1517 Francisco Hernández de Córdobadescubría” la península de Yucatán. Y matizamos descubría por dos razones: primera, porque a la gente que vivía allí ya les constaba la existencia de Yucatán. Y segunda, porque entre esa gente había dos españoles.
Un momento ¿Cómo? ¿Entonces la historia está mal? Pues no, pero.

Gonzalo Guerrero había nacido sobre 1470 en Palos de la Frontera (Huelva). De aquella el mundo todavía era plano y más allá de Gibraltar había dragones; así que el joven Gonzalo optó por meterse a arcabucero en el ejército de los Reyes Católicos. En 1492 participó en la exitosa conquista de Granada, que terminó con Boabdil camino de la Alpujarra llorando como mujer lo que que no supo defender como hombre (sic). Ese mismo año, Colón comprobó que el mundo era un lugar mucho más extraño de lo que creía. Los Reyes Católicos, por su parte, se quemaron las manos de dar palmas al ver el oro que traía el bueno de Cristóbal.

En 1508 las Américas estaban recién estrenadas y lo mainstream era tirarse al mar a conquistar lo que surgiese. Gonzalo Guerrero decide entonces probar fortuna y abandona el ejército poniendo rumbo al Caribe, donde participa en las luchas de poder de Núñez de Balboa.

El 15 de agosto de 1511, tratando de llegar a La Española con una nao almeriense llena de esclavos, su barco naufraga dejando sólo ocho supervivientes en la costa de Yucatán. Por si esto fuera poco, los ocho son capturados por mayas cocomes, que matan y devoran a varios tripulantes. No obstante, Gonzalo y un compañero consiguen escapar; con tan mala fortuna que terminan esclavizados por un grupo distinto.

Durante el cautiverio ambos aprendieron el idioma maya, lo que permitió a Gonzalo ganarse fama entre los indígenas enseñándoles formaciones básicas de combate.

Entre 1511 y 1517, Gonzalo Guerrero fue liberado y vivió entre los mayas de Chactemal, llegando a ser su Nacom (jefe militar) tras emparejarse con la hija del cacique. Durante esta época realizó una transculturización casi completa, recibiendo los tatuajes y perforaciones rituales e incluso entregando a Ixmo su primogénitaa un sacrificio en Chichén Itza. A lo largo de esos años, la mayor parte de combates que lideró fueron precisamente contra los colonizadores.

Y con esto llegamos de nuevo al punto de partida:
Cuando Hernández de Córdoba “descubrió” Yucatán, los rumores volaron y Hernán Cortés se enteró de que entre los indígenas vivían dos hombres de barba (aunque uno de ellos tatuado como un guerrero). Seducido por la ventaja táctica de tener a un cristiano que entendiese a los mayas, empezó a hacer lo posible por contactar con ellos. Cuando al final lo consiguió, Guerrero contestó a los expedicionarios:

«Soy casado y tengo tres hijos. Tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras. La cara tengo labrada y horadadas las orejas ¿Qué dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo?»

En 1519 Hernán Cortés encontró a dos hombres en Cozumel.
Uno de ellos era Gerónimo de Aguilar, el fraile que documentó esta historia y ayudó a conquistar América como traductor e intérprete maya.

El otro se llamaba Gonzalo Guerrero y era de Huelva.
Murió por el disparo de un arcabuz en 1536, tras pasarse 25 años defendiendo sus tierras de los invasores españoles.

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Todo lo que tienen que saber sobre el personaje de esta semana está contenido en la imagen que encabeza el texto: Un señor, una calva, un flemón y un palito rojo atravesándole la cabeza.

Obviamente no es algo tan simple como eso. El palito rojo representa el haz de protones que atravesó la cabeza de Anatoli Bugorski; la calva es, en efecto, una calva; y el flemón es una inflamación parte de las consecuencias de recibir un chorrazo de partículas subatómicas en la cara.

Pero no se vayan a creer; si esto fuese la foto del cadáver de alguien que ha recibido 70 GeV en la jeta, no lo estaríamos contando. Al fin y  al cabo muertos en nombre de la ciencia hay muchos y la mayoría son más pintorescos.

Lo que hace especial a aquel doctorando ruso, es que sigue vivo treinta y seis años después de su accidente, en 1978. Lo cual convierte al señor Bugorski en el único ser humano que ha metido la cabeza en un acelerador de partículas encendido (y ha vivido para contarlo).

