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La armada de los patos de goma

¿Recuerdan las playas de Cornualles llenas de piezas de LEGO?

Bueno pues vamos a subir la apuesta.

En 1992 se perdieron en el Pacífico 28.800 patitos de goma (en realidad también había castores, ranas y tortugas). La anécdota sirvió para hacer un anuncio varios años después; pero aquí no venimos a vender coches.

Los oceanógrafos empezaron a fijarse en que los patitos tendían a tocar tierra en zonas muy concretas del planeta; así que comenzaron a hacerse estudios sobre las corrientes marinas. El accidente de los patos de goma sirvió para demostrar que un objeto flotante tarda 3 años en completar un ciclo oceánico completo. Eso, unido a las medidas de presión atmosférica, permitieron crear un modelo de predicción de deriva oceánica que establece los futuros lugares donde recalarán objetos flotantes.

Algún lugar en medio del Pacífico, 10 de enero de 1992.

La armada de los patos de goma

Vídeo

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¿Existe algo mejor que las carreras de camellos?

Sí.

Las carreras de camellos con robots.

Porque un camello puede hacer sprints de 65 km/h, pero para eso necesita un jinete. De hecho necesita un jinete que pese muy poco; de ahí que se usasen a niños como jockeys en las carreras, lo cual traía aparejado un tráfico de mano de obra esclava infantil.

Por fortuna soplaron los vientos de la razón y el empleo de menores fue prohibido en los Emiratos Árabes y en Qatar.

Ante la problemática de “¿Cómo mantener activo el deporte favorito de todo el mundo?” una mente preclara vislumbró la solución: SCIENCE, MOTHERFUCKER.

Y así nacieron los robots jockeys. Curiosamente los primeros prototipos tuvieron que ser rediseñados, pues su aspecto asustaba a los camellos.

A día de hoy el uso de robots está implantado de forma generalizada, de manera que las carreras pueden continuar celebrándose y -curiosamente- con menores costes.