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Una cosa buena del siglo XVI es que podías permitirte perseguir tus sueños y alcanzar fama y riqueza como poetisa mística. Ok, tenías que ser noble, pero aun así. Vale, no siempre. Pero ayudaba. Ahora mismo, por muy noble que seas, si decides que tu vocación es escribir cosas como:

A la ausencia de su dulcísimo Señor en la Sagrada Comunión.

¡Ay, soledad amarga y enojosa,
causada de mi ausente y dulce Amado!
¡Dardo eres en el alma atravesado,
dolencia penosísima y furiosa!

Prueba de amor terrible y rigurosa,
y cifra del pesar más apurado,
cuidado que no sufre otro cuidado,
tormento intolerable y sed ansiosa.

Fragua, que en vivo, fuego me convierte,
de los soplos de amor tan avivada,
que aviva mi dolor hasta la muerte.

Bravo mar, en el cual mi alma engolfada,
con tormenta camina dura y fuerte
hasta el puerto y ribera deseada.

Bueno, suerte.

Si además naces en 1566 Jaraicejo, Cáceres, ni te cuento. [Según wikipedia, “El nombre de Jaraicejo es un diminutivo de Jaraíz, del árabe xaharig: ‘lagar pequeño’.” Eso quiere decir que Jaraicejo significa lagar muy muy pequeño, que casi ni se ve. Para que se hagan una idea de la magnitud de la población.]

No ayuda tampoco que tu madre y padre mueran en rápida sucesión cuando tienes seis años, y tu tía apenas un lustro después. Los mimbres para que la joven Luisa mostrara un interés por lo divino estaban ya ahí.

Afortunadamente para Luisa Carvajal y Mendoza, era sobrina del primer marqués de Almazán, lo que le permitió tener una estupenda educación (latín, clásicos y cristianismo, además de a ejercer la caridad [esta entrada bebe directamente de la página de wikipedia dedicada a la poetisa, y recomendamos enérgicamente su lectura: es una enternecedora muestra de lo que pasa cuando alguien que conoce íntimamente a un personaje intenta escribir algo objetivo sobre él].

Desafortunadamente para Luisa Carvajal y Mendoza, esta educación la recibió en Soria, primero, y en Navarra, después, cuando a su tío lo nombraron virrey allí. Del maravilloso artículo de wikipedia:

Al cumplir Luisa Carvajal los trece años, su tío la mandó llamar y ella se mudó a Pamplona sola, sin su tía y sin un ama de llaves que vigilara la relación del marqués con la niña. En un manuscrito acerca de su vida espiritual ―que más adelante, en la víspera de su viaje a Inglaterra, dirigirá a su confesor― Luisa Carvajal no llega a explicar claramente qué sucedió con su tío, pero alcanza a mostrar que el marqués la sometió a sádicas «penitencias».

El tío no debía de ser buena persona. Afortunadamente, murió en 1591. Y ahí fue donde Luisa subió el dial de molar al once: 1) reclamó la herencia de su padre y la donó a los jesuitas; 2) dejó de comportarse como una noble y empezó a ir por casa con hábito de monja; 3) sindicó a la servidumbre de sus tíos los marqueses en una asociación religiosa, y 4) hizo votos de pobrecia, obediencia, mayor perfección (sic) y martirio.

La cosa se le fue de las manos, y tras unos cuantos años de “buscar todas las ocasiones de martirio que no sean repugnantes a la ley de Dios” y componer poesía, contrajo una enfermedad que la acompañaría el resto de su vida, así que tuvo que parar el carro del sufrir. Tampoco bajó tanto el ritmo: se fue a vivir a Valladolor en 1601. Viendo cómo iba la cosa, en 1604 hizo testamento. Una mujer previsora.

Pero sus locas aventuras no acabaron aquí. En enero de 1605 se fue a Londres, pasando por París y Bruselas. Llegó, sin un real/duro/perra gorda/doblón, el cinco de noviembre de 1605. ESE cinco de noviembre. Pasó sus primeros meses allí aprendiendo inglés y escondiendo a católicos represaliados por el gobierno inglés.

En 1608 la metieron en la cárcel, de donde salió con ayuda de la embajada. Parece que ahí vio que ayudar a los católicos vivos tenía mucho riesgo, así que se dedicó a recoger los miembros de los ejecutados por descuartizamiento y guardarlos en cajas como reliquias. Era así de mirada.

En 1613 la volvieron a encarcelar. La sacaron de nuevo, pero la corte de Felipe III dijo que ya estaba bien, que se tenía que volver a España, que no hacía más que darles problemas diplomáticos.

Los años de martirio en varios países, encarcelamientos incluidos, más el invierno inglés, pasaron factura: antes de poder hacer caso al rey, Luisa Carvajal y Mendoza murió, con 48 años recién cumplidos.

Desde Mundo Extraño sección nacional-católica (¿por qué nos miran así? Reivindicamos a una religiosa española, luego es nacional-católico, ¿no? Vale, católico-nacional y no se hable más), animamos a que, cuando alguien quiera celebrar el 5 de noviembre, se deje de la cansinidad de las máscaras y tome los hábitos en honor a Luisa Carvajal y Mendoza. Sin la parte de hacerse daño.

Gracias al Hombre Malo, conocedor de la mística y amigo de las monjitas, por encontrar a esta ilustre señora.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene, igual el viernes, igual antes.