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Este fin de semana volvió a celebrarse la Procesión del Sagrado Meñique en el Albaicín, Granada. Sin embargo, y a diferencia de otros años, en esta ocasión Mundo Extraño ha conseguido fotos de primera mano, gracias a Princesa Gazpacho y en exclusiva para nuestros lectores.

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Guía Extraña 2014

Tras muchas dudas teóricas, ideológicas y logísticas, Mundo Extraño
se convierte, temporalmente, en una publicación en papel. Con ocasión
del festival Hostia un libro (HUL), que se celebrará el 20 de junio en el Campo de la Cebada, Madrid, hemos publicado un miserable refrito
una reeleaboración de media docena de las mejores historias de 2014 (SÍ,
está Tomasín; SÍ, está la capea ilegal). Este volumen en grapa e
ilustrado cuenta con 44 jugosas páginas, y es una adición imprescindible
para cualquier lector con criterio.

Tiene un precio de dos
(2) euros, y podrá ser adquirido en el mencionado festival, además de
por correo, mediante un mecanismo que tenemos que poner a punto.
Probablemente, que nos mandéis dinero y a cambio os mandemos el volumen.
Probablemente.

Esperamos que vengáis todos al HUL y nos quitéis de las manos estos diez kilos de papel que hemos adquirido y encuadernado.

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Guía Extraña 2014

Tras muchas dudas teóricas, ideológicas y logísticas, Mundo Extraño
se convierte, temporalmente, en una publicación en papel. Con ocasión
del festival Hostia un libro (HUL), que se celebrará el 20 de junio en el Campo de la Cebada, Madrid, hemos publicado un miserable refrito
una reeleaboración de media docena de las mejores historias de 2014 (SÍ,
está Tomasín; SÍ, está la capea ilegal). Este volumen en grapa e
ilustrado cuenta con 44 jugosas páginas, y es una adición imprescindible
para cualquier lector con criterio.

Tiene un precio de dos
(2) euros, y podrá ser adquirido en el mencionado festival, además de
por correo, mediante un mecanismo que tenemos que poner a punto.
Probablemente, que nos mandéis dinero y a cambio os mandemos el volumen.
Probablemente.

Esperamos que vengáis todos al HUL y nos quitéis de las manos estos diez kilos de papel que hemos adquirido y encuadernado.

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¿Es más raro un chavalote de Cáceres que se va a pegar tiros en Ucrania para luchar por la (una) revolución (inserte comillas, haga salvedades a gusto) que un sacerdote armado con un escudo antidisturbios? Y, sobre todo, ¿podemos considerar un expat a dicho emprendedor extremeño?

Ustedes dirán.

Ucrania/Donbass/la Gran Rusia, temporada de otoño-invierno 2014/2015.

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El primer mapa de carreteras detallado, con indicaciones útiles para el viajero, fue Britannia-disponible entero en el enlace, y una maravilla que les emplazamos a ver ya mismo-, el volumen I de la que habría sido la obra magna de John Ogilby si no hubiera muerto al poco de publicarlo, en 1675.

Este conjunto de mapas, por su exhaustividad, riqueza y -lo más importante- facilidad de comprensión y belleza, se convirió, desde el mismo momento de su publicación, en un estándar y un modelo para todos los fabricantes de mapas de Gran Bretaña y el resto de Europa. En él se podían ver las posadas, cruces y lugares de interés, como era habitual ya en aquella época. Pero también, y esta es la principal novedad, se indicaba la distancia exacta de los recorridos (inventó la escala de una pulgada-una milla) y la inclinación aproximada del camino, ya que Ogilby se jactaba de haber mandado recorrer más de veinte mil millas de caminos y carreteras por toda la isla.

No es poca cosa.

