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Si hubiera que describir a este señor en una palabra, basándonos solo en la foto, sería difícil decidirse entre “bonachón” y “psicopático”. Parece, a nuestro entender, una de esas personas que en alguna bifurcación de su recorrido vital han tenido que elegir, y no es del todo posible averiguar cuál fue su decisión.

Evidentemente, si aparece en esta casa, no será por haber vivido en una granja cuidando vacas y siendo amable con los vecinos. El hombre de la foto es Dipendra Bir Bikram Shah Dev, rey de Nepal desde el uno hasta el cuatro de junio de 2001.

¿Cómo? ¿Tres días? En efecto. Se trató de uno de los reinados más cortos de los que se tiene constancia, y tampoco es que se tratara de un reinado especialmente fructífero.

Dipendra, heredero de la corona nepalí, no fue un niño amable. Era cruel con los animales, y se entretenía prendiendo fuego a la cola de los pájaros. Esto no fue óbice para que los sacerdotes de palacio lo declararan futuro Rey de Reyes, un rey como no había habido otro. Y desde luego que lo fue. Durante aproximadamente el 99.3% de su vida fue príncipe, etapa en la que viajó, estudió en Eton y en Nepal y practicó deporte. Lo normal para un miembro de la realeza, nada que reseñar. Luego ya se convirtió en parricida, fratricida y, probablemente, primicida. Aparte de regicida y asesino en general.

Fue bastante rápido todo: en una cena familiar a la que acudió borracho y drogado, su padre, el rey Birendra, lo mandó a su habitación, orden que fue ejecutada por el hermano pequeño del príncipe y un primo. Al rato, volvió y se dedicó a disparar a su familia con varias armas de diverso calibre. Birendra le disparó, tras haber recibido una herida mortal, pero Dipendra siguió disparando a todo el que veía mientras iba de una habitación a otra, hasta que, tras matar a nueve miembros de su familia, se disparó en la cabeza (hay testimonios que dicen que tenía seis o siete disparos en el cuerpo) y quedó en coma.

Al morir su padre y estar él vivo, se convirtió en rey. No se le acusó de los crímenes porque, de haber sobrevivido, no habría podido ser juzgado. Durante tres días -los que pasaron hasta que murió y subió al trono su tío Gyanendra, que ya había sido rey cuando tenía tres años- un vegetal asesino fue el rey de Nepal. Luego comenzó el reinado de Gyanendra, que duraría hasta la revolución de 2008.

Evidentemente, la versión oficial de la historia, que es la que hemos relatado, no es tan jugosa como la opción de que Gyanendra (cuya familia estaba en la cena, pero de la que solo su esposa resultó herida), en connivencia con la CIA o RAW, el espionaje indio, lo organizó todo para convertirse en rey. Hay varios testimonios de supervivientes que confirman la versión oficial, que atribuye la discusión y masacre a la negativa del padre de Dipendra a dejar que se casara con su enamorada. Desde luego, es mucho más shakesperiana.

Llegados a este punto se preguntarán ustedes que algún motivo tendremos para dedicar el viernes a un personaje dan desgraciado y, a la vez, tan anodino. Que tras Julie d’Aubigny, Niels el Coronel Pingüino y Agustín el Gigante, tenemos una responsabilidad, unos estándares de calidad que mantener, y un príncipe-rey planta-regicida no es nada nuevo. Ah, eso probablemente sea cierto, pero no siempre podemos estar al cien por cien. Es absurdo buscar motivos ocultos en este post.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Si hubiera que describir a este señor en una palabra, basándonos solo en la foto, sería difícil decidirse entre “bonachón” y “psicopático”. Parece, a nuestro entender, una de esas personas que en alguna bifurcación de su recorrido vital han tenido que elegir, y no es del todo posible averiguar cuál fue su decisión.

Evidentemente, si aparece en esta casa, no será por haber vivido en una granja cuidando vacas y siendo amable con los vecinos. El hombre de la foto es Dipendra Bir Bikram Shah Dev, rey de Nepal desde el uno hasta el cuatro de junio de 2001.

¿Cómo? ¿Tres días? En efecto. Se trató de uno de los reinados más cortos de los que se tiene constancia, y tampoco es que se tratara de un reinado especialmente fructífero.

Dipendra, heredero de la corona nepalí, no fue un niño amable. Era cruel con los animales, y se entretenía prendiendo fuego a la cola de los pájaros. Esto no fue óbice para que los sacerdotes de palacio lo declararan futuro Rey de Reyes, un rey como no había habido otro. Y desde luego que lo fue. Durante aproximadamente el 99.3% de su vida fue príncipe, etapa en la que viajó, estudió en Eton y en Nepal y practicó deporte. Lo normal para un miembro de la realeza, nada que reseñar. Luego ya se convirtió en parricida, fratricida y, probablemente, primicida. Aparte de regicida y asesino en general.

Fue bastante rápido todo: en una cena familiar a la que acudió borracho y drogado, su padre, el rey Birendra, lo mandó a su habitación, orden que fue ejecutada por el hermano pequeño del príncipe y un primo. Al rato, volvió y se dedicó a disparar a su familia con varias armas de diverso calibre. Birendra le disparó, tras haber recibido una herida mortal, pero Dipendra siguió disparando a todo el que veía mientras iba de una habitación a otra, hasta que, tras matar a nueve miembros de su familia, se disparó en la cabeza (hay testimonios que dicen que tenía seis o siete disparos en el cuerpo) y quedó en coma.

Al morir su padre y estar él vivo, se convirtió en rey. No se le acusó de los crímenes porque, de haber sobrevivido, no habría podido ser juzgado. Durante tres días -los que pasaron hasta que murió y subió al trono su tío Gyanendra, que ya había sido rey cuando tenía tres años- un vegetal asesino fue el rey de Nepal. Luego comenzó el reinado de Gyanendra, que duraría hasta la revolución de 2008.

Evidentemente, la versión oficial de la historia, que es la que hemos relatado, no es tan jugosa como la opción de que Gyanendra (cuya familia estaba en la cena, pero de la que solo su esposa resultó herida), en connivencia con la CIA o RAW, el espionaje indio, lo organizó todo para convertirse en rey. Hay varios testimonios de supervivientes que confirman la versión oficial, que atribuye la discusión y masacre a la negativa del padre de Dipendra a dejar que se casara con su enamorada. Desde luego, es mucho más shakesperiana.

Llegados a este punto se preguntarán ustedes que algún motivo tendremos para dedicar el viernes a un personaje dan desgraciado y, a la vez, tan anodino. Que tras Julie d’Aubigny, Niels el Coronel Pingüino y Agustín el Gigante, tenemos una responsabilidad, unos estándares de calidad que mantener, y un príncipe-rey planta-regicida no es nada nuevo. Ah, eso probablemente sea cierto, pero no siempre podemos estar al cien por cien. Es absurdo buscar motivos ocultos en este post.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.