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Se vende pueblo. Razón en portería.

Tras ofrecerles el barco pirata y la isla encantada, llega otra apetitosa oferta a Mundo Extraño. Supongamos que, tras las aventuras vividas en alta mar, y después de exorcizar a los demonios de las costas venecianas, usted desea retirarse a un pintoresco pueblecito. Y que no quiere que haya nadie que le moleste. Ni que su primo, al que debe un par de cientos de euros, le localice fácilmente.

Tenemos la solución: múdese Johnsonville, Connecticut. Mejor, cómprelo. Son 8 edificios, y por 800.000 dólares pueden ser suyos y de nadie más. Si, por el contrario, lo que quiere es compañía, puede ser la oportunidad de fundar ese culto milenarista con el que siempre soñó. No será por falta de espacio.

Puede ser, sin embargo, que esté buscando algo más asequible, o que le dé pereza viajar tan lejos, o que tema no poder comunicarse con sus acólitos en inglés, y prefiera montar su secta en un entorno más acogedor. Deje de buscar ahora mismo: en España hay avispados emprendedores que ofrecen aldeas y pueblos a cualquiera que esté dispuesto a pagar. Si el presupuesto está ajustado, desde diez millones de las antiguas pesetas -ah, qué placer- puede encontrar un par de casas semiderruidas a las que bautizar con su apellido.

Aguerrido comprador, persona que sospechosamente es inmune a la crisis que nos asola, no se lo piense más: es el momento de adquirir un pueblo.

Se vende pueblo. Razón en portería.