Pero tampoco es lo más interesante de esta historia, que puede leerse con más detalle en En el mapa, un libro estupendo de Simon Garfield que pueden comprar en su librería de confianza o encontrar tirado por internet. John Ogilby tenía setenta y cinco años cuando publicó Britannia, la obra que le hizo pasar a la posteridad. Pero, a diferencia de otros fabricantes y dibujantes de mapas, que pasaban años dedicados al oficio, John solo se había puesto a ello nueve años antes, tras fracatriunfar en todas y cada una de sus empresas anteriores.

John Ogilby, que de no haber nacido en Kirriemuir, Escocia, probablemente lo habría hecho en Cádiz, se hizo cargo de su familia cuando encarcelaron a su padre por unas deudas que tenía. Trabajó en varias cosas, pero también compró dos (2) billetes de lotería. Uno fue premiado, aunque modestamente. Pagó las deudas y multas de su padre, como un hijo modélico, y el resto lo dedicó a pagarse clases de baile. Hasta que se quedó cojo de por vida debido a una caída mientras bailaba ante unos nobles. Si hacemos caso a los testimonios, antes de eso era un gran bailarín. Primer triunfracaso.

No se arredró, y consiguió que uno de sus clientes nobles lo llevara con él a Irlanda, como parte de la campaña de opresión de los pérfidos ingleses. Allí fundó el primer teatro del país. Que duró cuatro años, hasta la rebelión de 1641. Segundo triunfracaso. Estuvo a punto de ser el último: el castillo en el que estaba explotó, y el barco en el que huyó de Irlanda se hundió. Pero no. Era John Ogilby, y todavía le quedaba mucho por hacer.

Por ejemplo, llegar andando a Cambridge y convencer a unos monjes de que le enseñaran latín. Y traducir a Virgilio en verso. No parecía tonto el hombre, la verdad. A partir de ahí empezó a hacerse más o menos rico. Pero no se durmió en los laureles: decidió que era el momento de aprender griego, que había mucho que traducir en ese idioma.

Como parte de su emprendimiento, casó con una viuda rica, lo que no le perjudicó demasiado. A partir de ahí, y resumo, escribió poesía y tradujo y publicó las fábulas de Esopo, huyó de la gran epidemia de peste que asoló Londres en 1665, perdió al menos dos tercios de sus libros y su taller en el Gran Incendio de 1666, y participó como agrimensor en la reconstrucción de la ciudad.

Y luego ya, a los sesenta y seis años, en vez de morirse como hacía la gente decente en esa época, se puso con la cartografía. Y lo hizo tan bien como todo lo demás, si no mejor.

Salvo por su último triunfracaso, el morirse con un volumen publicado de los seis que tenía previstos de su gran Atlas. Tampoco es cosa de exigir más.

Mundo Extraño vuelve el lunes que viene con un nuevo Especial.

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Que Roza Shanina estaba destinada a La Maravilla era algo que tenía que haberse visto venir desde niña: con sólo catorce años cruzó caminando 200 kilómetros de taiga para irse a estudiar a Arkhangelsk.

Vamos a tomarnos un momento para pensar en eso, porque caminar 200 kilómetros de bosque boreal ya nos parece una razón más que suficiente para salir aquí.

En 1938 se incorporó a la Unión Comunista de la Juventud, trabajó en una guardería (mientras seguía estudiando por las noches) y se graduó como profesora de primaria en 1941.

En aquella época Hitler ya se había pasado de vueltas escuchando a Wagner y llevaba desde 1939 dando por saco en Europa. No obstante, todavía no había cometido el error garrafal: tocarle las bolas a los soviéticos. Así fue que a finales de 1941, durante el transcurso de la Operación Barbarroja, Roza perdió a un hermano el sitio a Leningrado.

Tras eso decidió presentarse voluntaria para el Vsevobuch (programa de entrenamiento militar universal de la URSS), superándolo con tal éxito que fue admitida en la Academia Central de Mujeres Francotiradoras.

Roza Shanina fue una de las 2.484 mujeres que sirvieron como francotiradoras soviéticas durante la II Guerra Mundial, incorporándose en 1944 a la 184ª Divisón de Fusileros del Ejército Rojo.