Fue una tontería, algún seguro no funcionó y -mientras limpiaba el cacharro- se puso en marcha. Pum, un rayo te atraviesa la cabeza, ves “una luz más brillante que un millón de soles” y ya está. Se te empieza a hinchar la cara, se te caen la piel y el pelo, y te llevan a un hospital para estudiar cómo te mueres después de recibir cerca de 300.000 rads (teniendo en cuenta que la dosis letal se calcula en unos 1000).

Pero no te mueres.

Y eso, aun sabiendo que los rusos son gente especial, es un poco excesivo. Es verdad que le quedaron algunas secuelas (ataques epilépticos, menos resistencia a la fatiga, media cara paralizada…), pero Anatoli terminó su tesis y siguió trabajando hasta que le concedieron la invalidez en 1996. Entre tanto seguía yendo al hospital; todo ello con la máxima discrección, ya que en plena Guerra Fría el accidente fue clasificado como secreto por las autoridades rusas.

A día de hoy vive en Protvino -donde tuvo lugar el accidente- con media cara congelada en el aspecto que tenía hace treinta y seis años.

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Si hubiera que describir a este señor en una palabra, basándonos solo en la foto, sería difícil decidirse entre “bonachón” y “psicopático”. Parece, a nuestro entender, una de esas personas que en alguna bifurcación de su recorrido vital han tenido que elegir, y no es del todo posible averiguar cuál fue su decisión.

Evidentemente, si aparece en esta casa, no será por haber vivido en una granja cuidando vacas y siendo amable con los vecinos. El hombre de la foto es Dipendra Bir Bikram Shah Dev, rey de Nepal desde el uno hasta el cuatro de junio de 2001.

¿Cómo? ¿Tres días? En efecto. Se trató de uno de los reinados más cortos de los que se tiene constancia, y tampoco es que se tratara de un reinado especialmente fructífero.

Dipendra, heredero de la corona nepalí, no fue un niño amable. Era cruel con los animales, y se entretenía prendiendo fuego a la cola de los pájaros. Esto no fue óbice para que los sacerdotes de palacio lo declararan futuro Rey de Reyes, un rey como no había habido otro. Y desde luego que lo fue. Durante aproximadamente el 99.3% de su vida fue príncipe, etapa en la que viajó, estudió en Eton y en Nepal y practicó deporte. Lo normal para un miembro de la realeza, nada que reseñar. Luego ya se convirtió en parricida, fratricida y, probablemente, primicida. Aparte de regicida y asesino en general.

Fue bastante rápido todo: en una cena familiar a la que acudió borracho y drogado, su padre, el rey Birendra, lo mandó a su habitación, orden que fue ejecutada por el hermano pequeño del príncipe y un primo. Al rato, volvió y se dedicó a disparar a su familia con varias armas de diverso calibre. Birendra le disparó, tras haber recibido una herida mortal, pero Dipendra siguió disparando a todo el que veía mientras iba de una habitación a otra, hasta que, tras matar a nueve miembros de su familia, se disparó en la cabeza (hay testimonios que dicen que tenía seis o siete disparos en el cuerpo) y quedó en coma.

Al morir su padre y estar él vivo, se convirtió en rey. No se le acusó de los crímenes porque, de haber sobrevivido, no habría podido ser juzgado. Durante tres días -los que pasaron hasta que murió y subió al trono su tío Gyanendra, que ya había sido rey cuando tenía tres años- un vegetal asesino fue el rey de Nepal. Luego comenzó el reinado de Gyanendra, que duraría hasta la revolución de 2008.

Evidentemente, la versión oficial de la historia, que es la que hemos relatado, no es tan jugosa como la opción de que Gyanendra (cuya familia estaba en la cena, pero de la que solo su esposa resultó herida), en connivencia con la CIA o RAW, el espionaje indio, lo organizó todo para convertirse en rey. Hay varios testimonios de supervivientes que confirman la versión oficial, que atribuye la discusión y masacre a la negativa del padre de Dipendra a dejar que se casara con su enamorada. Desde luego, es mucho más shakesperiana.

Llegados a este punto se preguntarán ustedes que algún motivo tendremos para dedicar el viernes a un personaje dan desgraciado y, a la vez, tan anodino. Que tras Julie d’Aubigny, Niels el Coronel Pingüino y Agustín el Gigante, tenemos una responsabilidad, unos estándares de calidad que mantener, y un príncipe-rey planta-regicida no es nada nuevo. Ah, eso probablemente sea cierto, pero no siempre podemos estar al cien por cien. Es absurdo buscar motivos ocultos en este post.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.