Monte en barco, atraiga el rayo

Una de las más comunes* fantasías de evasión es la de hacerse marinero y surcar los mares. Es verdad que cuando se lanza uno a una elaborada fantasía de libertad oceánica se piensa más en buscar el horizonte desde la cofa de estilizados veleros, clippers si uno es un amante de lo tradicional, que en limpiar la grasa de un pesado carguero lleno hasta los topes de osos de peluche y zapatillas fabricadas en dudosas condiciones.

Mundo Extraño viene a cambiar eso, usando para ello la ayuda de la naturaleza. ¿Qué pasaría si te dijéramos que al surcar el mar en un súpercarguero estarás contribuyendo a que CAIGAN RAYOS DEL CIELO? Cambia la cosa, ¿verdad? De grumete malpagado a, prácticamente, dios de la tormenta. Malpagado. Pero dios de la tormenta.

¿Qué de dónde nos hemos sacado esto? ¿Cómo sabes que no nos lo estamos inventando? Por favor, en Mundo Extraño nunca haríamos nada para enviar a nuestros lectores a surcar los mares sin algo de apoyo bibliográfico. En este caso, tenemos un artículo publicado en Geophysical Research Letters (pdf, aquí un resumen más comprensible).

Arriba, la cantidad de rayos por año y kilómetro cuadrado. Abajo, las emisiones de partículas de hasta 2.5 mm (del artículo citado).

Resulta que los barcos, como todos los vehículos a motor, contaminan. Emiten multitud de partículas que pasan al mar y a la atmósfera. Partículas que son muy pequeñas, más que el polvo, por lo que suben más alto y contribuyen a la formación de cristales de hielo. Estos cristales se frotan unos con otros y ¡pum! chispazos.

Efectivamente, solo te convertirás en un dios del rayo y el trueno con la intermediación de la contaminación. Pero mira, algo es algo.

Aparte de ofrecer posibilidades de trascender mediante duro y alienante trabajo, el estudio este que enlazamos sirve también para demostrar que el enmierdamiento del planeta prosigue a buen ritmo, con espectaculares consecuencias.

 

 

 

*O quizá sea cosa nuestra, que somos de secano.