Sirivió como jefa de pelotón de francotiradores, causó 59 bajas nazis confirmadas y fue la primera mujer en ser condecorada con la Orden de Gloria (dos veces, de hecho). Fue además una afamada contra-tiradora (neutralizadora de francotiradores alemanes), llegando a matar a 12 y capturar a 3 durante la batalla de Vilna.

Desobedeció varias órdenes de retirada, manteniéndose en primera línea en apoyo de infantería. Recibió sanciones (sin llegar a consejo de guerra), pero también recibió la Medalla al Valor por su actuación en la campaña de Prusia Oriental (donde recibió el nombre de “El terror invisible de Prusia del Este”).

Roza murió el 28 de enero de 1945 a consecuencia de las heridas sufridas mientras protegía a un oficial de artillería.

Diez días antes había escrito en su diario:

La esencia de mi felicidad es luchar por la felicidad de otros

Su canción favorita era “O mists, my mists”.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Sir Nils Olav II, coronel en jefe de la Guardia Real Noruega, no siempre fue caballero y militar de alto rango.

Antes era un pingüino.

A principios del siglo XX, el explorador noruego Roald Amundsen (primera persona en alcanzar el Polo Sur) presentó en el zoológico de Edimburgo el primer espécimen de pingüino rey que se exhibiría en un zoo. Esto es destacable por dos razones: 1) Establece una importante relación entre Edimburgo y Noruega y 2) Nos sirve para cubrir nuestro cupo semanal obligatorio de exploradores decimonónicos.

En 1961 el rey Olav V de Noruega realizó una visita institucional a dicho zoológico. Durante ese viaje, el teniente de la Guardia Real Nils Egelien quedó fascinado con la colonia de pingüinos. Esa fascinación llevó, años después en 1972, a que la unidad militar solicitase al zoológico adoptar uno de los pingüinos como mascota de la Guardia.

El animal elegido se llamó Nils Olav (en honor al teniente y al rey) y en ese mismo acto se le concedió el rango de cabo de la Guardia Real. No obstante el cabo Nils Olav falleció unos años tras el nombramiento, lo cual no impidió que su hijo Nils Olav II le sucediese en todos los títulos.

Desde entonces se le ha ido ascendiendo con cada visita de la Guardia Real Noruega (que por lo visto suele visitar Edimburgo cada varios años para participar en un tradicional desfile militar). Y de esta forma, en 2005, Nils Olav II alcanzó el rango de coronel en jefe de la Guardia Real. Arriba podemos verle pasando revista a la tropa por obra y gracia de la lógica militar.

Sin embargo todavía queda un último giro: en 2008 el rey de Noruega viajó a Edimburgo y su visita incluyó, como no, el hogar del coronel. Aprovechando la excepcionalidad de la visita, Harald V decidió nombrar caballero a Sir Nils Olav II, en un acto institucional en el que ambos fueron escoltados por 130 guardias reales. Durante el discurso de nombramiento el rey afirmó que:

“El coronel Nils Olav II reúne en todos los sentidos los requisitos para recibir los honores y la dignidad de la caballería”.

Para celebrarlo se colocó una estatua suya en el complejo de la Guardia Real en Huseby, Oslo.

Nos quitamos los sombreros ante esta forma de entender la vida castrense que, por supuesto, consideramos totalmente correcta. Por ello aplaudimos profusamente la carrera militar de Sir Nils Olav II y aprovechamos para enviarle nuestros mejores deseos al coronel.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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Los westerns clásicos nos hablaban de un oeste en el que la vida se organizaba de forma bastante sencilla: Pieles rojas muy malvados contra un altruista John Wayne repartiendo civilización a base de Colt 1851. Maniqueo pero práctico. Sobra decir que en el siglo XIX la vida se pintaba con los mismos tonos de gris que a día de hoy. Para muestra un botón:

Myra Maybelle Shirley Reed Starr, alias Belle Starr, nació el 5 de febrero de 1848 en Missouri. Lo cierto es que tuvo una vida acomodada: alfabetizada desde niña, tocaba el piano y estudió varias lenguas (entre ellas latín y hebreo). Durante la Guerra Civil Americana su familia se mudó a Texas, donde su hermano se convirtió en proscrito como guerrillero confederado. En esta época la familia Shirley se hizo simpatizante de la causa y entabló amistad con otros sudistas como Jesse James y los hermanos Younger (posteriormente convertidos en legendarios bandidos).

Al acabar la guerra, Belle se casó con su primer marido: Jim Reed -que tenía toda la pinta de ser un figura- y con el cual tuvo a sus dos hijos: Pearl y Eddie. Al poco tiempo Jim empezó a meterse en líos que los obligaron a mudarse a Arkansas; donde, cómo no, siguió metiéndose en líos. Allí se asoció a los Starr, una familia cherokee dedicada al contrabando de whiskey y robo de ganado. Hasta la muerte de Jim en 1874, Belle ya se había hecho famosa por pasarse los días en las tabernas bebiendo y apostando a todo tipo de juegos. En esta época empezó a llevar el vestido negro y las pistolas cruzadas que más tarde se convirtirían en su seña de identidad.

Tras la muerte de Jim contrajo matrimonio con Sam Starr, al que había conocido por ser socio de su difunto. Dejó a sus hijos a cargo de familiares y se mudó a las tierras cherokee con Sam, en donde ella misma se convirtió en forajida. Perseguida por numerosos atracos y robos de ganado; fue condenada varias veces llegando incluso a fugarse del presidio. En 1886 Sam Starr fue tiroteado convirtiéndola de nuevo en viuda. Ella, entregada ya a la vida fuera de la ley, se casó de nuevo (con otro Starr) mientras tuvo famosos affaires con otros delincuentes.

Su tercer matrimonio duró poco: el 3 de febrero de 1889 Belle Starr fue emboscada y abatida por varios tiros de escopeta. El asesinato nunca fue resuelto pero la lista de sospechosos fue amplia: posibles acreedores, un compinche asustado, su marido despechado, incluso su propio hijo Ed; con el cual la relación se había deteriorado brutalmente con el tiempo.

Belle Starr. Esposa, madre, tahúr y bandida. Una biografía en grises para recordar que quien con lobos anda, a aullar aprende.

Mundo Extraño vuelve la semana que viene.

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La disparidad de entornos a nivel planetario genera extrañeza (e incertidumbre) ante las cosas más ordinarias de la otra punta del mundo. Imaginemos a un señor de Teruel que viaje por primera vez a Honolulu y se encuentre con las señales enlazadas.

Advierten del peligro por caídas de cocos.

Lo que el señor de Teruel no sabe, es que esto obedece al temor provocado por una leyenda urbana según la cual “150 personas mueren al año por caídas de cocos”.

El origen de la leyenda está en el trabajo del Dr. Peter Barss; que en 1984 publicó su estudio “Lesiones a consecuencia de la caída de cocos” (Extracto). En dicho texto certificó 9 lesiones en Papúa Nueva Guinea, dos de las cuales tuvieron consecuencias mortales. Y lo cierto es que efectivamente hay más muertes documentadas.
Pero los resultados del Dr. Brass fueron extrapolados catastróficamente MAL a otras zonas del planeta, como Hawaii, desatando con ello cierto pánico turístico.

La consecuencia de un pésimo examen de conclusiones científicas llevó a la colocación de señales en algunos resorts; señales como estas que llaman la atención de nuestro imaginario señor de Teruel.

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Lo que ven arriba es el primer coche de marca Porsche, un modelo lanzado en 1898 por Ferdinand Porsche y conocido como el Egger-Lohner “P1”. Contaba con un motor eléctrico de 3 CV que le permitía alcanzar unos alocados 35 km/h, y una autonomía que rozaba los 80km. O lo que es lo mismo: un Madrid – Toledo en dos horas.

A día de hoy se encuentra expuesto en el Porsche Museum, Stuttgart (Alemania).